Tecnología
Costa Rica en la encrucijada de la Inteligencia Artificial
RESUMEN
La Inteligencia Artificial avanza a un ritmo sin precedentes, transformando industrias y redefiniendo la competitividad global. Costa Rica tiene la oportunidad de sumarse a esta revolución con una estrategia clara y flexible o quedar rezagada en un mundo que no espera. El desafío es regular con inteligencia, fomentar la innovación y aplicar la tecnología en sectores clave para potenciar el desarrollo. La decisión no es si adoptarla, sino cómo hacerlo para convertirla en un motor de crecimiento.
La Inteligencia Artificial (IA) no es un concepto nuevo ni reciente. En 1956 se adoptó por primera vez el término “inteligencia artificial” y se estableció el objetivo de desarrollar máquinas que pudieran simular la inteligencia humana.
La IA generativa (GenIA) es un enfoque mucho más reciente, de rápida evolución, y se refiere a la IA que, ante una consulta puntual, puede generar respuestas a través de nuevos textos, imágenes, vídeos, audios y otros activos, pudiendo interactuar con humanos. Los modelos se construyen y entrenan sobre conjuntos de datos que varían en tamaño y calidad, desde pequeños modelos lingüísticos (denominados SLM por sus siglas en inglés) a grandes modelos lingüísticos (LLM).
El avance actual de la GenIA es exponencial y ha llegado a convertirse en una revolución a gran escala.
En solo un par de años, hemos pasado de modelos altamente costosos y centralizados en grandes corporaciones que invirtieron billones de dólares, a soluciones más eficientes, accesibles y escalables. La reciente aparición de la startup China DeepSeek es una prueba tangible de cómo el desarrollo de la IA generativa se está acelerando de manera violenta, cambiando las reglas del juego para países, empresas y sociedades.
En Costa Rica históricamente hemos apostado por la economía del conocimiento y hemos desarrollado sectores tecnológicos de alto valor agregado, atrayendo inversión extranjera directa en está línea y aprovechando nuestro talento humano. Sin embargo, en el campo de la IA, Costa Rica hoy se enfrenta a una encrucijada: abrazar este cambio con enfoque práctico y articulado o quedar relegada en la periferia de la innovación y ser un simple espectador.
El error de regular prematuramente la IA
El mundo ya ha visto ejemplos claros de cómo una regulación demasiado temprana y restrictiva puede detener el desarrollo tecnológico en diversos países y regiones. Costa Rica no debe cometer el error de adoptar legislación y regulación prematuras, diseñadas para otros mercados, otros contextos y otros objetivos, que vengan a frenar la innovación, a poner trabas innecesarias y, mucho menos, a generar burocracia que no agrega valor.
Requerimos movernos rápido, pero para esto ocupamos discutir el tema de manera eficiente, integral y sobre todo, con un enfoque técnico y estratégico.
Las empresas, la academia y los expertos que trabajan con IA tienen mucho que decir sobre la legislación apropiada, pues son ellos los que deben lidiar con el día a día, con el cambio, y con los procesos de innovación.
En lugar de empezar con un marco restrictivo, el país debe enfocarse en tres áreas clave:
- Inversión en I+D: Es clave promover la investigación para desarrollar IA en empresas, universidades y centros de innovación, así como facilitar la inversión privada en startups relacionadas con el tema. Sin incentivos fiscales y no fiscales, y apoyo gubernamental, la innovación en IA quedará en manos de actores externos que sí cuentan con los recursos necesarios.
- Aplicación y Transformación Digital: No basta con desarrollar tecnología; el país debe priorizar su implementación en sectores estratégicos como manufactura avanzada, salud, comercio, agroindustria y servicios financieros, entre otros. La IA debe convertirse en un motor de productividad y competitividad para el sector productivo, entendiendo que en el mediano y largo plazo, todas las empresas serán, eventualmente, empresas de tecnología.
- Regulación Inteligente: En lugar de prohibiciones y restricciones prematuras para un tema muy nuevo y en constante cambio, se debe optar por un enfoque donde se establezca un marco muy general que traiga orden y límites en las áreas de alto riesgo, haciendo uso de “sandboxes” regulatorios, permitiendo que las empresas experimenten con IA en un entorno controlado, antes de establecer normas definitivas que no tienen sentido y que serán obsoletas en semanas o meses. Debe ser un marco legal flexible, que nos permita “surfear” esta ola de cambios drásticos y constantes.
El Futuro No Espera
Recientemente, el MICITT presentó la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, un esfuerzo importante para sentar las bases de la adopción de esta tecnología en el país. Es definitivamente un paso en la dirección correcta y un insumo valioso pero, en el contexto actual de cambio y disrupción, requerimos ir más allá para sacar el mayor provecho para el país.
El reporte “Superagency in the workplace: Empowering people to unlock AI’s full potential” de Mckinsey Enero 28, 2025, menciona que
“Casi todas las empresas invierten en IA, pero sólo el 1% cree haber alcanzado la madurez. Según nuestro estudio, el mayor obstáculo para la ampliación no son los empleados, que están preparados, sino los tomadores de decisión, que no dirigen con la suficiente rapidez.”
Si Costa Rica no empieza ahora a construir un ecosistema propicio para esta revolución, quedará relegada a ser un consumidor de tecnología en lugar de un generador de innovación. Y con esto me refiero no solo a la industria tecnológica local, sino también a las empresas de sectores tradicionales que deberán adoptar, sí o sí, procesos de transformación tecnológica como único camino para mantenerse competitivas en sus mercados.
La decisión es clara: requerimos de discusión práctica, toma de decisiones inteligentes y rápidas, regular con visión de futuro, con mucha flexibilidad y capacidad de pivoteo, incentivos para la inversión y no caer en la trampa de la sobre regulación. De no hacerlo, estaremos perdiendo una oportunidad que Mckinsey estima en $4,4 trillones de dólares anuales en productividad agregada, a nivel global.
La IA no es una tendencia pasajera; es una plataforma que definirá el futuro económico y social de las naciones. Desde CAMTIC queremos promover y co-liderar esta oportunidad, siendo la voz técnica, práctica, y con visión empresarial de la ecuación. Queremos traer luz al tema y servir de guía y consulta para los sectores más tradicionales que hoy se preguntan: “¿por dónde empiezo?”, “¿cómo puedo beneficiar a mi empresa o a mi sector con la IA?”.
Quienes inviertan hoy, cosecharán el liderazgo mañana.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.
Legal
GAFI y criptomonedas: O nos movemos o nos sancionan
RESUMEN
Si no resolvemos la recomendación del Grupo de Acción Financiera Internacional podríamos caer en una lista gris de países para los cuales el obtener crédito internacional es más difícil, los bancos extranjeros desconfían en interactuar y menos empresas querrán invertir en el país.
Costa Rica podría ver su reputación financiera afectada este año si no actuamos ya.
En 2024, el GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) nos indicó que debíamos corregir el hueco en la regulación de las empresas que trabajan en criptoactivos, para evitar el lavado de dinero y financiamiento del crimen.
De no hacerlo, podemos caer en la lista gris, lo que implica una afectación tangible:
- Los préstamos internacionales del país salen más caros. Bancos y organismos internacionales cobran más intereses porque ven al país como “riesgoso”.
- Los bancos extranjeros desconfían. A los bancos de Costa Rica les cuesta más trabajar con bancos de afuera, o algunos simplemente cortan la relación.
- Enviar y recibir plata se vuelve lento y caro. Transferencias internacionales tardan más, cuestan más y a veces se bloquean “para revisión”.
- Menos empresas quieren invertir aquí. Los inversionistas prefieren países donde mover dinero y operar es más sencillo y predecible.
- Los exportadores y empresas formales son los más golpeados. Cobrar desde el exterior se complica, se atrasa el flujo de caja y se pierden negocios.
El GAFI nos vuelve a evaluar este año y, si no corregimos a tiempo, vamos a sufrir el impacto de caer en esa lista gris.

El expediente 22.837 era un intento para resolver esta situación, sin embargo, por diversas razones, a pesar de tener apoyo en el actual Congreso, quedó en el congelador y no se avanzó.
Este tema no se trata de que nos gusten o no las criptomonedas y los activos digitales. Ya existen empresas que trabajan en el intercambio, custodia y transferencia de criptomonedas y criptoactivos, por ende, deben estar registradas, vigiladas y con obligaciones claras contra lavado de dinero.
A nadie se le obliga a usar las criptomonedas ni se “legalizan” como monedas. Pero sí se evita que la falta de regulación nos genere problemas.
Se requiere un proyecto de ley similar (o el mismo 22.837 pero corregido) para reducir significativamente el riesgo de caer en la lista gris y así:
- Definir qué es un activo virtual.
- Definir quién es un proveedor de servicios.
- Someterlos a registro.
- Imponerles obligaciones de AML/CFT (Anti-Lavado de Dinero y Contra el Financiamiento del Terrorismo).
- Permitir la supervisión basada en riesgo.
Aunque este tema suene como algo sumamente técnico, necesitamos adelantarnos a este riesgo, porque podría traer afectaciones reales en las vidas de todos los costarricenses.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.
Tecnología
Abrir el mercado sin acallar voces
RESUMEN
La subasta de frecuencias es necesaria, pero los términos actuales pueden concentrar el mercado en unos pocos y debilitar la diversidad de voces que el país necesita. Antes de avanzar, Costa Rica debe asegurar reglas que permitan más acceso, más competencia y un uso del espectro que responda a la pluralidad cultural y democrática, no solo a la recaudación fiscal.


Costa Rica necesita modernizar el uso del espectro radioeléctrico, y la subasta de frecuencias es, sin duda, un paso en la dirección correcta.
Ordenar el bien demanial, promover mayor competencia y dar transparencia a un recurso finito es indispensable para un país que aspira a un ecosistema mediático más abierto y dinámico.
Pero la forma también importa. Y los términos planteados hasta ahora revelan un riesgo evidente: en lugar de democratizar el acceso, pueden terminar concentrando aún más el mercado en manos de unos pocos grupos con capacidad financiera para absorber precios elevados. Esa dinámica no solo distorsiona la competencia; empobrece la diversidad de voces que sostienen una democracia saludable.
El diseño institucional no puede limitarse a maximizar la recaudación.
Debe considerar objetivos mucho más amplios: pluralidad, representación cultural, promoción de contenidos locales y apertura para medios emergentes. Un proceso que excluya a proyectos comunitarios, regionales o independientes sería, en la práctica, un retroceso disfrazado de avance.


Una subasta bien hecha fortalece la libertad. Una mal diseñada la estrecha. Por eso es indispensable ajustar los términos antes de seguir adelante: para que las frecuencias lleguen a la mayor cantidad de medios posible, no solo a quienes pueden pagar más; para que el espectro refleje la diversidad cultural y étnica del país, y no se convierta en un privilegio reservado para unos cuantos.
Costa Rica tiene la oportunidad de actualizar su marco de telecomunicaciones con visión de futuro.
Aprovecharla depende de que entendamos que el espectro radioeléctrico no es solo un activo económico: es un instrumento de participación ciudadana, de pluralidad y de libertad. Y estos principios deben guiar su asignación.
Tecnología
Pongámonos Serios con Juan Manuel Campos: ¿Qué pasa con la subasta de radiofrecuencias?
RESUMEN
Costa Rica vive una tensión evidente: el mundo avanza a ritmo digital mientras el país sigue anclado en estructuras que frenan la innovación, la competencia y la pluralidad. O modernizamos procesos, abrimos espacio a nuevas tecnologías y reducimos trabas, o seguiremos perdiendo oportunidades que hoy podrían mejorar la vida de la gente y fortalecer nuestra democracia.
La conversación con Juan Manuel Campos deja claro que en Costa Rica seguimos atrapados en una contradicción peligrosa: hablamos de transformación digital, pero administramos el país con lógica de timbre, sello y ventanilla.
Mientras el mundo avanza hacia cirugías a distancia, autos conectados y pagos digitales hasta para comprar nísperos en la calle, aquí seguimos discutiendo si abrimos espacio a la competencia, si usamos los fondos disponibles o si primero “hay que hacer una ley” para lo que simple y llanamente es sentido común.
Las redes y la conectividad hoy son tan esenciales como las carreteras, y sin embargo el Estado las trata como lujo, no como infraestructura básica.
Eso afecta todo: oportunidades para jóvenes, emprendimientos que nunca nacen, servicios públicos que podrían ser más baratos y eficientes… y hasta la calidad de nuestra democracia, cuando las reglas empujan a que pocos controlen los medios y muchos pierdan voz.
Más que obsesionarnos con crear nuevas normas, este país necesita un Estado que deje de estorbar y empiece a facilitar: menos burocracia, más competencia, más diversidad de medios y una decisión clara de usar la tecnología para ampliar la libertad de las personas, no para sostener estructuras que ya se caen solas.
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