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Economía

Las tarifas mínimas profesionales: ¿protección o barrera?

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Tiempo de lectura: 3 min

Los colegios profesionales en Costa Rica han perdido su rumbo y se han convertido en defensores de los intereses de sus agremiados, olvidando su función original de promover el desarrollo de la sociedad y dar garantía de calidad a los usuarios. Esa colegiatura en lugar de ser un requisito obligatorio, debería considerarse tanto un distintivo de prestigio como un sello de garantía y de calidad, una vez que se han cumplido los requisitos académicos y de práctica profesional.

El enfoque actual de estas organizaciones suele centrarse en establecer tarifas mínimas obligatorias, lo cual ha generado barreras para que los profesionales ingresen al mercado laboral y dificultades para que los usuarios accedan a los servicios. Cabe preguntarse entonces: ¿hay necesidad de añadir esos obstáculos innecesarios?

Tarifas y agremiados. En Costa Rica, aproximadamente la mitad de los treinta colegios profesionales existentes tienen tarifas mínimas obligatorias aprobadas; pero esas tarifas no se establecen de acuerdo con criterios técnicos, sino que se definen de manera arbitraria por medio de una junta directiva que sólo eligieron unos cuantos agremiados.

¡Vaya forma de generarle a la gente impuestos adicionales sin aprobación de la Asamblea Legislativa! Además, esas tarifas suelen ser altas para mantener una burocracia interna y consumidora de recursos, por lo que sólo algunos (pocos) ciudadanos pueden pagar los servicios profesionales así encarecidos.

Claramente, eso afecta a los recién graduados de las profesiones que dicen representar y genera una cadena de subempleo y precarización laboral.  Además, las tarifas mínimas no son una garantía real de calidad, ya que con precios fijados de antemano y sin competencia, no hay incentivo para destacarse a través de la excelencia, la innovación o la disrupción.

Para empeorar aún más las cosas, la Sala IV se ha convertido en defensora de estas tarifas mínimas, alegando que los principios de libre competencia no deben aplicarse a los servicios profesionales.  Los magistrados interpretan que estos servicios no pueden volverse una simple mercancía y se les debe garantizar a los profesionales un ingreso mínimo y digno. Sin embargo, en realidad su defensa a ultranza de esta fijación de tarifas, se debe a que junto con los timbres, esta es la principal fuente de financiamiento de la burocracia de los colegios profesionales y lamentablemente, se anteponen la existencia de las instituciones sobre el bienestar de los ciudadanos.

Por otra parte, puesto que solo se han regulado 15 profesiones, se plantean incómodas interrogantes tales como: ¿por qué algunas profesiones deben estar así protegidas y otras no? ¿por qué no se le permite a los profesionales destacarse por medio, nuevamente, de la excelencia, la innovación o la disrupción?

Colegios y producción. No cabe duda que los colegios profesionales han contribuido al encarecimiento de los costos de producción y ese aumento de precio es trasladado a los usuarios. Por ejemplo, el Colegio de Abogados de Costa Rica recauda mensualmente 300 millones de colones por timbres y otros 300 millones por tarifas de sus agremiados. ¿Quiénes terminan pagando esos 600 millones de colones?  ¿Quiénes sino los usuarios de los servicios profesionales legales?

A su vez, el presupuesto del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos ha crecido sin parar en los últimos años y sin embargo, esto no se ha traducido en una rebaja de las cuotas a sus agremiados, ni en los impuestos a los servicios de diseño o construcción; con el consecuente incremento en los precios de la vivienda que esto conlleva.  Resulta evidente que ante esas fuentes de dinero, los colegios profesionales se hayan convertido en importantes actores políticos que presionan para mantener su status quo.

En el plano internacional por otra parte, al compararse con otros países de la OCDE, Costa Rica es uno de los pocos que establece tarifas mínimas obligatorias; cuando en México, por ejemplo, sólo se aplican en caso de que las partes no lleguen a un acuerdo en el precio. Como miembros de la OCDE, es hora de abandonar la defensa a ultranza de instituciones obsoletas y prácticas nocivas a los intereses del consumidor, para adoptar las mejores prácticas internacionales.

En resumen,

a. Resulta evidente que las tarifas mínimas en los colegios profesionales en Costa Rica, han generado más obstáculos que beneficios.

 b. Es hora de cuestionar su obligatoriedad y buscar un enfoque que promueva la competencia y garantice una calidad real en los servicios profesionales.

c. Este cambio es necesario para impulsar la innovación y asegurar un acceso equitativo a sus servicios, dejando atrás las barreras artificiales que solo benefician a unos pocos privilegiados.

Ingeniera Civil, MBA. Directora de Inteligencia Corporativa, empresa de apoyo en manejo financiero y administrativo para PYMES y emprendedores. Cuenta con 25 años de experiencia en puestos gerenciales y coordinación de proyectos. Especialista en fortalecimiento de sistemas de trabajo, organización administrativa, análisis de inversiones y formación de equipos interdisciplinarios de excelencia.

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Economía

Cómo emprender en Costa Rica: pasos, trámites, costos y dificultades reales (2026)

Tiempo de lectura: 4 minGuía (casi) completa para emprender en Costa Rica: todos los trámites, costos, impuestos y obstáculos reales que enfrentan las MIPYMES. Desde comprar un lote hasta operar legalmente.

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RESUMEN

Guía (casi) completa para emprender en Costa Rica: todos los trámites, costos, impuestos y obstáculos reales que enfrentan las MIPYMES. Desde comprar un lote hasta operar legalmente.


Emprender en Costa Rica suena simple.


Tenés una idea. Ahorrás. Te arriesgás. Y arrancás.

Pero en la práctica, el camino es muy distinto.

Esta es la historia real —basada en los procesos legales y regulatorios actuales— de lo que enfrenta una persona que quiere abrir un negocio en Costa Rica.

Y explica por qué, aunque el 97.5% de los negocios del país son MIPYMES, emprender sigue siendo una carrera cuesta arriba.

Todo empieza con una idea… y un lote

Imaginá que querés abrir un restaurante. Tenés una idea atractiva: mezclar comida japonesa con comida típica costarricense.

Decidís invertir tus ahorros y comprar un terreno. Pero ahí no empieza el negocio. Ahí empieza el proceso.

Trámites para comprar un lote en Costa Rica

Antes de siquiera construir, necesitas:

  • Plano de catastro e informe del Registro Nacional
  • Verificación de servicios (agua, electricidad, alcantarillado con AyA y CNFL)
  • Uso de suelo aprobado por la municipalidad
  • Alineamientos del MOPT o INVU (en ciertos casos)
  • Viabilidad ambiental de SETENA (si aplica)

Y además:

  • 1.5% del valor del terreno en traspaso
  • 0.9% en impuestos y timbres
  • ~2% en honorarios legales

¿Resultado? Antes de empezar, ya pagaste cientos de dólares y pasaste por múltiples instituciones.

Construir: más permisos, más costos

Ahora sí, ¿a construir? Todavía no.

Requisitos para construir en Costa Rica

  • Contratar profesionales colegiados (arquitectos, ingenieros)
  • Diseñar planos arquitectónicos, eléctricos y sanitarios
  • Registrar el proyecto en el CFIA (≈2% del valor)
  • Obtener permisos municipales
  • Revalidar disponibilidad de servicios
  • Pagar impuestos municipales (hasta 1%)
  • Pagar tasas como recolección de residuos

¿Resultado? Construir no es solo construir. Es navegar regulaciones, pagos y aprobaciones.

Crear la empresa: formalizar cuesta

Antes de operar, necesitas una sociedad.

Pasos para abrir una empresa en Costa Rica

  • Comprar firma digital
  • Pagar abogado para crear la sociedad
  • Pagar timbres y registro mercantil
  • Inscribirse en Hacienda
  • Registrar accionistas ante el BCCR
  • Pagar impuesto a personas jurídicas
  • Pagar más trámites legales para abrir cuentas bancarias

Y esto no es opcional. Sin esto, no puedes operar formalmente.

El verdadero peso: impuestos y cargas sociales

Aquí es donde muchos emprendedores se frenan.

Impuestos en Costa Rica para empresas

Debes pagar:

  • Impuesto sobre la renta (ISR)
  • Impuesto al valor agregado (IVA)
  • Timbres adicionales

Además:

Cargas sociales

  • Hasta 18% si eres independiente
  • ~26% adicional por cada empleado

Distribución aproximada:

  • CCSS salud/maternidad: 14.75%
  • Pensión (IVM): 4.75%
  • FODESAF: 5%
  • INA, IMAS, Banco Popular, otros

Y también:

  • Seguro obligatorio del INS
  • Patente municipal (0.15% – 0.35% de ventas)

¿Resultado? Contratar es caro, formalizar es caro, crecer es caro. Y puede que aun no hayas vendido un cinco.

Permisos para operar: la última barrera

Ya invertiste. Ya construiste. Ya pagás impuestos.

¿Ahora sí? Todavía faltan permisos clave.

Permisos para abrir un negocio en Costa Rica

  • Permiso sanitario del Ministerio de Salud
  • Licencia municipal (ej. licores)
  • Registro en el ICT (si vas a atender extranjeros)
  • Pago a ACAM por música 🎵

Y si necesitas vehículo 🚗:

  • Hasta 80% en impuestos de importación
  • Marchamo con múltiples cargas
  • Revisión técnica obligatoria

El resultado: emprender en Costa Rica es caro y complejo

Después de todo ese proceso… El Estado puede llegar a capturar hasta 58.3% de la utilidad del negocio cada año (Doing Business 2020).

Y eso sin contar:

  • Electricidad cara
  • Infraestructura deficiente
  • Cortes de agua
  • Tramitología constante

¿Por qué es importante hablar de esto?

Porque hay una desconexión: Todos dicen apoyar a las MIPYMES. Pero el sistema está diseñado para dificultarles la vida.

Emprender en Costa Rica no falla por falta de ideas. Falla por exceso de fricción.

Conclusión: los emprendedores sostienen el país

A pesar de todo:

  • Invierten
  • Arriesgan
  • Generan empleo
  • Mueven la economía

Por eso, la conclusión es simple:

Los emprendedores son los verdaderos héroes nacionales

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Economía

Medicamentos: el camino correcto, con la receta equivocada

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RESUMEN

Si el problema es la falta de competencia, la solución no puede ser sustituir el mercado por control permanente de precios. La prueba real no estará en el texto de la ley, sino en si logra facilitar la entrada de nuevos actores y reducir barreras. Porque abrir el mercado exige algo más difícil que regularlo: confiar en la competencia.


Costa Rica finalmente reconoció algo evidente: el mercado de medicamentos no está funcionando bien. Los precios son altos, la información es opaca y las barreras regulatorias dificultan que exista verdadera competencia.

El Expediente 23.234, aprobado en diciembre de 2025 y hoy convertido en la Ley de la República N.° 10.838, apunta en la dirección correcta. Busca fortalecer la competencia, mejorar la transparencia y ampliar el acceso. Permite la homologación de registros sanitarios extranjeros, habilita importaciones paralelas, incorpora mecanismos de información de precios y procura restringir prácticas que cierran el mercado.

Ese es el camino correcto.

Pero el problema nunca fue la falta de regulación.

El problema ha sido la rigidez del modelo regulatorio.

El diagnóstico es acertado

Durante años, el sistema ha operado bajo un esquema desproporcionadamente controlado, con procesos largos y costosos que elevan el precio final al consumidor.

Cuando registrar, importar o competir implica trámites complejos y validaciones redundantes, el resultado no es seguridad adicional: es menor competencia.

El proyecto reconoce esa realidad al abrir puertas a registros aprobados en otras jurisdicciones y al permitir importaciones paralelas. Esa señal es positiva: significa aceptar que Costa Rica no necesita reinventar la rueda cuando otras agencias regulatorias de alto estándar ya han hecho el trabajo técnico.

Eso es avanzar.

El problema no es la documentación

En materia de salud, exigir respaldo técnico no es un exceso: es responsabilidad. Para que un medicamento se comercialice en cualquier país serio, debe existir evidencia suficiente sobre calidad, seguridad y eficacia. Ese no es el corazón del debate.

El punto crítico no está en la documentación. Está en la arquitectura institucional que se creó para intervenir precios.

El verdadero riesgo: sustituir competencia por fijación

La Ley 10.838 busca promover competencia. Pero al mismo tiempo establece un mecanismo permanente para intervenir precios mediante una comisión especializada.

Y ahí surge la pregunta clave:

¿Puede un mercado volverse más competitivo si el precio pasa a depender de una instancia administrativa?

Más delicado aún: si quienes participan en esa instancia provienen del mismo sector regulado, el riesgo no es técnico, es estructural. La experiencia internacional demuestra que cuando el regulador y el regulado se mezclan, la competencia no se fortalece: se administra.

Costa Rica ya conoce este modelo. El funcionamiento del CTP ha mostrado cómo una estructura donde confluyen intereses del sector puede terminar afectando al usuario final, distorsionando incentivos y dificultando ajustes eficientes en precios y oferta.

Eso no necesariamente implica corrupción. Implica algo más sutil y más frecuente: captura regulatoria.

La señal que enviamos

Si el mensaje es que el mercado necesita abrirse, entonces el énfasis debería estar en eliminar barreras de entrada y simplificar reglas, no en consolidar un órgano permanente para decidir precios.

Porque cuando la competencia es real, los precios se corrigen por entrada de nuevos oferentes.

Cuando no lo es, terminamos dependiendo de una mesa técnica para “ajustarlos”.

El debate no es documentación sí o no.

El debate es si queremos más mercado o más administración del mercado.

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Economía

EE.UU. sube el arancel… y nos baja a la realidad

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RESUMEN

El arancel del 15 % dejó al descubierto lo que venimos postergando: una economía demasiado dependiente de un solo mercado y poco preparada para cambios externos. Más que un conflicto comercial, es una alerta sobre costos altos, trámites lentos y falta de estrategia. La respuesta pasa por bajar costos, modernizar la producción y diversificar alianzas para no quedar vulnerables cada vez que EE.UU. mueve una ficha.


El nuevo arancel del 15 % impuesto por Estados Unidos no es solo una fricción comercial: es un recordatorio incómodo de la fragilidad de nuestro modelo económico. Durante décadas apostamos a una relación preferencial con un único socio, convencidos de que esa cercanía bastaba para blindarnos. Hoy vemos el costo de esa excesiva dependencia: cuando Washington estornuda, Costa Rica tiembla.

El golpe no llega por sorpresa. Mientras otros países diversificaron mercados, modernizaron su logística y redujeron costos estructurales, Costa Rica avanzó poco o nada. Seguimos con una electricidad 75 % más cara que la estadounidense, trámites que restan competitividad, y cuellos de botella que vuelven más caro cada minuto que un producto tarda en salir del país.

No es extraño que, en un contexto geopolítico más duro, el desbalance comercial se convierta en un arma. Y esta vez nos tocó estar del lado débil.

Pero esta crisis arancelaria revela algo más profundo: un país con competitividad estancada, instituciones lentas para responder al entorno internacional y un modelo que ha dejado de ser resiliente ante choques externos.

El problema no está solo en Washington; está aquí mismo, en nuestra incapacidad de ajustar el rumbo a tiempo.

La salida requiere más que diplomacia. Implica abrir el mercado eléctrico, reducir costos que hoy asfixian la producción, y acelerar las mejoras en infraestructura, aduanas y rutas estratégicas. Implica también reconfigurar las cadenas de suministro para incorporar insumos provenientes de EE.UU., y fortalecer a los proveedores locales para que logren encadenarse a sectores de mayor valor.

Y, sobre todo, significa dejar atrás la complacencia. El comercio también se defiende con geopolítica: ampliando alianzas, diversificando inversión extranjera y actuando con visión estratégica en un mundo donde la economía y la política ya no están separadas.

Este arancel no es una catástrofe, pero sí una advertencia.

Podemos tratarlo como un incidente pasajero o reconocerlo por lo que realmente es: una señal de que Costa Rica necesita modernizar su estructura productiva si quiere seguir jugando en las grandes ligas. La decisión, como siempre, es nuestra.

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