Política
Superando la Polarización: Camino a la Unidad en Costa Rica
RESUMEN
La polarización política en Costa Rica no es un fenómeno aislado, sino una consecuencia de desigualdades, desinformación y prioridades mal orientadas. En lugar de caer en debates emocionales o simbólicos, es momento de replantear el enfoque en la Asamblea Legislativa y el liderazgo político: menos control político, más proyectos de impacto real. Reducir la carga emocional, priorizar temas estratégicos y actuar con empatía no solo mitigan tensiones, sino que acercan soluciones reales. ¿Estamos dispuestos como ciudadanos y líderes a elegir el bien común sobre intereses cortoplacistas?La semana pasada participé en un conversatorio del Harvard Business Review impartido por Karthik Ramanna, basado en su libro “The Age of Outrage: How to Lead in a Polarized World” (La Era de la Indignación: Cómo Liderar en un Mundo Polarizado). Aunque no he leído el libro todavía, las ideas compartidas por el autor resonaron con la realidad que vive Costa Rica y gran parte del mundo civilizado. En esta ALA LIBERAL pretendo esbozar cómo podemos aplicar estos conceptos para afrontar la creciente polarización política en el país.
Nos encontramos a pocos días de cerrar el año y la neblina electoral ya se empieza a vislumbrar. El próximo año estará marcado por un clima político aún más tenso, alimentado por la polarización que caracteriza nuestra vida pública.
La distancia entre los partidos tradicionales y los nuevos movimientos antisistema no solo ha aumentado, sino que también ha derivado en una preocupante apatía hacia la democracia.
Según el último informe del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), Costa Rica enfrenta una pérdida de confianza en sus instituciones democráticas. Este desencanto no es casualidad; es un síntoma de la desconexión entre la clase política y la ciudadanía.
Hoy quiero centrar mi atención en la Asamblea Legislativa, por tres razones fundamentales:
- Es el órgano de representación política por excelencia; su denominación como el “primer poder de la República” no es fortuita.
- Es la institución peor valorada por todos los costarricenses.
- Mi experiencia personal como exdiputado me permite identificar tanto sus virtudes como sus falencias. En mi opinión, gran parte de la polarización actual se origina en una actitud inmadura y electoralista de muchos legisladores. Los partidos tradicionales han priorizado sus agendas municipales sobre los proyectos país de largo plazo, perdiendo de vista el bien común.
A continuación, propongo un marco de acción basado en las ideas de Ramanna para mitigar la polarización y fomentar un diálogo constructivo en Costa Rica.
1. Reducir la intensidad emocional
Uno de los principales obstáculos para el diálogo en Costa Rica es la alta carga emocional que acompaña los debates políticos. Basta observar las sesiones de comisiones legislativas investigativas, donde los desacuerdos se transforman rápidamente en ataques personales. Estas dinámicas no sólo erosionan la confianza entre actores políticos, sino que también alejan a la ciudadanía de los procesos democráticos.
¿Cómo abordar esto?
- Crear espacios neutrales: Promover el diálogo en entornos que reduzcan la confrontación, como mesas redondas organizadas por universidades (públicas o privadas) o cámaras empresariales. La intervención de estos actores podría brindar un ambiente técnico, de seriedad, donde la politiquería se quede afuera de la puerta.
- Practicar la atención plena: Antes de abordar temas controversiales, es útil tomar un momento para reflexionar y gestionar emociones. Los líderes políticos deberían recibir formación en inteligencia emocional para reducir el riesgo de reacciones impulsivas.
Reducir la intensidad emocional es un primer paso para crear un ambiente más propicio para el entendimiento mutuo.
2. Comprender las causas raíz
No podemos resolver la polarización sin entender qué la origina. En el caso costarricense, tres factores destacan:
- Desigualdad económica: La brecha entre la región central del país y la periferia alimenta el resentimiento hacia la clase política. Un ejemplo claro es el malestar en las zonas costeras, donde el desempleo y la falta de inversión han dejado a comunidades enteras sin opciones de desarrollo. Los partidos políticos por décadas solo vuelven a ver a estas comunidades con fines electorales. No debe extrañar que estén, en buen tico, cabreados.
- Desinformación: Las redes sociales amplifican discursos polarizadores. La reciente controversia sobre la ayuda humanitaria que el hermano pueblo de El Salvador prestó a Costa Rica es un ejemplo claro de esto.
- Contexto histórico: Los traumas de eventos pasados, como la crisis fiscal de los años ochenta, la crisis del 2008 y la Pandemia continúan influyendo en las percepciones actuales sobre la responsabilidad estatal y la intervención en la economía. Ya es hora de tener un Estado que intervenga menos, que gestione mejor el gasto y que se centre en las cosas que realmente debe hacer.
Entender estas causas raíz no solo permite diseñar mejores soluciones, sino que también ayuda a desactivar narrativas que perpetúan la división.
3. Decidir Dónde Involucrarse
En un contexto de recursos limitados, es crucial priorizar los esfuerzos.
- Identificar temas clave: Enfocarse en asuntos que impactan directamente la calidad de vida de la población, como el costo de la vida, la seguridad ciudadana y la educación. Hay muchos temas importantes por discutir en nuestro país y tener conciencia de eso permitiría, por ejemplo, finalmente plantear proyectos trascendentes de reforma constitucional que desgraciadamente solo se conocen un día a la semana en la Asamblea Legislativa. Sueño con el día que podamos avanzar con estos proyectos en lugar de escuchar una -esteril y vacía- hora de control político que muchas veces solo sirve para alimentar el fuego de la polarización. Ya es hora de dejar de declarar beneméritos o crear símbolos patrios, por favor.
- Establecer límites claros: Saber cuándo retirarse de un debate improductivo es esencial. En la Asamblea Legislativa, hemos visto cómo ciertos temas se estancan en discusiones interminables, desviando recursos de prioridades urgentes.
Seleccionar estratégicamente dónde intervenir permite maximizar el impacto en la reducción de la polarización.
4. Actuar de Manera Reflexiva
Para abordar la polarización, es necesario actuar con estrategia y empatía.
- Colaborar a través de las divisiones: Proyectos como la apertura del mercado eléctrico, que requiere coordinación entre sectores privados, públicos y comunitario, son un ejemplo de cómo los intereses compartidos deberían superar diferencias ideológicas.
- Comunicar con claridad: Un lenguaje claro, que trascienda los dogmas modernos de una inclusión forzada y que sea libre de confrontaciones, ayuda a evitar la polarización del discurso.
- Liderar con el ejemplo: Los líderes, sobre todo los cincuenta y siete que se sientan en el Plenario, deben demostrar con sus acciones el tipo de conducta que esperan de otros. Esto incluye asumir la responsabilidad por errores, actuar con seriedad, apoyarse en datos y fomentar la rendición de cuentas.
Actuar con reflexión contribuye a construir confianza y a modelar un comportamiento que promueva el diálogo.
5. Construir resiliencia continua
Finalmente, superar la polarización es un esfuerzo a largo plazo que requiere resiliencia.
- Desarrollar redes de apoyo: Es innegable la importancia de alianzas intersectoriales para abordar problemas complejos, como la estructura fiscal, la inseguridad y el desarrollo sostenible.
- Aprendizaje continuo: La formación constante en temas como la gobernanza y el manejo de crisis es esencial para mantenerse relevante y eficaz.
- Cuidado personal: La política puede ser agotadora. Tomarse el tiempo para recargar energías asegura una participación más sostenida y efectiva.
Fortalecer la resiliencia individual y colectiva es clave para afrontar los desafíos que presenta la polarización.
Avanzando Juntos
Abordar la polarización política es un desafío complejo, pero no imposible. Requiere un esfuerzo consciente y colectivo para priorizar el diálogo, la empatía y el bien común.
Como ciudadanos, debemos exigir más de nuestros líderes, pero también estar dispuestos a hacer nuestra parte. La democracia costarricense ha superado crisis antes; esta no será la excepción si actuamos con decisión y propósito.
Al final, el éxito de este esfuerzo dependerá de nuestra capacidad para encontrar puntos de encuentro y recordar que, a pesar de nuestras diferencias, todos compartimos el deseo de un futuro mejor para Costa Rica.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.
Política
ABC legislativo: el periodo constitucional legislativo y presidencial
RESUMEN
El verdadero peso del proceso legislativo no está en el Plenario, sino en las comisiones, donde se filtran, moldean y definen las decisiones clave antes de su aprobación.
El pasado 8 de abril del presente año, el Tribunal Supremo de Elecciones entregó las credenciales como diputados de la República para el periodo constitucional 2026-2030 a las personas electas en los comicios del 1.° de febrero. En esa ceremonia también quedó definido el directorio legislativo provisional que dirigirá la sesión solemne del 1.° de mayo, fecha en que inicia el nuevo periodo constitucional.
En esta entrega de ABC Legislativo, abordaremos algunos detalles sobre las sesiones del 1.° de mayo, día en que asumen las nuevas diputaciones, así como la del 8 de mayo, cuando se realiza el traspaso de poderes entre la administración saliente y las nuevas autoridades.
La Asamblea y el 1.° de mayo
Además de su significado global por la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores, el 1.° de mayo marca una serie de inicios clave dentro de la Asamblea Legislativa.
En primer lugar, comienza un nuevo periodo constitucional, es decir, los cuatro años durante los cuales ejercen funciones las diputaciones electas. El periodo 2022-2026, iniciado el 1.° de mayo de 2022, concluirá el jueves 30 de abril de 2026. A partir del viernes 1.° de mayo de 2026 iniciará el nuevo periodo 2026-2030, que se extenderá hasta el 30 de abril de 2030.
Ese mismo día también inicia una nueva legislatura, entendida como el año legislativo. Cada legislatura comienza el 1.° de mayo y finaliza el 30 de abril del año siguiente. Por tanto, el próximo 1.° de mayo no solo concluye el periodo constitucional 2022-2026, sino también la legislatura 2025-2026. Con ello, se abre el periodo de ejercicio de los cargos del Directorio Legislativo, cuyos integrantes se renuevan al inicio de cada legislatura.
Además, el 1.° de mayo da paso a un nuevo periodo legislativo, que corresponde a bloques de tres meses en los que se alterna el control de la agenda parlamentaria. Estos se dividen en sesiones ordinarias y sesiones extraordinarias, organizadas de la siguiente manera:
- Del 1.° de mayo al 31 de julio: sesiones extraordinarias
- Del 1.° de agosto al 30 de octubre: sesiones ordinarias
- Del 1.° de noviembre al 31 de enero: sesiones extraordinarias
- Del 1.° de febrero al 30 de abril: sesiones ordinarias
Así, el próximo 1.° de mayo coincide con el cierre del segundo periodo de sesiones ordinarias de la legislatura 2025-2026, así como con el cierre tanto de la legislatura como del periodo constitucional. Este punto es relevante porque, durante las sesiones ordinarias, el control de la agenda lo ejercen los diputados, mientras que en las sesiones extraordinarias corresponde al Poder Ejecutivo definir qué proyectos se discuten.
Traspaso del poder
En Costa Rica, el inicio de un nuevo periodo constitucional implica también la entrada en funciones de las nuevas autoridades de gobierno, electas por voto popular. Este diseño garantiza una transición ordenada, constitucional y jurídicamente sólida entre administraciones.
Gracias a esta estructura, el país ha mantenido un prolongado periodo de estabilidad democrática, ya que los mecanismos de inicio y finalización del poder están claramente establecidos tanto en la Constitución Política como en el Reglamento de la Asamblea Legislativa.
En el caso de las diputaciones, aunque no existe un traspaso formal, sí se produce un cambio en las personas que ocupan el cargo. De acuerdo con el artículo 116 de la Constitución Política, estas asumen sus funciones en la sesión solemne del 1.° de mayo, tras haber recibido sus credenciales por parte del Tribunal Supremo de Elecciones.
Durante esa sesión se define el Directorio Legislativo. El Directorio Provisional tiene la tarea de verificar la asistencia inicial de los diputados, con base en la nómina enviada por el Tribunal, y de realizar la juramentación constitucional. Los diputados prestan juramento ante este órgano, una vez que su presidente haya sido juramentado ante la Asamblea.
Por su parte, el artículo 136 de la Constitución establece que el 8 de mayo deben asumir sus cargos el Presidente y los Vicepresidentes electos, momento en el cual cesan las autoridades salientes. Este acto se realiza ante la Asamblea Legislativa, según el artículo 137, aunque, de no ser posible, se llevaría a cabo ante la Corte Suprema de Justicia, asegurando así la continuidad institucional.
El Directorio Legislativo
La Asamblea Legislativa, como primer poder de la República, cuenta con autonomía para organizar su funcionamiento interno. Esta organización se rige por el Reglamento de la Asamblea Legislativa, el cual solo puede modificarse con el voto favorable de al menos 38 diputaciones.
El Directorio Legislativo funciona como la cabeza administrativa y política del Congreso. Entre sus funciones están aprobar contrataciones, gestionar recursos, velar por el cumplimiento del reglamento y dirigir la acción política del órgano legislativo.
Este Directorio se elige cada 1.° de mayo en sesión solemne. Las candidaturas suelen ser propuestas por diputados de los respectivos partidos, y resultan electas aquellas personas que obtienen la mayoría de los votos presentes.
En cuanto a la dirección de la sesión, el directorio saliente cumple esa función. Sin embargo, en la primera sesión de un nuevo periodo constitucional, el artículo 15 del Reglamento establece que el directorio provisional estará integrado por los seis diputados de mayor edad electos como cabeza de sus papeletas. El de mayor edad ejercerá la Presidencia, seguido en orden decreciente por los demás cargos.
Con base en este criterio, el Tribunal Supremo de Elecciones definió el Directorio Legislativo provisional de la siguiente forma:
- Presidencia: Ronald Alberto Campos Villegas (PLN)
- Vicepresidencia: Janice Patricia Sandí Morales (PLN)
- Primera Secretaría: José Miguel Villalobos Umaña (PPSO)
- Segunda Secretaría: María Eugenia Román Zamora (FA)
- Primera Prosecretaría: Marta Eugenia Esquivel Rodríguez (PPSO)
- Segunda Prosecretaría: Nogui Acosta Jaen (PPSO)
Este grupo será el encargado de dirigir la elección del Directorio definitivo para la legislatura 2026-2027, el cual tendrá entre sus primeras funciones declarar abierto el periodo de sesiones extraordinarias.
La sesión solemne
El Reglamento de la Asamblea Legislativa establece en su artículo 11 las condiciones para la sesión solemne del 1.° de mayo. Esta tiene como objetivos la elección del Directorio Legislativo, la apertura del periodo legislativo y el anuncio del mensaje presidencial, según lo dispuesto en la Constitución.
Las diputaciones deben seguir un protocolo definido por el Directorio Legislativo, conforme al artículo 26 del reglamento, que incluye aspectos como vestimenta, horarios y otras disposiciones generales.
Finalmente, una vez instalada la nueva Asamblea Legislativa, se comunica formalmente a los demás poderes de la República y al Tribunal Supremo de Elecciones la apertura de sesiones de dos tercios de las diputaciones (38 votos), permitiendo así su entrada en vigor como ley.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.
Política
El país no puede seguir preso de las expropiaciones
RESUMEN
El problema no es expropiar, es hacerlo tarde y mal. Sin capacidad para disponer del terreno a tiempo, cualquier obra termina costando más y llegando después.
Costa Rica tiene una extraña habilidad para sobrereflexionar hasta convertir lo urgente en eterno. Habla de competitividad, de infraestructura, de atracción de inversión y de calidad de vida, pero cuando llega el momento de corregir uno de los nudos que más atrasan la obra pública, aparecen los apóstoles del no.
Por eso, el expediente 24.669, presentado por el diputado Luis Diego Vargas y ya dictaminado en la Comisión Especial de Infraestructura, merece ser aprobado. No porque sea perfecto, sino porque enfrenta un problema real que el país ha tolerado durante demasiado tiempo: la incapacidad de adquirir a tiempo los terrenos necesarios para construir. El proyecto busca regular la adquisición, la donación y la expropiación forzosa de bienes por causa de interés público legalmente comprobado.
El problema no es legal, es de ejecución
Lo central aquí no es jurídico en sentido estricto, sino estratégico. El proyecto parte de una verdad incómoda: en Costa Rica, la tardanza y la insuficiencia en la disponibilidad física de terrenos frenan proyectos de infraestructura pública, especialmente en zonas urbanas, y esa realidad se ha agravado por la judicialización de los procesos.
El texto intenta corregir eso sin eliminar la intervención judicial, sino redimensionándola para que el juez conozca la discusión sobre el monto, sin que cada desacuerdo termine paralizando obras enteras. Además, establece un incentivo de hasta un 10% sobre el avalúo para estimular la venta voluntaria y prevé un plazo de cinco días hábiles para que el administrado manifieste su conformidad con el justiprecio antes de pasar a la fase judicial especial.
Traducido en cristiano: esta ley no busca atropellar la propiedad privada.
Busca que el interés público deje de caminar con grilletes. Propone que el Estado negocie primero, luego incentive y, solo si no hay acuerdo, expropie bajo un procedimiento más útil. Ese enfoque es más sensato que el modelo actual, que combina burocracia, litigio, demora y sobrecostos hasta volver ridícula cualquier aspiración de ejecución seria. Quien quiera un ejemplo de lo que implica seguir como estamos no tiene que imaginar nada. Basta revisar la historia reciente de nuestra infraestructura vial.
Cuando el terreno frena al país
Ahí está Circunvalación Norte. La obra acumuló 3.254 días de atraso y las expropiaciones fueron la principal causa de esa demora. A esto se sumaron reclamos económicos del contratista por costos indirectos vinculados, entre otros factores, a expropiaciones y reubicación de servicios. Esto significa que el problema no es solo tiempo. Es también plata. Plata pública. Plata que termina saliendo del bolsillo de todos por no resolver a tiempo algo tan elemental como la disponibilidad del terreno.
Ahí está también Barranca-Limonal, un proyecto clave para la Interamericana Norte. En 2021, solo 38 de 396 predios requeridos estaban en manos del Estado, es decir, ni siquiera el 10% del total. Y todavía en 2025, el nuevo esquema licitatorio tuvo que separar obras principales y marginales porque seguían existiendo terrenos pendientes de expropiar. Otra vez lo mismo: la carretera no se atrasa porque el país no entienda su importancia, sino porque el Estado sigue sin contar con una herramienta suficientemente eficaz para disponer del suelo a tiempo.
El caso de la Ruta 32 es todavía más elocuente. En 2022, el Conavi aceptó un reclamo por atrasos en expropiaciones y prorrogó la conclusión de la obra. Para entonces, de 578 terrenos requeridos, solo 118 estaban en manos del Estado. En 2024 aún quedaban 134 gestiones pendientes de un total de 496 terrenos. Y en 2022 se registraban 372 expropiaciones pendientes, atrapadas en una maraña de ocho dependencias estatales. Ese es el verdadero rostro del problema: no una discusión teórica, sino un sistema incapaz de moverse con la velocidad mínima que exige una obra estratégica.
Y si alguien cree que esto solo explica el pasado, que vea San José–San Ramón. En febrero de 2026, el propio MOPT defendía ante diputados un plan de expropiaciones para esa ampliación, mientras Mideplán indicaba que existían 503 expropiaciones pendientes en los 55 kilómetros del proyecto. Es decir, no estamos ante una patología superada, sino frente a un obstáculo vigente, actual y decisivo para obras futuras. Si esta ley logra reducir tiempos, ordenar procedimientos y favorecer acuerdos voluntarios antes de la judicialización, el beneficio país sería inmediato.
Entre la tutela y la parálisis
Por eso cuesta tomar en serio a quienes adversan el proyecto como si defendieran una gran causa. En demasiados casos, lo que están defendiendo, consciente o inconscientemente, es la preservación del atasco. El Colegio de Abogados hizo observaciones de técnica legislativa atendibles: advirtió que regular en una sola ley la compra directa, la donación y la expropiación puede afectar el orden y la claridad del objeto regulado, e incluso generar doble regulación con materias ya cubiertas por la Ley General de Contratación Pública. Muy bien. Que se afine la redacción. Que se mejore. Pero eso no es una condena de fondo, sino una advertencia técnica, no una excusa para seguir en el pantano.
Ese es justamente el problema del debate costarricense. Aquí demasiada gente confunde una observación técnica con un permiso moral para no hacer nada.
Se toma una salvedad razonable, se exagera, se dramatiza y se usa como coartada para sostener el statu quo. Y el statu quo, en este caso, es desastroso. Es un país donde una carretera estratégica puede quedar atrapada durante años porque cada desacuerdo individual, cada expediente y cada oficina involucrada tienen poder real para frenar el interés público. Eso no es garantía. Eso es impotencia estatal, y la impotencia estatal también genera daño social, económico y territorial.
Seamos claros: la propiedad privada (lo más sagrado para este servidor junto con la vida) merece tutela. La indemnización justa es obligatoria.
El control judicial debe existir. Pero nada de eso significa que el procedimiento deba estar diseñado para que el país nunca termine una obra a tiempo.
La Constitución protege la propiedad; no consagra un derecho a inmovilizar indefinidamente proyectos de interés público. Una democracia madura no renuncia a expropiar: expropia cuando corresponde, indemniza como debe y ejecuta sin pedirle permiso al atraso.
Este proyecto merece aprobarse porque entiende esa realidad. Porque apuesta primero por la negociación, introduce incentivos económicos y ordena la intervención judicial sin convertir cada controversia en un veto material. Y porque Costa Rica ya tiene suficientes pruebas de lo que cuesta no corregir esto: Circunvalación Norte, Ruta 32, Barranca-Limonal y San Ramón son recordatorios demasiado caros de que seguir igual no es una opción seria.
La Asamblea Legislativa tiene aquí una oportunidad poco frecuente de hacer algo realmente útil. De cerrar con una buena nota.
Puede pulir el texto, por supuesto. Debe hacerlo. Pero debería aprobarlo. Porque si vuelve a ceder ante los reflejos del miedo, de la pereza mental o del fetichismo procedimental, estará haciéndole un favor no al país, sino al atraso. Y a estas alturas, seguir protegiendo el atraso con lenguaje jurídico elegante ya no es prudencia. Es complicidad.
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Política
ABC legislativo: las comisiones
RESUMEN
El verdadero peso del proceso legislativo no está en el Plenario, sino en las comisiones, donde se filtran, moldean y definen las decisiones clave antes de su aprobación.
Los proyectos de ley siguen un procedimiento administrativo que permite articular de forma ordenada las etapas de análisis, consulta, discusión y deliberación. En la mayoría de las iniciativas que se tramitan en la Asamblea Legislativa, este proceso se desarrolla principalmente en las comisiones legislativas, espacios donde se realiza un estudio previo para determinar si el proyecto debe pasar al Plenario Legislativo y en qué términos debería votarse.
Como vimos en la entrega anterior, todo proyecto de ley se incorpora a un expediente legislativo que se remite a una comisión para su análisis preliminar. Una vez que los proyectos son dictaminados, concluyen de forma momentánea su paso por esta instancia. En esta entrega abordamos los principales aspectos de las comisiones: cuáles son, cuántas existen, qué funciones cumplen y cómo se integran.
Comisiones para todo
En la Asamblea Legislativa existen comisiones para casi cualquier materia, aunque no todas funcionan de la misma manera. Sus facultades provienen de la Constitución Política, que autoriza tanto el conocimiento de proyectos de ley como la creación de comisiones investigativas.
Las comisiones se agrupan de la siguiente forma:
- Comisiones Permanentes Ordinarias: Asuntos Sociales, Asuntos Jurídicos, Asuntos Económicos, Asuntos Agropecuarios y Asuntos Hacendarios.
- Comisiones Permanentes Especiales: Discapacidad, Tecnología y Educación, Derechos Humanos, Seguridad y Narcotráfico, Municipales, Turismo, Ambiente, Nombramientos, Juventud, Mujer, Ingreso y Gasto Público, Relaciones Internacionales y Comercio Exterior, Honores y Redacción.
- Comisiones Especiales: Se crean mediante acuerdo legislativo, tienen un plazo definido y responden a un objetivo específico establecido en su expediente de creación. Pueden analizar proyectos concretos o realizar investigaciones de control político, incluyendo procedimientos constitucionales como el levantamiento de inmunidad a miembros de los Supremos Poderes.
- Comisiones con potestad plena: Son tres (Plena I, Plena II y Plena III) y funcionan como “miniplenarios”. Tienen la facultad de aprobar proyectos de ley y se integran proporcionalmente según las fracciones del Plenario. Sin embargo, existen límites sobre las materias que pueden conocer. Por ejemplo, no pueden abordar temas como:
- Materia electoral.
- Creación o modificación de impuestos nacionales.
- Facultades del artículo 121 (incisos 4, 11, 14, 15 y 17) de la Constitución, como la aprobación de empréstitos, tratados internacionales o contratos de servicios públicos.
- Convocatoria a una Asamblea Constituyente o reforma parcial de la Constitución Política.
En esencia, la Constitución reserva al Plenario aquellas decisiones que, por su trascendencia política, fiscal o constitucional, no deben quedar en manos de un grupo reducido de diputados.
Integración e instalación
La integración de las comisiones se rige por el Reglamento Legislativo y la Constitución Política. El número de miembros varía según el tipo de comisión, y su designación corresponde a la Presidencia de la Asamblea, con base en las recomendaciones de las jefaturas de fracción. Su instalación se realiza en mayo, tras la elección del Directorio Legislativo.
Cada comisión cuenta con una presidencia y una secretaría. Las sesiones son públicas, salvo excepciones justificadas, y cualquier diputado puede participar en las discusiones. La composición proporcional es la siguiente:
- Plenas: 19 diputaciones.
- Permanentes Ordinarias: 11 diputaciones en Asuntos Hacendarios y 9 en las demás.
- Permanentes Especiales: entre 5 y 9 diputaciones, según la materia (por ejemplo, 5 en Honores y Redacción; 7 en Mujer y Nombramientos; 9 en Ambiente y Relaciones Internacionales).
Procedimientos y seguimiento ciudadano
Además de dictaminar leyes, las comisiones funcionan como un puente con la sociedad civil, mediante audiencias y consultas a expertos. Contrario a la creencia de que solo importa lo que ocurre en el Plenario, el trabajo en comisión es determinante.
Las sesiones se transmiten por Internet (YouTube) y también son abiertas al público de forma presencial. Asimismo, toda la documentación generada es de acceso público a través del portal web de la Asamblea o del Departamento de Documentación.lea puede aceptar el veto o resellar el proyecto, lo cual requiere el voto favorable de dos tercios de las diputaciones (38 votos), permitiendo así su entrada en vigor como ley.
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