Innovación y Emprendimiento
Costa Rica: De la Desigualdad a la Innovación Económica
RESUMEN
Costa Rica enfrenta una realidad dual: una parte próspera en la Gran Área Metropolitana y otra desatendida en las provincias costeras. Ante esta situación, y buscando soluciones alternativas y exitosas, podríamos proponer un modelo de zonas económicas especiales, inspirado en la iniciativa PRÓSPERA de Honduras, para revitalizar las costas costarricenses. Este tipo de desarrollo genera beneficios en empleo, infraestructura y sostenibilidad. ¿Será mucho pedirle a nuestros líderes políticos?El otro día, en el congreso realizado por la Cámara de la Industria Alimentaria (CACIA), escuchaba atentamente al exministro y profesor Alberto Trejos. Durante su acertada intervención sobre los retos que enfrenta el país, Alberto destacó una realidad evidente: la existencia de dos países en uno solo. Una “Costa” y una “Rica”. La “Rica” está representada por dos terceras partes del país, situadas en el Gran Área Metropolitana y zonas aledañas, que por sí sola sería una de las naciones más prósperas de Latinoamérica. Sin embargo, ésta debe arrastrar consigo a la abandonada “Costa”, que de Rica no tiene nada.
Esta es la cruda realidad de las provincias de Limón, Puntarenas y gran parte de Guanacaste, donde los indicadores socioeconómicos son significativamente bajos. Los políticos, en su mayoría, solo se acuerdan de esta “Costa” durante las elecciones y poco hacen por los ciudadanos de estas zonas. Actualmente, la respuesta de la Asamblea Legislativa se refleja en la presentación de un proyecto de ley para declarar benemérito de la patria a don Ricardo Saprissa. Esto aporta poco a los cantones de Puntarenas, Garabito, Coto Brus, Pococí, Talamanca o Matina. Con iniciativas como esta, la brecha entre el área metropolitana y las costas seguirá ensanchándose rápidamente.
¿Cómo podemos pensar de manera innovadora para mejorar la situación de nuestras áreas costeras? Pues como si hubiera salido de las páginas de La Rebelión del Atlas de Ayn Rand, y su Atlantis, una alternativa interesante se implementó en Honduras con PRÓSPERA, en la isla de Roatán. La iniciativa única y ambiciosa busca crear una ciudad privada y una zona económica especial bajo las leyes hondureñas de Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), permitiendo un alto grado de autonomía en la gobernanza, políticas fiscales y marcos regulatorios.
Inspirada en modelos exitosos como Hong Kong, Singapur y Dubái, PRÓSPERA tiene como objetivo fomentar el crecimiento económico y la innovación al ofrecer un entorno pro-empresarial con mínimas barreras regulatorias.
Administrada por Honduras PRÓSPERA Inc., trajo inversión significativa de figuras notables en el mundo del capital de riesgo, como Balaji Srinivasan y Peter Thiel. El proyecto apoya una amplia gama de actividades económicas, incluyendo salud, educación y tecnología, con un énfasis en la sostenibilidad y la planificación urbana avanzada.
El principal objetivo de PRÓSPERA es crear un entorno regulatorio y fiscal favorable que promueva la innovación y el desarrollo económico. Como dije, la ciudad opera bajo las leyes ZEDE, que permiten autonomía en la gestión de sus asuntos internos, aunque sigue sujeta a la Constitución de Honduras y su código penal. La estructura regulatoria independiente permite que la ciudad implemente reformas económicas y sociales difíciles de realizar bajo marcos gubernamentales tradicionales, convirtiéndola en una verdadera novedad en una zona deprimida.
PRÓSPERA estableció asociaciones con varias entidades de renombre. Se alió con la Universidad Técnica de Múnich para crear un centro educativo y anunció la construcción de un nuevo hospital en colaboración con Cemesa. Además, trabaja con una empresa líder en energía de América Latina para desarrollar instalaciones de energía renovable, reforzando su compromiso con la sostenibilidad. En términos de desarrollo urbano, incorpora diseños arquitectónicos avanzados, como los de la firma Zaha Hadid Architects, que utilizan técnicas de fabricación digital de madera y materiales locales sostenibles.
Estos esfuerzos reflejan la visión de crear una ciudad innovadora en términos económicos, infraestructurales y ambientales. Una de las características clave de esta metrópoli del futuro es su programa de e-residencia, que permite a individuos y empresas de todo el mundo registrarse y beneficiarse del entorno regulatorio y fiscal favorable. La iniciativa permite usar Bitcoin como moneda de curso legal, reflejando su adopción de la innovación digital y la tecnología financiera.
Pese a que el gobierno hondureño, bajo la presidencia de Xiomara Castro, tomó medidas para derogar las leyes que permitieron las ZEDE, lo que ha llevado a una disputa legal y política significativa, PRÓSPERA sigue posicionándose como un centro para el emprendimiento global y la inversión, con planes para una mayor expansión y desarrollo en el continente cerca de La Ceiba.
Aunque el futuro del proyecto es incierto debido a las batallas legales en curso y la resistencia local, representa un experimento audaz en el desarrollo urbano autónomo.
Este tipo de iniciativa podría aplicarse en Costa Rica para atraer inversión a nuestras costas. Nuestro país, con su reconocida estabilidad política y su reputación como un destino atractivo para la inversión, tiene el potencial de implementar un modelo similar en sus áreas costeras abatidas.
La creación de zonas económicas especiales con un alto grado de autonomía podría transformar las provincias de Limón, Puntarenas y Guanacaste en polos de desarrollo económico y social.
Al ofrecer un entorno regulatorio favorable y atractivo para la inversión extranjera, el territorio podría catalizar un cambio significativo en estas regiones, reduciendo la brecha socioeconómica entre la “Costa” y la “Rica”.
Las ventajas potenciales son enormes: generación de empleo, incremento en la infraestructura, mejora en la educación y la salud, un impulso a la economía local y disminución de la violencia. Este enfoque podría incluir también el desarrollo de energías renovables, aprovechando los recursos naturales del país y reafirmando su compromiso con la sostenibilidad.
Con una planificación urbana avanzada y asociaciones estratégicas con entidades internacionales, nuestra nación podría crear un modelo de desarrollo inclusivo y sustentable que beneficie a todos sus ciudadanos.
¿Será que nuestros políticos de turno pueden pensar fuera de la caja?
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.
Innovación y Emprendimiento
Un país que premia al empleado y castiga al emprendedor
RESUMEN
Costa Rica sigue atrapada en una mentalidad que premia la dependencia y castiga la iniciativa. Mientras el Estado presume de institucionalidad, cierra puertas a quienes intentan crear empleo, innovar o trabajar por su cuenta. La burocracia, la desconfianza y las cargas excesivas no solo frenan proyectos: erosionan la confianza de los ciudadanos en su propio potencial. Urge cambiar la lógica del control por la de la confianza y entender que la libertad para emprender es tan vital para el desarrollo como cualquier política social.
Hace unos días, una amiga me contó una historia que, aunque sencilla, resume mucho de lo que está mal en Costa Rica. Había constituido una sociedad anónima para ofrecer servicios tecnológicos, todo listo para empezar: el modelo de negocio, los contratos, los clientes. Pero al intentar inscribir su planilla en la Caja Costarricense de Seguro Social, el sistema le rechazó el trámite. ¿La razón? No tenía instalaciones físicas.
Su empresa es digital, sin oficinas ni mostradores. Sus empleados trabajan en remoto, desde diferentes partes del país, como ocurre en cualquier empresa moderna. Pero para la Caja, eso no existe. Sin una dirección física, no hay empresa. Sin empresa, no hay planilla. Y sin planilla, no hay posibilidad de operar formalmente.
Lo paradójico es que este no es un caso aislado. Es un síntoma de algo más profundo: de un sistema que, consciente o no, prefiere ver a los costarricenses como empleados antes que como emprendedores. Un país donde abrir una empresa se siente más difícil que conseguir empleo en una ya existente.
La trampa institucional del “hágalo como siempre”
Costa Rica se enorgullece de su institucionalidad, y con razón. Pero hay momentos en que esa institucionalidad deja de proteger para empezar a inmovilizar. En materia de emprendimiento, eso es exactamente lo que ocurre.
De acuerdo con la OCDE, somos el país con más trabas burocráticas de toda la organización para abrir un negocio. En la práctica, iniciar operaciones implica visitar municipalidades, ministerios, bancos, la Caja, el INS y Hacienda, cada uno con formularios distintos, requisitos redundantes y plazos indefinidos. A veces los trámites se digitalizan, pero la lógica que los sustenta sigue siendo la misma de hace treinta años: verificar, certificar, archivar.
La digitalización no ha traído simplificación. Solo convirtió el papel en PDF.
Lo grave no es solo el tiempo perdido o el costo económico. Es el mensaje que se transmite: emprender en Costa Rica es un acto de resistencia.
Cada institución parece decirle al ciudadano: “sí, puede hacerlo, pero bajo mis condiciones”. Si su negocio no encaja en el molde tradicional —un local, una planilla, un contador y un permiso de salud—, entonces no cabe.
Cargas sociales: la paradoja del castigo a quien se atreve
A esto se suma un problema aún más estructural: las cargas sociales. Un trabajador independiente en Costa Rica paga un 18,6% de sus ingresos a la Caja, casi el doble que un asalariado formal. Es decir, el que se atreve a emprender paga más por ser su propio jefe.
Esa desproporción ha tenido consecuencias claras: de cada 26 trabajadores independientes, solo 2 cotizan a la seguridad social. Los otros 24 operan al margen del sistema, no porque quieran evadir, sino porque ser formal es económicamente inviable.
El resultado es un círculo vicioso. La Caja necesita más cotizantes, pero las condiciones que impone empujan a los independientes hacia la informalidad. Y mientras tanto, las instituciones siguen diseñando políticas pensando en la gran empresa o el empleo asalariado, no en la realidad del pequeño emprendedor que intenta construir algo desde cero.
Costa Rica tiene una visión moralista del trabajo: el empleo asalariado es “bueno”, seguro y predecible; el emprendimiento, en cambio, se percibe como incierto, riesgoso, casi irresponsable.
Pero esa mentalidad, que pudo tener sentido en un país agrícola o industrial del siglo XX, hoy es un ancla que nos impide adaptarnos a la economía del conocimiento y la innovación.
La cultura del permiso y la desconfianza
Detrás de toda esta maraña regulatoria hay una idea más profunda: la desconfianza. El Estado costarricense desconfía del ciudadano. Lo presupone culpable hasta que demuestre lo contrario.
Por eso cada trámite exige comprobantes, timbres, sellos y declaraciones juradas. Por eso la CCSS exige un recibo de electricidad para demostrar la existencia de una oficina. Por eso las municipalidades inspeccionan locales aunque sean negocios que operan virtualmente.
Es una cultura institucional del permiso previo: no puede actuar hasta que el Estado lo autorice. Pero el desarrollo económico moderno se mueve con otra lógica: la de la responsabilidad posterior. Es decir, actúe, innove, crezca, y si incumple, entonces el Estado interviene.
El modelo actual ahoga la creatividad con papeles. Y cuando se ahoga la creatividad, el país pierde su mejor fuente de crecimiento: las ideas nuevas.
Empleabilidad versus emprendimiento: una política sesgada
Durante décadas, Costa Rica apostó por atraer inversión extranjera directa, y fue una apuesta exitosa. Las zonas francas, las multinacionales y los centros de servicios compartidos generaron miles de empleos formales. Pero al mismo tiempo, esa estrategia creó una política pública sesgada hacia la empleabilidad y no hacia el emprendimiento local.
El resultado es un país donde formar parte de la planilla de una transnacional parece la única vía segura de prosperar.
Las instituciones, en vez de acompañar al emprendedor, lo tratan como una excepción. Los incentivos, los programas de apoyo y hasta las leyes laborales están pensados para quien busca empleo, no para quien lo genera.
No se trata de oponer una cosa a la otra. Costa Rica necesita tanto empleo como emprendimiento. Pero hoy el desequilibrio es evidente: el Estado facilita la existencia del empleado, mientras castiga con impuestos, trámites y desconfianza a quien crea su propio camino.
El costo humano de las trabas
No todo se mide en cifras o rankings internacionales. El costo más alto es emocional. Cada vez que un joven emprendedor (o no tan joven) abandona su idea porque la burocracia lo agotó, el país pierde algo más que una oportunidad económica: pierde confianza en sí mismo.
El costarricense promedio no carece de creatividad ni de iniciativa. Lo que le falta es un Estado que lo acompañe en lugar de interrogarlo.
Cuando alguien se ve obligado a alquilar una oficina solo para cumplir con un requisito absurdo, está pagando por la ineficiencia ajena. Y lo hace con frustración, con tiempo y con dinero.
He escuchado muchas veces decir que los costarricenses son “poco emprendedores”. No es cierto. Lo que somos es pacientes. Tal vez demasiado.
El punto de inflexión
Costa Rica necesita redefinir su relación con el emprendedor. No se trata de más subsidios o programas públicos, sino de un cambio de mentalidad institucional. El Estado debe dejar de actuar como un filtro y empezar a actuar como un facilitador.
Eso implica modernizar los requisitos, digitalizar los procesos de verdad —no solo cosméticamente— y ajustar las cargas sociales para que ser independiente no sea un lujo. Implica también entender que una empresa sin oficina no es una empresa sin alma. Es, probablemente, una empresa de este siglo.
El país que no se adapta a los nuevos modelos productivos termina exportando talento e importando frustración.
Si no queremos seguir viendo cómo nuestros jóvenes se van o se rinden, debemos construir un entorno donde emprender sea tan legítimo como emplearse, y donde la Caja, Hacienda o las municipalidades entiendan que su función no es obstaculizar, sino servir.
Conclusión: volver a confiar
El emprendedor no pide privilegios. Pide reglas claras, procesos razonables y respeto por su tiempo. Pide que las instituciones confíen en él tanto como él ha confiado en su país al decidir invertir aquí su energía y su dinero.
Si seguimos tratándolo como sospechoso, lo perderemos. Y con él, perderemos también la oportunidad de que Costa Rica vuelva a crecer desde la innovación, no solo desde la planilla.
El futuro no pertenece al que espera un puesto. Pertenece al que se atreve a crearlo.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.
Innovación y Emprendimiento
¿Qué trámites, impuestos y requisitos se requieren para emprender en Costa Rica?
Emprender en Costa Rica es un deporte extremo, aquí demostramos a lo que se enfrentan los emprendedores al intentar crear una empresa.
Recordemos que las MIPYMEs representan 97.4% de las empresas del país y casi la mitad del empleo.
Aquí listamos los requisitos, impuestos, trámites y demás requeridos para comprar un lote, construir, obtener permisos de operación, incorporarse y operar legalmente.
¿Nos interesa el progreso económico para financiar educación, seguridad, empleo y demás programas sociales? Este es contingente en que hayan empresas que nazcan y crezca en el país.
¿Qué trámites y requisitos legales debo cumplir para comprar un terreno comercial en Costa Rica?
Comprar un lote es el primer paso para quienes desean construir su propio local u oficina. Este proceso implica varios trámites legales y pagos obligatorios ante entidades como el Registro Nacional, municipalidades y otras instituciones públicas, por lo que es crucial verificar todos los requisitos antes de cerrar la compra.
- Comprar plano de catastro e informe de registro en el Registro Nacional
- Buscar y evaluar terreno (accesos, servicios, uso de suelo).
- Verificar disponibilidad de agua potable, alcantarillado, internet y electricidad.
- Obtener constancia de uso de suelo (municipalidad).
- Alineamientos según MOPT/INVU, si aplican.
- Viabilidad ambiental (SETENA). Dependiendo del tamaño y la zona
- Pago de impuesto de traspaso del terreno — 1.5 %. Y un 0.9% de impuestos y timbres (registro, abogados, fiscales, municipales)
- Honorarios legales para compra — ~2 %.
- Verificar certificación de impuestos municipales al día.
- Compra ante notario y escritura pública.
¿Cómo tramito los permisos y requisitos para construir un local comercial u oficina?
Una vez adquirido el terreno, es necesario cumplir con una serie de pasos técnicos y legales para construir una estructura destinada a actividades económicas. Esto incluye desde la contratación de profesionales acreditados hasta la obtención de permisos de construcción y conexiones definitivas de servicios públicos.
- Contratar arquitecto, ingeniero eléctrico y demás profesionales colegiados.
- Elaboración de planos (arquitectónico, eléctrico, sanitario).
- Registro y timbres en CFIA — ~2 % del costo del proyecto.
- Solicitar constancia de uso de suelo actualizada.
- Permiso de construcción municipal
- Disponibilidad de agua
- Pagar impuesto municipal de construcción — hasta 1 % del valor de la obra.
- Tasa de recolección de residuos — si aplica.
- Construir el local.
- Verificar conexiones definitivas de los servicios públicos.
¿Cómo se constituye legalmente una empresa (SA o SRL) en Costa Rica?
Constituir una sociedad mercantil es un requisito indispensable para operar formalmente. Ya sea como Sociedad Anónima (SA) o Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL), el proceso implica escritura notarial, registro ante instituciones públicas y obtención de firma digital, entre otros trámites clave.
- Adquirir la firma digital
- Abogado para redactar escritura de constitución (SA o SRL).
- Pago de timbres de constitución y Registro Mercantil.
- Registro de la empresa en Hacienda (RUT).
- Registro de accionistas en el BCCR. Trámite anual.
- Pago del Impuesto a las Personas Jurídicas (anual).
- Abrir cuenta bancaria. Contratar un contador para que haga flujos de caja futuros, personería jurídica con participación accionaria.
- Tramitar un datáfono y pagar las comisiones bancarias correspondientes porque es obligatorio aceptar TC desde el 2019.
¿Qué registros, impuestos y cargas sociales debo cumplir para formalizar una empresa?
Formalizar una empresa va más allá del acto de constitución. Requiere registrarse ante la Dirección General de Tributación, cumplir con reportes contables periódicos, pagar impuestos obligatorios y asumir cargas sociales tanto como trabajador independiente como patrono, si se contrata personal.
- Contratar un contador para reportes a Hacienda y CCSS.
- Reporte y pago de:
- Impuesto sobre la Renta (ISR) (Trimestral)
- Impuesto al Valor Agregado (IVA) (Mensual)
- Timbre de Educación y Cultura (Anual)
- Inscripción como trabajador independiente ante la CCSS. Cargas sociales de hasta 18% dependiendo del humor del que lo atienda
- Inscripción de empleados en la CCSS. Cargas sociales patronales (26.33 %), calculadas sobre salario bruto:
- CCSS salud/maternidad — 14.75 %
- CCSS IVM (pensión) — 4.75 %
- INA — 1.50 %
- IMAS — 0.50 %
- Banco Popular — 0.50 %
- FODESAF — 5.00 %
- Pago de póliza de riesgos del trabajo (INS).
- Patente municipal — entre 0.15 % y 0.35 % de ventas brutas.
¿Qué licencias y permisos operativos se requieren para iniciar actividades comerciales?
Antes de abrir las puertas al público, toda empresa debe contar con licencias específicas según su giro de negocio. Esto puede incluir el Permiso Sanitario de Funcionamiento, licencias municipales, registros ante entidades sectoriales y cumplimiento de normativas de ambientación y música.
- Permiso Sanitario de Funcionamiento (Ministerio de Salud).
- Licencia de licores (si incluye bebidas alcohólicas).
- Registro ante el ICT (si apunta a turismo).
- Pago a ACAM por derechos de música (si hay ambientación musical).
- Registro ante la SUGEF si se dedica a contaduría, servicios legales o bienes raíces.
¿Qué obligaciones debo cumplir al adquirir un vehículo para uso empresarial?
Incorporar un vehículo como activo empresarial puede ser clave para transporte de productos, insumos o personas. Es necesario gestionar el registro a nombre de la empresa, cumplir con los seguros correspondientes, y garantizar que el uso esté alineado con el giro comercial para efectos fiscales.
- Adquisición del vehículo, pago de impuestos: IVA e impuestos de importación pueden sumar hasta 80 %.
- Gastos por adquisición de un vehículo: 3,4% de impuestos de traspaso y timbres (registro, Colegio de Abogados, archivo).
- Honorarios de abogados alrededor 2% del valor real de venta.
- Revisión vehicular. Anual
- Pago de marchamo. (Anual):
- Impuesto a la Propiedad del Vehículo – 58% → Ministerio de Hacienda (infraestructura vial).
- Seguro Obligatorio Automotor (SOA) – 25% → INS (cobertura por lesiones o muerte).
- Consejo de Seguridad Vial (COSEVI) – 5.6% → COSEVI/MOPT (educación y seguridad vial).
- IVA y timbres diversos – 5.18% → Hacienda + entidades estatales (fauna, scout).
- CTP + ARESEP – 1.4–1.7% → Consejo de Transporte Público/ARESEP (transporte público).
- Otros rubros (multas, parquímetros) – 1–3% → Municipios y entidades varias.
Esta es la travesía que un emprendedor debe vivir al tratar de seguir su sueño y crear empleo.
Después de tal calvario, deben pagar hasta el 58% de sus utilidades al Estado.







Innovación y Emprendimiento
Retos para Costa Rica en una nueva normalidad
Vivimos tiempos que hace cuatro años ni siquiera habríamos imaginado. Tuvimos que redefinir nuestros estilos de vida, replantear nuestros trabajos, reestructurar nuestros negocios y repensar nuestro futuro, tanto a nivel personal como de país. Los retos que nos planteó el COVID-19 entre 2020 y 2022, la volátil geopolítica mundial actual y la deteriorada competitividad de Costa Rica, nos debe hacer reflexionar sobre dónde nos encontramos y hacia dónde queremos ir.
La pandemia que nos tumbó evidenció desigualdades que hace tiempo Costa Rica pudo haber evitado. Si bien es cierto, en materia de salud y manejo sanitario hemos sido ejemplo para el mundo, gracias a la decisión de renunciar al ejército hace setenta y cinco años e invertir estos recursos en salud y educación, es, precisamente, en esta última materia, donde las desigualdades nos están pasando factura.
Frente a la nueva realidad de la educación en línea, Costa Rica se ha polarizado entre los que tienen o no acceso a Internet, a equipo de cómputo, a espacios de estudio adecuados y a buena alimentación y, como consecuencia, entre los que pueden o no sacar provecho de esta nueva modalidad de estudio, tanto en escuelas, como en colegios y universidades. ¡Para muestra un botón! Nuestro sistema de educación pública tuvo que improvisar para implementar cursos en línea, lo que ha ensanchado la brecha entre la educación pública y privada. Por otra parte, quedó en evidencia la deficiente capacidad de ejecución del estado costarricense en la inversión de recursos públicos para la conectividad nacional, a través de Fonatel.
En otro orden de ideas, nuestro principal socio comercial aceleró su viraje geopolítico hacia la desglobalización desde que Donald Trump asumió el poder en enero de 2017. En línea con lo anterior, Estados Unidos ha sido claro en que la globalización ya no sirve a sus intereses, y que las cadenas de valor globales deben permanecer cerca. La prioridad estadounidense de volver a generar fuentes de empleo para su población y países amigos cercanos nos debe hacer reflexionar sobre cuáles deben ser las bases para generar empleo con alto valor agregado.
Debemos evolucionar y pasar de ser un país de empleados a convertirnos en un país de empleadores, y esto únicamente se logra a través del fomento del emprendimiento con base en innovación, investigación científica y desarrollo tecnológico, y producto del trabajo en equipo entre la academia, el sector privado y el gobierno. ¡Cómo nos cuesta trabajar en equipo como país! Solamente superando la desconfianza y el egoísmo que nos inhibe de trabajar juntos, podremos convertirnos en un país competitivo cuya base principal sea el conocimiento.
El debate mundial que el COVID19 generó entre confinar a la población en sus casas ó reabrir la economía para evitar un deterioro económico de las personas y sus familias, nos llevó en Costa Rica a reflexionar sobre el estado de nuestras finanzas como país y la distribución del gasto estatal. El tsunami que enfrentamos nos pilló con poca maniobrabilidad financiera producto de un alto déficit fiscal, una deuda pública elevada como porcentaje del PIB, y un gasto poco flexible desde el punto de vista constitucional. Ha llegado la hora de redistribuir el gasto público para fomentar la investigación y el desarrollo en el área de la salud, aumentar los fondos disponibles para innovar en ciencia y tecnología, y reforzar el desarrollo de competencias laborales que le permitan a nuestra población especializarse y diferenciarse, a nivel global, por su conocimiento.
Si bien somos un país pequeño, y nos beneficiamos del comercio y la inversión internacional, es tiempo de tomar medidas estratégicas que nos permitan sobrellevar con creces las crisis que podrían sobrevenir en un futuro no muy lejano. El mundo cambia, y Costa Rica no debe ser la excepción.
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