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Ambiente

AyA: El Desastre que Padecemos

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Tiempo de lectura: 6 min

RESUMEN

Años de proyectos fallidos, falta de visión estratégica, baja capacidad de ejecución y escaso mantenimiento de la infraestructura han llevado al Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados por la senda de la ineficiencia y de la incapacidad. Es hora de plantear un cambio sustancial con el fin de garantizar un servicio de calidad, a largo plazo.

El Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados está en la mira de todos, desde hace meses, por sus evidentes problemas de gestión, la flamante corrupción que campea en sus pasillos y la incapacidad para atender las necesidades de la población, en forma correcta.

El problema del agua contaminada en los cantones de Moravia, Tibás, Coronado y Goicoechea es tan solo otro capítulo que pone de manifiesto la enorme incapacidad de esta institución para garantizarnos un buen servicio, a largo plazo.

¡Para muestra un botón! Una institución que ha tenido cinco presidentes ejecutivos en menos de cuatro años y cinco gerentes, desde 2017, no puede encontrar su rumbo.  Esto, inclusive, es de conocimiento de muchos funcionarios de AyA, que, desde adentro y con la evidente necesidad de anonimato, comentan lo que ocurre.

En línea con lo expuesto, procederemos a compartir las impresiones de  “Marlon” (nombre ficticio que le daremos a un funcionario de AyA) quien quiso transmitir, desde su experiencia, lo que sucede allí y poner en evidencia lo que la falta de toma de decisiones, poca capacidad de adaptación y nula visión para detectar las amenazas, han provocado en la institución desde la década de 1980.

Es claro que no todo es malo ya que Costa Rica destaca por tener una muy buena cobertura en el servicio de agua potable.  Sin embargo, este es el resultado de decisiones que se tomaron décadas atrás, y que aún dan réditos, y no del planeamiento reciente.  

Manifiesta Marlon en la entrevista que concedió en exclusiva para Primera Línea:

“Es una institución que hoy por hoy está deteriorada por cualquier lado que se le mire, o sea, déficit en la operación, en la calidad del servicio, interrupciones en el servicio, proyectos paralizados, sobrecostos en los proyectos, en saneamiento muy mal”.

En línea con lo indicado, no hay imagen que describa mejor la situación actual del AyA que la de un tubo lleno de fugas, a punto de reventar.  Y es que, lamentablemente, no es una expresión en sentido figurado, únicamente, sino que describe una situación que es real.

Una tubería a punto de reventar

En efecto, el sistema de agua potable en Costa Rica tiene pérdidas por encima del 50% del agua que se produce para consumo humano.  Sobre el particular, Marlon aclara que si bien es cierto ningún país tiene 0% de pérdidas en el sistema, los que mejor hacen su tarea han logrado llevar este indicador al menos a un 25%. 

“Unas son las pérdidas físicas y otras son las pérdidas comerciales, entonces, las pérdidas físicas es lo que la gente más ve en la calle. Tuberías que están sumamente deterioradas y que, por tener, por ejemplo, un grosor inadecuado, problemas con la presión, falta de mantenimiento, fugas en los medidores, fugas en las conexiones, eso es lo que la gente normalmente ve”, explicó.

Las pérdidas comerciales, en cambio, son aquellas relacionadas con prácticas de robo de agua o de conexiones informarles al sistema, como ocurre en lugares como La Carpio, donde la gente se conecta ilegalmente a fuentes públicas, y, por ende, no paga por ese consumo de agua. 

“El hecho de que (el agua) sea un derecho humano no quiere decir que se tenga que regalar (…), o si se regala a un determinado sector, no se debe cargar a los usuarios que sí pagan el servicio, sino que lo debería pagar el Estado costarricense, pues es un tema de política pública”, apuntó.

Proyectos fallidos y falta de mantenimiento

La situación anteriormente descrita se agrava por la falta de mantenimiento de los sistemas y el hecho de que proyectos como el que busca reducir las pérdidas físicas y comerciales, no avanzan al ritmo que deberían hacerlo.  Veamos:

1. El parque de medidores se encuentra obsoleto, lo que hace que en algunos casos haya subregistro del consumo mientras que en otros casos más bien existe sobreregistro.

2. No existe un adecuado programa de mantenimiento de las tuberías, que haga trabajos preventivos en las conexiones, reemplace tuberías viejas y avance en un mejor sistema de detección de fugas (recordemos que muchas de ellas no están a la vista). 

3. Los sistemas de AyA colapsan fácilmente por temas climáticos o por factores externos, como puede ser la contaminación que enfrentamos recientemente. Cuando esto sucede, la solución inmediata de la entidad es enviar cisternas para suplir las necesidades de agua de la gente pero, para Marlon, esta es la opción más costosa. 

“Hay diferentes formas de aumentar la disponibilidad de agua en un sistema. La más cara de todas es el camión cisterna. La más barata de todas es recuperar el agua no contabilizada. Es del orden de siete veces más caro usar cisternas que invertir en recuperar el agua no contabilizada”.

4. No se ha avanzado nada en el proyecto para reducir las pérdidas comerciales a pesar que, de acuerdo con Marlon, desde 2008 existe un crédito formalizado para tales efectos. 

“Uno esperaría que por lo menos, en todos estos años, al menos en 10 puntos porcentuales ya debería haber bajado ese indicador (de pérdidas en relación con el agua producida para consumo humano). Pero no ha bajado, ¿Por qué? Porque el proyecto no ha avanzado. Entonces, idealmente, uno pensaría que llevarlo un 35% en unos 5 años debería ser una meta trazable y ya lista”, indicó. 

Falta de planeamiento e inversiones

A todos los problemas ya enumerados, se suma otro aspecto medular: la falta de planeamiento y de ejecución de las inversiones que se requieren.  El Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados no solo ha demostrado una enorme lentitud para determinar cuáles proyectos necesita desarrollar, sino que tarda muchísimo tiempo planificándolos y poniéndolos en marcha

“Tiene que haber un diagnóstico de todos los territorios del país, de todas las regiones, de cuál es la demanda actual, cuál es la demanda futura, cuáles son las fuentes disponibles. Es medir esa oferta hídrica con esa demanda potencial. Luego se planifica cuáles son las obras de infraestructura para poder enlazar esas fuentes con la demanda, pero eso AyA lo ha descuidado por décadas”. 

“La cartera de proyectos del AyA se compone de proyectos que fueron determinados hace más de veinte años como necesarios, producto de un plan maestro que en su momento se hizo. Como se ha descuidado ese plan maestro lo que se han hecho son prácticamente parches, improvisaciones”, agregó.

Lo anterior provoca que, en muchos casos, la necesidad que se había detectado empeore, lo cual ocasiona que los diseños se vuelvan obsoletos.  A esto se suma, además, una bajísima capacidad de ejecución, producto de una serie de trabas burocráticas. 

“La burocracia institucional no permite que los proyectos se hagan con agilidad. La estructura jerárquica del AyA está llena de jefes, son un montón de islas, de feudos. Eso ocasiona que un proyecto tenga que pasar por más o menos veinte departamentos para poderse llevar a cabo. Entonces, nadie es el dueño, nadie es el responsable del proyecto, y todo el mundo siempre se inventa procedimientos y procesos nuevos, que al final de cuentas ocasionan retrasos”, explicó. 

¿Sobrecostos y corrupción?

La falta de capacidad a la hora de ejecutar los proyectos conlleva otro gravísimo problema:  sobrecostos y encarecimiento producto de los aumentos en los precios de los materiales y la mano de obra.

Por otra parte, el mercado de empresas constructoras en nuestro país es reducido y, por lo general, los proyectos son adjudicados a las mismas tres.  Por esta razón, existen rumores de que hay corrupción y de que existe un acuerdo, entre dichas empresas, para cobrar precios más altos y alternarse los contratos.  De esta manera las empresas siempre ganan y el AyA siempre termina pagando de más.

“Los contratos están hechos a la medida. Tendríamos que hacer proyectos más grandes, más atractivos, para que lleguen empresas de afuera y se elimine ese problema”, agregó.

“Una cirugía a corazón abierto”

En resumen, lo que el AyA necesita es una “cirugía a corazón abierto”.  Años de falta de visión estratégica, escaso diagnóstico, atrasos en la ejecución de los proyectos necesarios, falta de mantenimiento de la infraestructura básica y corrupción han dado al traste con los réditos obtenidos durante las primeras décadas de su creación. 

Es tiempo de plantear una reestructuración integral de la institución donde la calidad de los servicios, la satisfacción del cliente, la modernización de la institución y el servicio de calidad sean los ejes medulares de su funcionamiento.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

Periodista y profesor de la Universidad de Costa Rica con 20 años de experiencia. Corresponsal de Agencias Internacionales en Estados Unidos, China y Centroamérica. Apasionado del periodismo de investigación, la docencia y todo lo que sea conocer y aprender.

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Ambiente

Prioridades ambientales: un análisis sobre el futuro sostenible de Costa Rica

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Tiempo de lectura: 7 min

RESUMEN

El Environmental Progress Index (EPI) destaca las fortalezas y debilidades de Costa Rica en su desempeño ambiental. Aunque el país tiene logros en mitigación, como la conservación forestal y la biodiversidad, enfrenta retrocesos significativos en adaptación, especialmente en recursos hídricos, manejo de residuos y recursos pesqueros. Esto subraya la necesidad de priorizar políticas más eficientes, alianzas público-privadas e inversión en áreas críticas para abordar los riesgos del cambio climático y asegurar un desarrollo sostenible realista y de impacto tangible.


El problema económico se refiere a la escasez de recursos frente a las ilimitadas necesidades y deseos humanos. Dado que los recursos productivos son limitados, las sociedades deben tomar decisiones sobre cómo asignarlos de manera eficiente para satisfacer las diversas demandas de la población, toda vez que la asignación en un área conlleva un costo de oportunidad en relación con otros posibles usos de esos mismos recursos.

Cuando hablamos del cambio climático, la mitigación y la adaptación son dos enfoques complementarios pero distintos para abordar sus impactos, que requieren recursos para lograr sus objetivos. Mientras la mitigación se enfoca en evitar que el cambio climático empeore, la adaptación busca reducir los efectos negativos de los cambios ya en curso. Ambos enfoques son esenciales para enfrentar este desafío global de manera integral.

Veamos en detalle sus diferencias.

I. Mitigación versus adaptación

La mitigación se refiere a las acciones tomadas para reducir o evitar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) con el fin de frenar el calentamiento global y sus efectos. Esto incluye la transición a fuentes de energía renovable, la mejora de la eficiencia energética, la reforestación y la adopción de tecnologías limpias. El objetivo de la mitigación es limitar el aumento de la temperatura global y prevenir que el cambio climático alcance niveles catastróficos en el futuro.

La adaptación, por otro lado, consiste en hacer ajustes en los sistemas humanos y naturales para reducir los daños del cambio climático que ya están ocurriendo o que se espera que ocurran en el futuro. Esto puede incluir la construcción de infraestructuras más resilientes, como diques y sistemas de drenaje en áreas propensas a inundaciones, o la modificación de prácticas agrícolas para enfrentar condiciones climáticas extremas. La adaptación busca proteger a las comunidades, los ecosistemas y las economías de los impactos inevitables del cambio climático.

En el caso de Costa Rica, determinar la distribución adecuada de recursos entre la mitigación y la adaptación se ha convertido en un desafío importante. Según datos del Banco Mundial correspondientes al año 2020, a pesar de que Costa Rica solo aportó el 0.0312 % de las emisiones globales de GEI, ha sufrido, como parte de la región centroamericana, serias consecuencias ocasionadas por el cambio climático. Dichas consecuencias incluyen daños en ecosistemas terrestres y marinos, escasez de agua, problemas en la producción agrícola y pesquera, inundaciones, daños a la infraestructura y a la productividad económica, así como enfermedades y malnutrición (ver el informe de la IPCC titulado “Cambio Climático 2022: Impactos, adaptación y vulnerabilidad”).

Concretamente, Costa Rica está expuesta a múltiples amenazas como consecuencia del cambio climático, tales como una disminución esperada en la disponibilidad de agua potable de hasta un 80 % para el año 2100. Estas situaciones están deteriorando y agravarán aún más la condición social, ambiental y económica del país en el corto, mediano y largo plazo.

II. Los compromisos del país en materia ambiental y su desempeño

Costa Rica ha suscrito recientemente varios acuerdos internacionales cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida de la humanidad, tales como el Acuerdo de París, con sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por su sigla en inglés), y la Agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El primero se centra en cómo abordar el cambio climático, mientras que el segundo busca promover el progreso para las generaciones presentes y futuras, entendido como una tríada entre el crecimiento económico, el desarrollo humano y la conservación ambiental.

II.1.  las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional.

Las NDC son los compromisos climáticos que cada país ha asumido dentro del Acuerdo de París. Estas definen las acciones que los países llevarán a cabo para limitar el incremento promedio de la temperatura global a 1.5 °C, adaptarse a los efectos del cambio climático y asegurar una financiación adecuada para alcanzar estos objetivos. Son planes a corto y mediano plazo que deben actualizarse cada cinco años con objetivos cada vez más ambiciosos, en función de las capacidades de cada país. Sin embargo, no poseen una estructura constante de monitoreo y su cumplimiento no conlleva ninguna consecuencia significativa para el país.

En esta materia, Costa Rica tiene un total de 103 medidas que cumplir, de las cuales un 30 % están relacionadas con adaptación, un 31 % con mitigación y un 42 % con un enfoque mixto.

II.2.  La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es un plan de acción de las Naciones Unidas que busca erradicar la pobreza, proteger al planeta y asegurar la prosperidad para la humanidad. Incluye 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con 169 metas y 231 indicadores. Según el reporte Sustainable Development Report 2024 de la Sustainable Development Solutions Network, Costa Rica ocupa la posición 59 de 167 países en el cumplimiento de los ODS.

Desde una perspectiva de mitigación versus adaptación, el desempeño del país es moderado en mitigación, pero deficiente y en deterioro en adaptación, como se evidencia en los siguientes indicadores:

ODSOrientaciónResultado
ODS 6: Agua limpia y saneamientoAdaptaciónIncremento moderado; los retos más importantes persisten.
ODS 11: de Ciudades y comunidades sostenibles Enfoque híbrido entre adaptación y mitigación Estancamiento en el desempeño.
ODS 14: de Vida submarina AdaptaciónEstancamiento en el desempeño.
ODS 15: de Vida de ecosistemas terrestresEnfoque híbrido entre adaptación y mitigaciónEstancamiento; retos aún persisten.
ODS 9: de Industria, innovación e infraestructuraEnfoque híbrido entre adaptación y mitigaciónDeterioro; retos significativos persisten.
ODS 7: de Energía asequible y no contaminanteMitigaciónIncremento moderado en el desempeño.

II.3.  El Environmental Progress Index (EPI).

El Environmental Progress Index (EPI) es una herramienta desarrollada por la Universidad de Yale que clasifica a los países según su desempeño ambiental en diversas áreas clave. Este índice evalúa dimensiones como la conservación de la biodiversidad, el manejo de recursos forestales, la contaminación, la calidad del aire, los recursos hídricos y los residuos, entre otros. En el caso de Costa Rica, el EPI lo ubica en la posición 39 de 180 países, destacando los siguientes aspectos:

  • Manejo de recursos forestales y conservación de la biodiversidad:  Estos temas tienen una marcada afinidad con la mitigación del cambio climático. Desde la perspectiva del EPI, Costa Rica ostenta una posición favorable en estas áreas a nivel mundial, aunque presenta ciertos retrocesos en los últimos años.
TemaOrientaciónPosición a nivel mundialEvolución en los últimos 10 años
Conservación de la biodiversidadMitigación41Retroceso de 2 puntos
Manejo de los recursos forestalesMitigación20Retroceso de 2.7 puntos
Políticas de mitigaciónMitigación64Mejoría de 2.8 puntos
  • Contaminación y calidad del aire: son temas que no están directamente vinculados a la mitigación o la adaptación al cambio climático, pero reflejan un desempeño ambiental que afecta principalmente a nivel local. Aunque se han logrado avances en algunos indicadores, el panorama general sigue siendo desfavorable.
TemaOrientaciónPosición a nivel mundialEvolución en los últimos 10 años
Contaminación del airen.a.65Mejoría de 23.6 puntos
Calidad del airen.a.62Mejoría de 1.7 puntos
Desempeño ambiental de la actividad agrícolan.a.80Mejoría de 2.2 puntos
  • Manejo de recursos hídricos, manejo de residuos y de recursos pesqueros: Estas áreas están más asociadas con la adaptación al cambio climático y presentan los resultados más críticos. Según el EPI, Costa Rica exhibe un desempeño deficiente en políticas relacionadas con la adaptación, lo que genera impactos significativos tanto para el ambiente como para la población.
TemaOrientaciónPosición a nivel mundialEvolución en los últimos 10 años
Aguas residualesAdaptación90Deterioro de 1.6 puntos
SaneamientoAdaptación47Mejoría de 4 puntos
Calidad del agua potableAdaptación63Mejoría de 1.4 puntos
Manejo de residuos sólidosAdaptación94No hay cambio significativo
Manejo de recursos pesquerosAdaptación120Deterioro de 5.9 puntos

El manejo de aguas residuales, residuos sólidos y recursos pesqueros muestra un panorama preocupante, ya que no solo no se han logrado mejoras significativas, sino que en algunos casos se evidencian retrocesos. Esto subraya la urgencia de priorizar estas áreas en la agenda ambiental del país.

Diagnóstico y propuestas

Con base en los resultados presentados, se pueden extraer las siguientes conclusiones:

  • En mitigación, Costa Rica tiene compromisos ambiciosos y un desempeño relativamente aceptable. Sin embargo, el impacto global de sus políticas en la reducción de emisiones de GEI es mínimo, dada la escala del país.
  • En adaptación, el país ha asumido menos compromisos y exhibe un desempeño deficiente. Los resultados reflejan una incapacidad para abordar riesgos significativos, especialmente en lo relacionado con el manejo de recursos hídricos, saneamiento básico y residuos sólidos.
  • Los compromisos asumidos por Costa Rica en materia de adaptación y mitigación no parecen haber sido definidos con base en sus indicadores de desempeño ambiental ni en sus prioridades más urgentes, lo que resulta en una asignación ineficiente de recursos.

Acciones propuestas

Para atender estas deficiencias y maximizar el impacto de las políticas ambientales, se recomienda:

  • Fortalecer las políticas de mitigación con un enfoque en biodiversidad, conservación forestal y energías renovables. Esto permitirá aprovechar las ventajas competitivas del país mientras se fomenta el comercio y se atrae inversión privada, tanto local como extranjera.
  • Desarrollar capacidades locales para la adaptación, basadas en diagnósticos claros que reflejen las necesidades específicas de cada comunidad y su entorno. Incluyendo aspectos tales como: el manejo de recursos pesqueros, la agricultura sostenible, la infraestructura resiliente, entre otras actividades económicas.
  • Implementar un plan de inversiones mediante alianzas público-privadas, destinado a subsanar las brechas críticas en recursos hídricos, saneamiento, manejo de aguas residuales y disposición de residuos sólidos.
  • Redirigir los compromisos ambientales hacia prioridades realistas, que generen un impacto tangible en el desarrollo sostenible y permitan una asignación eficiente de los recursos disponibles.

Estas acciones no solo fortalecerán el desempeño ambiental de Costa Rica, sino que también contribuirán a mitigar los impactos del cambio climático y proteger los recursos esenciales para las generaciones presentes y futuras.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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Ambiente

La minería responsable: clave para la transición energética y el desarrollo sostenible

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RESUMEN

Hoy, diversas entidades financieras mundiales subrayan la importancia de una minería responsable para lograr la transición energética y combatir así el cambio climático. Lo anterior no ha sucedido en el caso Crucitas. Por tanto, la tarea del país, antes de hablar de cómo aprovechar los recursos producto de la minería, es gestionar un verdadero control territorial en la zona en cuestión, realizar un diagnóstico ambiental y formular estándares de minería sostenibles para evitar más impactos negativos y promover beneficios económicos y sociales.

En el marco de la transición energética global y la lucha contra el cambio climático, el Banco Mundial ha destacado la importancia de una minería responsable con el clima. La transición de fuentes fósiles a energías renovables, como paneles solares, turbinas eólicas y baterías, requiere cantidades significativas de metales y minerales. Según estimaciones del Banco Mundial, para alcanzar las metas del Acuerdo de París, se necesitarán producir más minerales en los próximos 30 años que lo extraído en los últimos 100 años.

Aunque la minería no es una actividad sostenible por definición, debido a su naturaleza extractiva de recursos no renovables, es fundamental para el desarrollo sostenible.

Por esta razón, el Banco Mundial y otros organismos multilaterales han impulsado protocolos de minería responsable, enfocados en promover buenas prácticas para minimizar el impacto ambiental, especialmente en bosques tropicales.

En Costa Rica, el caso de Crucitas ejemplifica la complejidad de gestionar la minería en áreas ambientalmente sensibles. Si decidimos aventurarnos en ese camino, debemos cumplir los siguientes pasos:

  • Que las autoridades tomen control total y permanente de la zona, evitando la entrada de mineros ilegales. Este aspecto resulta crucial, pues sin este control, cualquier legislación o iniciativa será ineficaz.
  • Realizar un diagnóstico ambiental de la zona. La minería ilegal en Crucitas ha causado daños significativos a los acuíferos, suelos y bosques, sin controles ni mediciones adecuadas. La regularización y monitoreo de una mina legal habrían mitigado estos impactos. Es importante señalar que todos los daños al bosque, a los acuíferos y a la sociedad ya se han producido debido a la actividad ilegal, y no existen informes técnicos o mediciones precisas sobre el alcance real de esos impactos.
  • Permitir la actividad minera bajo nuevos estándares que aseguren una minería más amigable con los bosques y compatible con la lucha contra el cambio climático. Esta reactivación debe buscar el mayor retorno económico para el país y, al mismo tiempo, minimizar los daños ambientales.

No seguirlo, o hacerlo a medias, impediría que una empresa seria siquiera considere instalarse en Costa Rica, sin importar si se reforma la legislación existente para permitir nuevamente la minería a cielo abierto.

Impacto social de la minería legal

La minería legal no solo tiene implicaciones ambientales, sino también sociales y económicas. Cuando se regula adecuadamente, una mina puede generar empleo formal, reducir la pobreza y fomentar el desarrollo local. A su vez, incorpora prácticas de seguridad laboral y salud, protegiendo a los trabajadores de condiciones peligrosas. También favorece a la economía local a través de impuestos y otras contribuciones, que pueden utilizarse para financiar infraestructura y servicios públicos esenciales.

En cambio, el oro extraído ilegalmente solo se puede vender en el mercado negro, perpetuando un ciclo de criminalidad y problemas sociales, sin que el Estado y la comunidad reciban rédito alguno. 

La minería ilegal, al no estar sujeta a controles, fomenta actividades delictivas como el tráfico de personas, armas y drogas.

Cabe destacar que es imposible hacer aseveraciones precisas sobre cómo estaríamos con la instalación de la empresa Infinito Gold, ya que la actividad actual es ilegal y no existen mediciones, ni informes técnicos que permitan una comparación. Lo que sí es una realidad es que todos los temores sobre los impactos ambientales en Crucitas ya se han materializado debido a la minería ilegal.

Los opositores a la minería en Crucitas prometieron “alternativas sostenibles” como fábricas de queso y proyectos de turismo rural, pero hasta la fecha, no han elaborado ni siquiera un estudio que demuestre su viabilidad. De nada sirve ondear la bandera del desarrollo sostenible si olvidamos que dos de los tres componentes de la sostenibilidad son el bienestar social y el económico.

En resumen, podemos debatir los méritos de volver a permitir la minería a cielo abierto en Costa Rica, pero debemos hacerlo desde el entendimiento de que es una actividad esencial para el futuro de la humanidad. Podemos cegarnos ante esta realidad o podemos buscar maneras de involucrarnos en la cadena de valor global de manera responsable, incluyendo la investigación, el desarrollo tecnológico, el reciclaje y otras prácticas innovadoras

Restablecer el control territorial en Crucitas y detener la minería ilegal son pasos fundamentales para poder abordar seriamente la discusión. Ignorar esta realidad solo perpetuará los problemas sociales y ambientales asociados a la minería ilegal que ya padecemos y están provocando el caos en la zona.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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Nuestros desafíos ambientales

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Costa Rica recibe un 55.5 de calificación en el Índice de Desempeño Ambiental 2024. Un llamado de atención a áreas otras que los bosques. Lenin Corrales del CATIE nos da luz de la situación ambiental actual.

Fuente: Lenin Corrales Cháves – Investigador del CATIE

Nuestros desafíos ambientales

El Índice de Desempeño Ambiental 2024 salió y nos recuerda que queda mucho por hacer en Costa Rica.

Lo bueno:

72.3 de 100 en Gestión de Bosques.
62.3 de 100 en Vitalidad del Ecosistema.

Pero fallamos en áreas clave:

57.0 de 100 en Agricultura.
46.9 de 100 en Calidad de Aire.
46.3 de 100 en Política Climática.
38.7 de 100 en Recursos Hídricos.
36.7 de 100 en Pesquería.
31.2 de 100 en Gestión de Residuos.

Recibimos una calificación de 55.5 de 100 colocándonos en el puesto #3 de Latinoamérica pero el puesto #39 del mundo.

Un ambiente saludable significa trabajos sustentables, una vida saludable y seguridad alimentaria.

Debemos mejorar nuestras políticas ambientales para enfocar bien los recursos, basándonos en la ciencia, la técnica y los datos, con una visión a largo plazo.

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