Economía
El consumidor debe ser siempre el primero
RESUMEN
Sin duda, la suspensión judicial de la reducción de aranceles del arroz en el país genera preocupación. Dicha decisión, basada en suposiciones y sin considerar el impacto en los consumidores, refleja, indudablemente, tensiones entre los intereses de productores y los derechos de consumidores; por tanto, es necesario seguir insistiendo en la necesidad de crear políticas basadas en datos y análisis, que prioricen el bienestar general sobre intereses sectoriales.A pesar de que pronto finalizará mi etapa como diputado en la Asamblea Legislativa por las razones que he indicado y anunciado, esto no implica que mi voz se silenciará en los debates de trascendencia nacional.
Continuaré contribuyendo con mis opiniones y recomendaciones a través de la columna “Ala Liberal” en Primera Línea CR, siempre y cuando el espacio lo permita. Esta continuidad en mi participación seguramente el día de hoy no será del agrado de ciertos sectores, especialmente los burócratas de CONARROZ, ya que hoy retomo un tema que ha generado amplio debate en el ámbito público en las últimas horas.
El Tribunal Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda del Segundo Circuito Judicial de San José admitió una medida cautelar solicitada por un grupo de productores arroceros. Dicha medida suspende el decreto que reducía los aranceles de importación del arroz, con la consecuencia directa de afectar al consumidor final. La decisión judicial, al admitir la medida cautelar, presupone hechos sin fundamentos o evidencias concretas para justificar la suspensión del decreto, una acción que considero extremadamente peligrosa y un precedente preocupante.
La resolución judicial parece invadir el ámbito de la política pública que corresponde al Poder Ejecutivo. La frase contenida en la resolución “por cuanto con el paso del tiempo ha sido público y notorio la afectación del sector nacional productor de arroz…” revela un evidente sesgo en la decisión judicial.
Esta afirmación ignora los datos oficiales que muestran que Costa Rica no cuenta con ventajas competitivas ni comparativas en la producción arrocera a nivel internacional. Los números han indicado consistentemente, incluso antes de la implementación de la llamada Ruta del Arroz, que el rendimiento por hectárea en Costa Rica ha estado en declive, lo que subraya la falta de eficiencia del sector a nivel local.
Además, la resolución judicial asume, sin sustento alguno, que la disminución de aranceles no ha resultado en una reducción significativa en el precio del arroz para el consumidor. Esta suposición omite los datos y el verdadero impacto que la rebaja arancelaria ha tenido en el precio final al consumidor, rebajas que, cabe destacar, son reales y han permitido a los comercios ofrecer promociones y competir más libremente, beneficiando así directamente al consumidor.
Es crucial analizar el concepto de medidas cautelares y los criterios como el peligro en la demora, la apariencia de buen derecho y el daño grave. Sorprende que, en la evaluación de estos criterios, la jueza no considerara el impacto significativo que su decisión tendría en millones de consumidores de arroz en Costa Rica.
Las estadísticas oficiales revelan que, con la reducción de los aranceles, el consumo de arroz ha aumentado y el ahorro en los precios ha beneficiado principalmente a los deciles más vulnerables de la población costarricense.
Este caso es un ejemplo de cómo, en el contexto político nacional, a menudo se relegan los datos y la evidencia empírica en favor de narrativas emocionales que buscan proteger a minorías en detrimento de la mayoría.
Creo firmemente que el enfoque debería centrarse en proteger los intereses del consumidor, especialmente aquellos para quienes una pequeña diferencia en el precio del arroz tiene un impacto considerable en su economía personal. En Costa Rica, lamentablemente, son muchos los que se encuentran en esta situación.
Por lo tanto, es imperativo evitar caer en discursos que privilegian a un sector sobre otro. Todos somos importantes y, en última instancia, todos somos consumidores. Deberíamos abogar por un mercado abierto y competitivo que, a pesar de las fluctuaciones en el mercado internacional, siga promoviendo la reducción de precios y beneficie a todos los costarricenses.
Analizando más a fondo, la situación del sector arrocero en Costa Rica es compleja. Históricamente, ha estado marcada por una regulación que ha beneficiado a un número limitado de actores dentro de la cadena de producción, en su mayoría grandes productores e intermediarios, en detrimento del consumidor final y de los productores más pequeños y menos eficientes.
La liberación del mercado del arroz, simbolizada por la disminución de los aranceles de importación, pretendía introducir un elemento de competencia que podría haber llevado a una mejora en los precios al consumidor y a un estímulo para que el sector se volviera más eficiente y competitivo a nivel global ofreciendo productos de valor agregado.
La decisión de suspender este decreto a través de una medida cautelar, basada en presuposiciones sin fundamento y sin considerar el impacto en el consumidor, es un claro retroceso en este esfuerzo por liberalizar y dinamizar el mercado. Además, pone de manifiesto la tensión entre los intereses de los productores y los derechos de los consumidores, una dinámica que a menudo se ve influenciada por consideraciones políticas y económicas que van más allá del bienestar de la población.
El papel de las instituciones como CONARROZ, que tradicionalmente han tenido una influencia significativa en la política arrocera del país, debe ser revisado críticamente. En mi criterio, la institución debe cerrarse, para lo cual presenté el proyecto de ley 23.951. Y si no fuera así, su capacidad para influir en las decisiones políticas y regulaciones que afectan al sector debe equilibrarse con la necesidad de promover un mercado más justo y competitivo que beneficie a todos los costarricenses, no solo a un grupo selecto.
En conclusión, la decisión judicial de suspender la reducción de los aranceles de importación del arroz en Costa Rica es un recordatorio de la complejidad de equilibrar los intereses de diversos grupos dentro de la economía. Mientras que la protección de los productores nacionales es importante, no debe hacerse a expensas del consumidor. La política arrocera, como cualquier política pública, debe basarse en datos y análisis rigurosos, y debe tener como objetivo final el bienestar de la mayoría de la población. En este caso, el consumidor no debe quedar en último lugar.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.
Economía
Medicamentos: el camino correcto, con la receta equivocada
RESUMEN
Si el problema es la falta de competencia, la solución no puede ser sustituir el mercado por control permanente de precios. La prueba real no estará en el texto de la ley, sino en si logra facilitar la entrada de nuevos actores y reducir barreras. Porque abrir el mercado exige algo más difícil que regularlo: confiar en la competencia.
Costa Rica finalmente reconoció algo evidente: el mercado de medicamentos no está funcionando bien. Los precios son altos, la información es opaca y las barreras regulatorias dificultan que exista verdadera competencia.
El Expediente 23.234, aprobado en diciembre de 2025 y hoy convertido en la Ley de la República N.° 10.838, apunta en la dirección correcta. Busca fortalecer la competencia, mejorar la transparencia y ampliar el acceso. Permite la homologación de registros sanitarios extranjeros, habilita importaciones paralelas, incorpora mecanismos de información de precios y procura restringir prácticas que cierran el mercado.
Ese es el camino correcto.
Pero el problema nunca fue la falta de regulación.
El problema ha sido la rigidez del modelo regulatorio.
El diagnóstico es acertado
Durante años, el sistema ha operado bajo un esquema desproporcionadamente controlado, con procesos largos y costosos que elevan el precio final al consumidor.
Cuando registrar, importar o competir implica trámites complejos y validaciones redundantes, el resultado no es seguridad adicional: es menor competencia.
El proyecto reconoce esa realidad al abrir puertas a registros aprobados en otras jurisdicciones y al permitir importaciones paralelas. Esa señal es positiva: significa aceptar que Costa Rica no necesita reinventar la rueda cuando otras agencias regulatorias de alto estándar ya han hecho el trabajo técnico.
Eso es avanzar.
El problema no es la documentación
En materia de salud, exigir respaldo técnico no es un exceso: es responsabilidad. Para que un medicamento se comercialice en cualquier país serio, debe existir evidencia suficiente sobre calidad, seguridad y eficacia. Ese no es el corazón del debate.
El punto crítico no está en la documentación. Está en la arquitectura institucional que se creó para intervenir precios.
El verdadero riesgo: sustituir competencia por fijación
La Ley 10.838 busca promover competencia. Pero al mismo tiempo establece un mecanismo permanente para intervenir precios mediante una comisión especializada.
Y ahí surge la pregunta clave:
¿Puede un mercado volverse más competitivo si el precio pasa a depender de una instancia administrativa?
Más delicado aún: si quienes participan en esa instancia provienen del mismo sector regulado, el riesgo no es técnico, es estructural. La experiencia internacional demuestra que cuando el regulador y el regulado se mezclan, la competencia no se fortalece: se administra.
Costa Rica ya conoce este modelo. El funcionamiento del CTP ha mostrado cómo una estructura donde confluyen intereses del sector puede terminar afectando al usuario final, distorsionando incentivos y dificultando ajustes eficientes en precios y oferta.
Eso no necesariamente implica corrupción. Implica algo más sutil y más frecuente: captura regulatoria.
La señal que enviamos
Si el mensaje es que el mercado necesita abrirse, entonces el énfasis debería estar en eliminar barreras de entrada y simplificar reglas, no en consolidar un órgano permanente para decidir precios.
Porque cuando la competencia es real, los precios se corrigen por entrada de nuevos oferentes.
Cuando no lo es, terminamos dependiendo de una mesa técnica para “ajustarlos”.
El debate no es documentación sí o no.
El debate es si queremos más mercado o más administración del mercado.


Economía
EE.UU. sube el arancel… y nos baja a la realidad
RESUMEN
El arancel del 15 % dejó al descubierto lo que venimos postergando: una economía demasiado dependiente de un solo mercado y poco preparada para cambios externos. Más que un conflicto comercial, es una alerta sobre costos altos, trámites lentos y falta de estrategia. La respuesta pasa por bajar costos, modernizar la producción y diversificar alianzas para no quedar vulnerables cada vez que EE.UU. mueve una ficha.
El nuevo arancel del 15 % impuesto por Estados Unidos no es solo una fricción comercial: es un recordatorio incómodo de la fragilidad de nuestro modelo económico. Durante décadas apostamos a una relación preferencial con un único socio, convencidos de que esa cercanía bastaba para blindarnos. Hoy vemos el costo de esa excesiva dependencia: cuando Washington estornuda, Costa Rica tiembla.


El golpe no llega por sorpresa. Mientras otros países diversificaron mercados, modernizaron su logística y redujeron costos estructurales, Costa Rica avanzó poco o nada. Seguimos con una electricidad 75 % más cara que la estadounidense, trámites que restan competitividad, y cuellos de botella que vuelven más caro cada minuto que un producto tarda en salir del país.
No es extraño que, en un contexto geopolítico más duro, el desbalance comercial se convierta en un arma. Y esta vez nos tocó estar del lado débil.
Pero esta crisis arancelaria revela algo más profundo: un país con competitividad estancada, instituciones lentas para responder al entorno internacional y un modelo que ha dejado de ser resiliente ante choques externos.
El problema no está solo en Washington; está aquí mismo, en nuestra incapacidad de ajustar el rumbo a tiempo.

La salida requiere más que diplomacia. Implica abrir el mercado eléctrico, reducir costos que hoy asfixian la producción, y acelerar las mejoras en infraestructura, aduanas y rutas estratégicas. Implica también reconfigurar las cadenas de suministro para incorporar insumos provenientes de EE.UU., y fortalecer a los proveedores locales para que logren encadenarse a sectores de mayor valor.


Y, sobre todo, significa dejar atrás la complacencia. El comercio también se defiende con geopolítica: ampliando alianzas, diversificando inversión extranjera y actuando con visión estratégica en un mundo donde la economía y la política ya no están separadas.
Este arancel no es una catástrofe, pero sí una advertencia.
Podemos tratarlo como un incidente pasajero o reconocerlo por lo que realmente es: una señal de que Costa Rica necesita modernizar su estructura productiva si quiere seguir jugando en las grandes ligas. La decisión, como siempre, es nuestra.
Economía
Un país con 35+ instituciones sociales… y nadie al mando
RESUMEN
Costa Rica no sufre por falta de instituciones, sino por un modelo que reparte funciones sin repartir responsabilidades. La mezcla de entes sociales y rectores fuera de lugar creó un sistema donde nadie controla el rumbo y todos justifican su existencia. Mientras la pobreza apenas empieza a moverse, seguimos sin una estructura capaz de sostener avances ni de rendir cuentas. Lo urgente no es sumar más organismos, sino exigir dirección, orden y resultados reales para las personas, no para la burocracia.
Costa Rica lleva décadas construyendo una red interminable de instituciones para “atender lo social”. Hoy son 13 sectores y 35 entes públicos que supuestamente deberían combatir pobreza, proteger a la niñez, asegurar vivienda, velar por derechos humanos, impulsar empleo y más. La pregunta es inevitable: ¿y los resultados?

La imagen lo deja en evidencia: estamos ante un sistema fragmentado, duplicado y sin responsables claros. Un rompecabezas institucional donde cada pieza depende de otra, pero ninguna responde por el cuadro completo. Y esa ausencia de rectoría no es casual: es estructural.
Veamos el detalle por sector a atender:
- Adulto Mayor:
- Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (CONAPAM)
- Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS)
- Junta de Protección Social (JPS)
- Agro:
- Instituto de Desarrollo Rural (INDER)
- Asuntos Indígenas:
- Comisión Nacional de Asuntos Indígenas (CONAI)
- Derechos Humanos (DDHH):
- Defensoría de los Habitantes
- Mecanismo Nacional de Prevención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes
- Discapacidad/Salud
- Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA)
- Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS)
- Consejo Nacional de Personas con Discapacidad (CONAPDIS)
- Patronato Nacional de Ciegos (PANACI)
- Centro Nacional de Recursos para la Educación Inclusiva (CENAREC)
- Educación:
- Centro Nacional de Recursos para la Educación Inclusiva (CENAREC)
- Consejo Nacional de Clubes 4-S (CONAC 4S)
- Instituto Nacional de Aprendizaje (INA)
- Ministerio de Educación Pública (MEP)
- Comisión Nacional de Préstamos para Educación (CONAPE)
- Empleo:
- Agencia Nacional de Empleo
- Consejo Nacional de Salarios
- Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS)
- Financiamiento:
- Banco Hipotecario de la Vivienda (BANHVI)
- Comisión Nacional de Préstamos para Educación (CONAPE)
- Dirección Nacional de Desarrollo de la Comunidad (DINADECO)
- Fondo de Desarrollo de la provincia de Limón (FODELI)
- Junta de Protección Social (JPS)
- Junta de Desarrollo Regional de la Zona Sur (JUDESUR)
- Mujeres:
- Consejo Interinstitucional de Atención a la Madre Adolescente
- Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU)
- Comisión Nacional Interinstitucional para atender a las mujeres en condiciones de pobreza
- Niñez/Juventud:
- Consejo Nacional de Política Pública de la Persona Joven
- Patronato Nacional de la Infancia (PANI)
- Centros de Educación y Nutrición y de Centros de Nutrición y Atención Integral (CEN-CINAI)
- Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil (REDCUDI)
- Fondo de Desarrollo de la provincia de Limón (FODELI)
- Consejo Nacional de Clubes 4-S (CONAC 4S)
- Pobreza:
- Centros de Educación y Nutrición y de Centros de Nutrición y Atención Integral (CEN-CINAI)
- Comisión Nacional Interinstitucional para atender a las mujeres en condiciones de pobreza
- Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS)
- Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil (REDCUDI)
- Sistema Nacional de Información y Registro Único de Beneficiarios del Estado (SINIRUBE)
- Seguridad:
- Ministerio de Justicia y Paz
- Unidad Ejecutora del Programa de Seguridad Ciudadana y Prevención de la Violencia (UEP)
- Vivienda:
- Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU)
- Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (MIVAH)
- Banco Hipotecario de la Vivienda (BANHVI)
Y para terminar de completar el panorama además de esas 35 instituciones, hay que sumar a los rectores políticos y administrativos que —en teoría— deberían ordenar este desmadre: Casa Presidencial, Asamblea Legislativa, MAG, JAPDEVA, Ministerio de Salud y Ministerio de Cultura y Juventud. Y la pregunta obvia es qué hacen estos rectores metidos en este baile cuando sus funciones se enfocan en otro lado. Ahí es donde más fácil queda retratado que la política ha sido: ante un problema, inventemos una institución; si no funciona, inventemos otra. Y así llegamos a este punto.
Todos estos entes tienen poder de decisión, pero operan en una lógica donde la responsabilidad siempre se diluye.

Mientras tanto, la realidad es incómoda:
- La pobreza estuvo estancada por encima del 20% durante años.
- Ahora bajó, pero el Estado de la Nación advierte que no tenemos manera de saber si es sostenible.
- Y el sistema social sigue evaluándose por la cantidad de beneficios otorgados, no por cuántas personas dejan de necesitar los apoyos.
La consecuencia es obvia: El único problema económico que sí estamos resolviendo es el de los burócratas que operan estas instituciones, no el de las familias que quieren salir adelante.
Porque en un país tan pequeño, la fragmentación es más que un defecto de diseño: es una forma de evitar responsabilidades. Cada institución tiene objetivos, presupuestos y mandatos propios, pero nadie responde por los resultados finales. Nadie. Y sin responsables, no hay mejoras, no hay eficiencia y no hay justicia social verdadera.
Costa Rica necesita, con urgencia, una revisión profunda del sistema social.
No para crear más instituciones, sino para exigir:
- Rectoría real
- Coordinación efectiva
- Evaluación por resultados
- Responsables definidos
La pobreza no se combate con más logos. Se combate con decisiones claras, instituciones que funcionen y un Estado que rinda cuentas.
En Primera Línea seguiremos poniendo orden en el mapa.
Porque alguien tiene que hacerlo.
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