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Política

Guía para dejar de ser indeciso sin morir en el intento

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Tiempo de lectura: 7 min

 

RESUMEN

La indecisión no es falta de interés, es resistencia a decidir mal. En un escenario saturado de ruido, promesas y emociones prefabricadas, tomarse el tiempo para pensar el voto se vuelve un acto de responsabilidad. No para encontrar certezas —que no existen— sino para asumir la decisión con criterio, conciencia y sin delegarla al azar.


Faltan pocas semanas para el 1 de febrero de 2026. Ese domingo, Costa Rica por fin elegirá Presidencia, dos Vicepresidencias y 57 diputaciones, en una jornada continua de 6:00 a. m. a 6:00 p. m. Y, sin embargo, un dato domina el ambiente: la indecisión es el bloque más grande. En el estudio del CIEP-UCR, publicado el 3 de diciembre de 2025, el 45% de quienes dicen que van a votar seguían sin saber por quién hacerlo. Confieso que yo soy uno de ellos, aún al día de hoy.

Muchos lo dicen con vergüenza, como si estar indeciso fuera un defecto moral; yo no. No lo es. La indecisión es un síntoma de prudencia: la mente se resiste a entregar un cheque en blanco. El problema es otro: cuando la indecisión se vuelve parálisis, y la parálisis se vuelve abstención o voto impulsivo. Ahí sí perdemos todos.

La campaña, los debates, la proliferación de medios no están diseñados para ayudar a pensar. Están diseñados para capturar la atención. Para ganar por esperanza, por odio o por miedo. El ruido —encuestas contradictorias, clips de indignación, verdades repetidas hasta sonar indiscutibles— termina decidiendo por quien no se toma un tiempito para poner filtros.

Esta guía de último momento que me inventé no es un manual. Es eso: una guía alimentada por muchas cosas que he escrito en el pasado. No es para votar “bien”. No hay voto bueno ni voto malo, sin importar lo que diga la gente. Es para votar con criterio

Para pasar del “no sé” a una decisión defendible. Y para no sucumbir en el intento, recordando que el voto es un derecho único e intransferible. Es una de las decisiones más íntimas que tomamos cuando nadie más está viendo.

Antes de elegir candidatos, elijamos lo que nos importa

En política, lo que nos importa vale más que el resultado. Un elector sin prioridades es presa fácil de la última polémica, del último video, de la última encuesta, del último tuit (sí, ya sé que no se llaman así).

    Les propongo una regla simple: no decidir por acumulación de impresiones; decidir por evaluación de criterios.

    Eso implica dos decisiones prácticas:

    • Definir 3 prioridades máximas. Tres, no veinte (ej.: costo de vida, salud, seguridad, educación, etc.). Si todo es prioridad, nada es prioridad.
    • Definir 3 filtros transversales: condiciones mínimas que usted no negocia en ningún ámbito (ética, respeto institucional, viabilidad fiscal, etc.).

    Con eso ya ganó la mitad de la batalla: el ruido y qué tan bien o mal me cae el candidato dejan de ser la cancha

    Separar lo emocional de lo esencial (sin negar lo emocional)

    La política no es un debate racional. Hace tiempo dejó de serlo. Las campañas son un show; la forma, desgraciadamente, sustituye al fondo. La pregunta no es si usted va a sentir algo. La pregunta es si va a permitir que ese sentimiento defina su voto.

    Un atajo útil —incómodo pero real— es este: pregúntese cómo vive la política quien no tiene mis privilegios, quien no tiene dónde dormir. Piense. A veces nos dejamos llevar solo porque nos cae mal un candidato, no por cómo responde a lo que nos importa.

    En campaña es usual discutir formas, tonos, modales desde posiciones de privilegio; desde pedestales de moralidad. Para la gran mayoría, lo que importa es si alcanza para pagar la luz, el agua, la comida; si hay seguridad para volver a casa; si el EBAIS atiende; si hay empleo.

    Entonces, sí: escuche su emoción. Pero sométala a examen. Porque el país no se gobierna con catarsis.

    Manual presidencial: 10 elementos para valorar

    • Liderazgo: carácter bajo presión, no carisma en tarima. Liderazgo no es popularidad. Es sostener decisiones difíciles con estabilidad emocional, sin vivir culpando a otros. Prueba concreta: cuando enfrenta una crisis o una pregunta incómoda, ¿se ordena o se descompone? ¿Responde o actúa como comentarista de su propia vida? Alerta roja: prometer “mano dura” para todo sin autocontrol para nada.
    • Capacidad de formar equipos: gobernar es deporte colectivo. La campaña vende “una persona”; el gobierno es un equipo. Un círculo cerrado gobierna desde la improvisación. Pregunta operativa: ¿a quién puede atraer? ¿a quién le creen los profesionales serios? Atajo: revise quiénes le acompañan cuando no hay cámaras.
    • Gobernabilidad: aritmética legislativa y capacidad de construir mayorías. Costa Rica no premia al iluminado; premia al que logra acuerdos. No se trata de “renunciar a convicciones”; se trata de entender que sin Asamblea no hay agenda. Y que la Asamblea no se mueve por genialidades individuales, sino por mayorías construidas. Alerta roja: el candidato que gana puntos peleándose con todo el mundo en campaña suele quedarse solo gobernando.
    • Coherencia programática: prioridades, números y tiempos que cierren. Un programa no es un contrato, pero sí es una radiografía de coherencia. Sirve para separar el discurso fácil del pensamiento estructurado. No pida una tesis; pida tres cosas: prioridades claras, una ruta temporal razonable y consistencia con la realidad fiscal. Alerta roja:prometer todo, rápido y sin costo.
    • Viabilidad fiscal: el país no aguanta fantasías presupuestarias. Si una propuesta implica gastar más, pregunte: ¿de dónde sale? Si no hay respuesta, no hay plan; hay marketing.
    • Respeto institucional: firmeza sin demolición. La democracia no se defiende con discursos; se defiende ejerciéndola. El presidente administra el conflicto, no lo convierte en doctrina. Evalúe si el candidato entiende de límites, controles y pesos institucionales, o si sueña con gobernar sin fricciones. Alerta roja: quien necesita enemigos permanentes para explicar todo.
    • Ética y manejo de poder: brújula, no maquillaje. La ética no es un accesorio. Es lo que evita que las presiones económicas, mediáticas y partidarias lo doblen. En un sistema presidencialista, una mala brújula se paga caro. Atajo práctico: mire cómo trata a quienes le contradicen. Ahí aparece el carácter real.
    • Seguridad: enfoque, coordinación y resultados medibles. Si la inseguridad es una preocupación central para la ciudadanía, no basta con “mano dura”. Pida metas: homicidios, extorsión, decomisos, tiempos de respuesta, coordinación interinstitucional. Sin indicadores, lo demás es retórica.
    • Economía real: entender lo que cuesta producir. Una pregunta brutalmente útil: ¿esta persona entiende lo que significa pagar salarios, pagarle a la Caja, cumplir regulaciones, absorber costos y vivir con incertidumbre? Si no lo entiende, tenderá a gobernar con abstracciones. Esto suele ser el caso de quien NUNCA ha puesto un pie en el sector privado.
    • Preparación: disciplina intelectual y humildad operativa. Gobernar exige conocimiento del Estado, del presupuesto, del derecho administrativo y de la lógica de la gestión pública. No se necesita un académico; se necesita alguien que se tome en serio gobernar.

    Manual legislativo: cómo elegir diputados sin caer en la trampa del show

    Aquí solemos fallar más. Votamos por el “más mediático”, el “más bravo”, el “mejor orador”. Y luego nos extrañamos de la ineficacia.

    La experiencia legislativa enseña algo incómodo: las destrezas más premiadas por la opinión pública no siempre son las que sostienen el trabajo real. Lo que define la eficacia es leer contextos, tender puentes y sostener convicciones bajo presión.

    Paquete mínimo sugerido:

    • Base técnica sólida y consistencia ideológica (condición necesaria). Si va a hablar de finanzas públicas, debe entender impuestos, déficit, deuda y crecimiento. Si va a hablar de seguridad social, debe conocer la estructura y autonomía de la Caja. Si invoca libre competencia, debe conocer el marco constitucional y legal. Si dice que es liberal, que después no aparezca ondeando una bandera de un partido de izquierda (perdón, no me pude resistir).
    • Humildad: servicio, no ego. Un diputado no está para “coleccionar aplausos fáciles”. Está para servir.
    • Claridad sobre a quién representa. No se representa a mismo, ni a su tribu ni a su burbuja. Representa al país entero. Eso implica decir “no” a presiones cuando chocan con el interés general.
    • Autenticidad: el antídoto contra el diputado rehén del like. El diputado que vive buscando titulares termina siendo rehén de la coyuntura. El puesto tiene fecha de expiración; la coherencia es lo único que sobrevive.
    • Escucha activa y trabajo en equipo. En parlamento, escuchar pesa tanto como hablar. Y sin trabajo entre las bancadas, las ideas no caminan.
    • Ética: el fundamento. Sin ética, todo lo demás es decorativo. 

    Un sistema de decisión en 60 minutos (sí, 60)

    Si usted está indeciso hoy, le dejo esta propuesta:

    • Elija 3 candidatos presidenciales finalistas. No diez. Tres.
    • Póngales puntaje (0–5) en los 10 elementos presidenciales de esta guía.
    • Elija 2 partidos para diputaciones (por provincia) y repita el ejercicio con el paquete legislativo (técnica + cualidades).
    • Descarte por “líneas rojas” (transversalidades). Si falla ética o respeto institucional, no hay puntaje que compense.
    • Valide con una conversación: hable con dos personas sensatas que piensen distinto. No para que lo convenzan; para detectar puntos ciegos.

    Esto convierte la elección en un acto adulto: imperfecto, pero defendible.

    Antídotos contra el ruido: cinco reglas de higiene mental:

    • No decida por la “Alka Seltzer del día”. La última polémica es una trampa. El último video también lo es.
    • No idolatre. El fanatismo es pereza intelectual.
    • Desconfíe de las promesas que ignoran restricciones presupuestarias.
    • Priorice propuestas que respondan a problemas reales, no a aplausos rápidos.
    • Recuerde el punto central: la abstención es la mejor aliada de quienes quieren que nada cambie.

    Votar y no sucumbir.

    El 1 de febrero de 2026 usted recibirá dos papeletas (Presidencia/Vicepresidencias y Diputaciones). Llegue con decisión tomada. No la “termine de cocinar” en media fila. Porque ahí manda el ruido: el comentario, el rumor, la ocurrencia.

    Y si hoy, leyendo esto, usted todavía siente que “no sabe”, quédese tranquilo: no está tarde. La indecisión masiva existe.

    La democracia no se hereda como una finca. Se trabaja como una empresa: con información, método, rendición de cuentas y decisiones bajo incertidumbre. Nadie le puede prometer certeza. Pero sí puede exigirse a usted mismo una cosa: que su voto no sea un accidente.

    Ese, al final, es el estándar mínimo de ciudadanía adulta. En Costa Rica, hoy, ese estándar ya sería una reforma profunda.


    Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

    Jorge Dengo Rosabal, Ex-Diputado. Abogado por la Universidad Escuela Libre de Derecho, MBA con énfasis en finanzas y mercadeo por la Universidad Latina, Máster en Derecho la Competencia por la Universidad de Melbourne, Australia; Experto en Derecho de Competencia por la Universidad Carlos III, España y especialista en análisis de políticas públicas por London School of Economics

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    Política

    ABC legislativo: el periodo constitucional legislativo y presidencial

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    Publicado

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    Tiempo de lectura: 5 min

     

    RESUMEN

    El verdadero peso del proceso legislativo no está en el Plenario, sino en las comisiones, donde se filtran, moldean y definen las decisiones clave antes de su aprobación.


    El pasado 8 de abril del presente año, el Tribunal Supremo de Elecciones entregó las credenciales como diputados de la República para el periodo constitucional 2026-2030 a las personas electas en los comicios del 1.° de febrero. En esa ceremonia también quedó definido el directorio legislativo provisional que dirigirá la sesión solemne del 1.° de mayo, fecha en que inicia el nuevo periodo constitucional.

    En esta entrega de ABC Legislativo, abordaremos algunos detalles sobre las sesiones del 1.° de mayo, día en que asumen las nuevas diputaciones, así como la del 8 de mayo, cuando se realiza el traspaso de poderes entre la administración saliente y las nuevas autoridades.

    La Asamblea y el 1.° de mayo

    Además de su significado global por la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores, el 1.° de mayo marca una serie de inicios clave dentro de la Asamblea Legislativa.

    En primer lugar, comienza un nuevo periodo constitucional, es decir, los cuatro años durante los cuales ejercen funciones las diputaciones electas. El periodo 2022-2026, iniciado el 1.° de mayo de 2022, concluirá el jueves 30 de abril de 2026. A partir del viernes 1.° de mayo de 2026 iniciará el nuevo periodo 2026-2030, que se extenderá hasta el 30 de abril de 2030.

    Ese mismo día también inicia una nueva legislatura, entendida como el año legislativo. Cada legislatura comienza el 1.° de mayo y finaliza el 30 de abril del año siguiente. Por tanto, el próximo 1.° de mayo no solo concluye el periodo constitucional 2022-2026, sino también la legislatura 2025-2026. Con ello, se abre el periodo de ejercicio de los cargos del Directorio Legislativo, cuyos integrantes se renuevan al inicio de cada legislatura.

    Además, el 1.° de mayo da paso a un nuevo periodo legislativo, que corresponde a bloques de tres meses en los que se alterna el control de la agenda parlamentaria. Estos se dividen en sesiones ordinarias y sesiones extraordinarias, organizadas de la siguiente manera:

    • Del 1.° de mayo al 31 de julio: sesiones extraordinarias
    • Del 1.° de agosto al 30 de octubre: sesiones ordinarias
    • Del 1.° de noviembre al 31 de enero: sesiones extraordinarias
    • Del 1.° de febrero al 30 de abril: sesiones ordinarias

    Así, el próximo 1.° de mayo coincide con el cierre del segundo periodo de sesiones ordinarias de la legislatura 2025-2026, así como con el cierre tanto de la legislatura como del periodo constitucional. Este punto es relevante porque, durante las sesiones ordinarias, el control de la agenda lo ejercen los diputados, mientras que en las sesiones extraordinarias corresponde al Poder Ejecutivo definir qué proyectos se discuten.

    Traspaso del poder

    En Costa Rica, el inicio de un nuevo periodo constitucional implica también la entrada en funciones de las nuevas autoridades de gobierno, electas por voto popular. Este diseño garantiza una transición ordenada, constitucional y jurídicamente sólida entre administraciones.

    Gracias a esta estructura, el país ha mantenido un prolongado periodo de estabilidad democrática, ya que los mecanismos de inicio y finalización del poder están claramente establecidos tanto en la Constitución Política como en el Reglamento de la Asamblea Legislativa.

    En el caso de las diputaciones, aunque no existe un traspaso formal, sí se produce un cambio en las personas que ocupan el cargo. De acuerdo con el artículo 116 de la Constitución Política, estas asumen sus funciones en la sesión solemne del 1.° de mayo, tras haber recibido sus credenciales por parte del Tribunal Supremo de Elecciones.

    Durante esa sesión se define el Directorio Legislativo. El Directorio Provisional tiene la tarea de verificar la asistencia inicial de los diputados, con base en la nómina enviada por el Tribunal, y de realizar la juramentación constitucional. Los diputados prestan juramento ante este órgano, una vez que su presidente haya sido juramentado ante la Asamblea.

    Por su parte, el artículo 136 de la Constitución establece que el 8 de mayo deben asumir sus cargos el Presidente y los Vicepresidentes electos, momento en el cual cesan las autoridades salientes. Este acto se realiza ante la Asamblea Legislativa, según el artículo 137, aunque, de no ser posible, se llevaría a cabo ante la Corte Suprema de Justicia, asegurando así la continuidad institucional.

    El Directorio Legislativo

    La Asamblea Legislativa, como primer poder de la República, cuenta con autonomía para organizar su funcionamiento interno. Esta organización se rige por el Reglamento de la Asamblea Legislativa, el cual solo puede modificarse con el voto favorable de al menos 38 diputaciones.

    El Directorio Legislativo funciona como la cabeza administrativa y política del Congreso. Entre sus funciones están aprobar contrataciones, gestionar recursos, velar por el cumplimiento del reglamento y dirigir la acción política del órgano legislativo.

    Este Directorio se elige cada 1.° de mayo en sesión solemne. Las candidaturas suelen ser propuestas por diputados de los respectivos partidos, y resultan electas aquellas personas que obtienen la mayoría de los votos presentes.

    En cuanto a la dirección de la sesión, el directorio saliente cumple esa función. Sin embargo, en la primera sesión de un nuevo periodo constitucional, el artículo 15 del Reglamento establece que el directorio provisional estará integrado por los seis diputados de mayor edad electos como cabeza de sus papeletas. El de mayor edad ejercerá la Presidencia, seguido en orden decreciente por los demás cargos.

    Con base en este criterio, el Tribunal Supremo de Elecciones definió el Directorio Legislativo provisional de la siguiente forma:

    • Presidencia: Ronald Alberto Campos Villegas (PLN)
    • Vicepresidencia: Janice Patricia Sandí Morales (PLN)
    • Primera Secretaría: José Miguel Villalobos Umaña (PPSO)
    • Segunda Secretaría: María Eugenia Román Zamora (FA)
    • Primera Prosecretaría: Marta Eugenia Esquivel Rodríguez (PPSO)
    • Segunda Prosecretaría: Nogui Acosta Jaen (PPSO)

    Este grupo será el encargado de dirigir la elección del Directorio definitivo para la legislatura 2026-2027, el cual tendrá entre sus primeras funciones declarar abierto el periodo de sesiones extraordinarias.

    La sesión solemne

    El Reglamento de la Asamblea Legislativa establece en su artículo 11 las condiciones para la sesión solemne del 1.° de mayo. Esta tiene como objetivos la elección del Directorio Legislativo, la apertura del periodo legislativo y el anuncio del mensaje presidencial, según lo dispuesto en la Constitución.

    Las diputaciones deben seguir un protocolo definido por el Directorio Legislativo, conforme al artículo 26 del reglamento, que incluye aspectos como vestimenta, horarios y otras disposiciones generales.

    Finalmente, una vez instalada la nueva Asamblea Legislativa, se comunica formalmente a los demás poderes de la República y al Tribunal Supremo de Elecciones la apertura de sesiones de dos tercios de las diputaciones (38 votos), permitiendo así su entrada en vigor como ley.


    Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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    Política

    El país no puede seguir preso de las expropiaciones

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    Tiempo de lectura: 5 min

     

    RESUMEN

    El problema no es expropiar, es hacerlo tarde y mal. Sin capacidad para disponer del terreno a tiempo, cualquier obra termina costando más y llegando después.


    Costa Rica tiene una extraña habilidad para sobrereflexionar hasta convertir lo urgente en eterno. Habla de competitividad, de infraestructura, de atracción de inversión y de calidad de vida, pero cuando llega el momento de corregir uno de los nudos que más atrasan la obra pública, aparecen los apóstoles del no. 

    Por eso, el expediente 24.669, presentado por el diputado Luis Diego Vargas y ya dictaminado en la Comisión Especial de Infraestructura, merece ser aprobado. No porque sea perfecto, sino porque enfrenta un problema real que el país ha tolerado durante demasiado tiempo: la incapacidad de adquirir a tiempo los terrenos necesarios para construir. El proyecto busca regular la adquisición, la donación y la expropiación forzosa de bienes por causa de interés público legalmente comprobado.

    Lo central aquí no es jurídico en sentido estricto, sino estratégico. El proyecto parte de una verdad incómoda: en Costa Rica, la tardanza y la insuficiencia en la disponibilidad física de terrenos frenan proyectos de infraestructura pública, especialmente en zonas urbanas, y esa realidad se ha agravado por la judicialización de los procesos. 

    El texto intenta corregir eso sin eliminar la intervención judicial, sino redimensionándola para que el juez conozca la discusión sobre el monto, sin que cada desacuerdo termine paralizando obras enteras. Además, establece un incentivo de hasta un 10% sobre el avalúo para estimular la venta voluntaria y prevé un plazo de cinco días hábiles para que el administrado manifieste su conformidad con el justiprecio antes de pasar a la fase judicial especial.

    Traducido en cristiano: esta ley no busca atropellar la propiedad privada

    Busca que el interés público deje de caminar con grilletes. Propone que el Estado negocie primero, luego incentive y, solo si no hay acuerdo, expropie bajo un procedimiento más útil. Ese enfoque es más sensato que el modelo actual, que combina burocracia, litigio, demora y sobrecostos hasta volver ridícula cualquier aspiración de ejecución seria. Quien quiera un ejemplo de lo que implica seguir como estamos no tiene que imaginar nada. Basta revisar la historia reciente de nuestra infraestructura vial.

    Cuando el terreno frena al país

    Ahí está Circunvalación Norte. La obra acumuló 3.254 días de atraso y las expropiaciones fueron la principal causa de esa demora. A esto se sumaron reclamos económicos del contratista por costos indirectos vinculados, entre otros factores, a expropiaciones y reubicación de servicios. Esto significa que el problema no es solo tiempo. Es también plata. Plata pública. Plata que termina saliendo del bolsillo de todos por no resolver a tiempo algo tan elemental como la disponibilidad del terreno.

    Ahí está también Barranca-Limonal, un proyecto clave para la Interamericana Norte. En 2021, solo 38 de 396 predios requeridos estaban en manos del Estado, es decir, ni siquiera el 10% del total. Y todavía en 2025, el nuevo esquema licitatorio tuvo que separar obras principales y marginales porque seguían existiendo terrenos pendientes de expropiar. Otra vez lo mismo: la carretera no se atrasa porque el país no entienda su importancia, sino porque el Estado sigue sin contar con una herramienta suficientemente eficaz para disponer del suelo a tiempo.

    El caso de la Ruta 32 es todavía más elocuente. En 2022, el Conavi aceptó un reclamo por atrasos en expropiaciones y prorrogó la conclusión de la obra. Para entonces, de 578 terrenos requeridos, solo 118 estaban en manos del Estado. En 2024 aún quedaban 134 gestiones pendientes de un total de 496 terrenos. Y en 2022 se registraban 372 expropiaciones pendientes, atrapadas en una maraña de ocho dependencias estatales. Ese es el verdadero rostro del problema: no una discusión teórica, sino un sistema incapaz de moverse con la velocidad mínima que exige una obra estratégica.

    Y si alguien cree que esto solo explica el pasado, que vea San José–San Ramón. En febrero de 2026, el propio MOPT defendía ante diputados un plan de expropiaciones para esa ampliación, mientras Mideplán indicaba que existían 503 expropiaciones pendientes en los 55 kilómetros del proyecto. Es decir, no estamos ante una patología superada, sino frente a un obstáculo vigente, actual y decisivo para obras futuras. Si esta ley logra reducir tiempos, ordenar procedimientos y favorecer acuerdos voluntarios antes de la judicialización, el beneficio país sería inmediato.

    Entre la tutela y la parálisis

    Por eso cuesta tomar en serio a quienes adversan el proyecto como si defendieran una gran causa. En demasiados casos, lo que están defendiendo, consciente o inconscientemente, es la preservación del atasco. El Colegio de Abogados hizo observaciones de técnica legislativa atendibles: advirtió que regular en una sola ley la compra directa, la donación y la expropiación puede afectar el orden y la claridad del objeto regulado, e incluso generar doble regulación con materias ya cubiertas por la Ley General de Contratación Pública. Muy bien. Que se afine la redacción. Que se mejore. Pero eso no es una condena de fondo, sino una advertencia técnica, no una excusa para seguir en el pantano.

    Ese es justamente el problema del debate costarricense. Aquí demasiada gente confunde una observación técnica con un permiso moral para no hacer nada. 

    Se toma una salvedad razonable, se exagera, se dramatiza y se usa como coartada para sostener el statu quo. Y el statu quo, en este caso, es desastroso. Es un país donde una carretera estratégica puede quedar atrapada durante años porque cada desacuerdo individual, cada expediente y cada oficina involucrada tienen poder real para frenar el interés público. Eso no es garantía. Eso es impotencia estatal, y la impotencia estatal también genera daño social, económico y territorial.

    Seamos claros: la propiedad privada (lo más sagrado para este servidor junto con la vida) merece tutela. La indemnización justa es obligatoria.

    El control judicial debe existir. Pero nada de eso significa que el procedimiento deba estar diseñado para que el país nunca termine una obra a tiempo. 

    La Constitución protege la propiedad; no consagra un derecho a inmovilizar indefinidamente proyectos de interés público. Una democracia madura no renuncia a expropiar: expropia cuando corresponde, indemniza como debe y ejecuta sin pedirle permiso al atraso.

    Este proyecto merece aprobarse porque entiende esa realidad. Porque apuesta primero por la negociación, introduce incentivos económicos y ordena la intervención judicial sin convertir cada controversia en un veto material. Y porque Costa Rica ya tiene suficientes pruebas de lo que cuesta no corregir esto: Circunvalación Norte, Ruta 32, Barranca-Limonal y San Ramón son recordatorios demasiado caros de que seguir igual no es una opción seria.

    La Asamblea Legislativa tiene aquí una oportunidad poco frecuente de hacer algo realmente útil. De cerrar con una buena nota. 

    Puede pulir el texto, por supuesto. Debe hacerlo. Pero debería aprobarlo. Porque si vuelve a ceder ante los reflejos del miedo, de la pereza mental o del fetichismo procedimental, estará haciéndole un favor no al país, sino al atraso. Y a estas alturas, seguir protegiendo el atraso con lenguaje jurídico elegante ya no es prudencia. Es complicidad.


    Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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    Política

    ABC legislativo: las comisiones

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    Tiempo de lectura: 3 min

     

    RESUMEN

    El verdadero peso del proceso legislativo no está en el Plenario, sino en las comisiones, donde se filtran, moldean y definen las decisiones clave antes de su aprobación.


    Los proyectos de ley siguen un procedimiento administrativo que permite articular de forma ordenada las etapas de análisis, consulta, discusión y deliberación. En la mayoría de las iniciativas que se tramitan en la Asamblea Legislativa, este proceso se desarrolla principalmente en las comisiones legislativas, espacios donde se realiza un estudio previo para determinar si el proyecto debe pasar al Plenario Legislativo y en qué términos debería votarse.

    Como vimos en la entrega anterior, todo proyecto de ley se incorpora a un expediente legislativo que se remite a una comisión para su análisis preliminar. Una vez que los proyectos son dictaminados, concluyen de forma momentánea su paso por esta instancia. En esta entrega abordamos los principales aspectos de las comisiones: cuáles son, cuántas existen, qué funciones cumplen y cómo se integran.

    Comisiones para todo

    En la Asamblea Legislativa existen comisiones para casi cualquier materia, aunque no todas funcionan de la misma manera. Sus facultades provienen de la Constitución Política, que autoriza tanto el conocimiento de proyectos de ley como la creación de comisiones investigativas.

    Las comisiones se agrupan de la siguiente forma:

    • Comisiones Permanentes Ordinarias: Asuntos Sociales, Asuntos Jurídicos, Asuntos Económicos, Asuntos Agropecuarios y Asuntos Hacendarios.
    • Comisiones Permanentes Especiales: Discapacidad, Tecnología y Educación, Derechos Humanos, Seguridad y Narcotráfico, Municipales, Turismo, Ambiente, Nombramientos, Juventud, Mujer, Ingreso y Gasto Público, Relaciones Internacionales y Comercio Exterior, Honores y Redacción.
    • Comisiones Especiales: Se crean mediante acuerdo legislativo, tienen un plazo definido y responden a un objetivo específico establecido en su expediente de creación. Pueden analizar proyectos concretos o realizar investigaciones de control político, incluyendo procedimientos constitucionales como el levantamiento de inmunidad a miembros de los Supremos Poderes.
    • Comisiones con potestad plena: Son tres (Plena I, Plena II y Plena III) y funcionan como “miniplenarios”. Tienen la facultad de aprobar proyectos de ley y se integran proporcionalmente según las fracciones del Plenario. Sin embargo, existen límites sobre las materias que pueden conocer. Por ejemplo, no pueden abordar temas como:
      • Materia electoral.
      • Creación o modificación de impuestos nacionales.
      • Facultades del artículo 121 (incisos 4, 11, 14, 15 y 17) de la Constitución, como la aprobación de empréstitos, tratados internacionales o contratos de servicios públicos.
      • Convocatoria a una Asamblea Constituyente o reforma parcial de la Constitución Política.

    En esencia, la Constitución reserva al Plenario aquellas decisiones que, por su trascendencia política, fiscal o constitucional, no deben quedar en manos de un grupo reducido de diputados.

    Integración e instalación

    La integración de las comisiones se rige por el Reglamento Legislativo y la Constitución Política. El número de miembros varía según el tipo de comisión, y su designación corresponde a la Presidencia de la Asamblea, con base en las recomendaciones de las jefaturas de fracción. Su instalación se realiza en mayo, tras la elección del Directorio Legislativo.

    Cada comisión cuenta con una presidencia y una secretaría. Las sesiones son públicas, salvo excepciones justificadas, y cualquier diputado puede participar en las discusiones. La composición proporcional es la siguiente:

    • Plenas: 19 diputaciones.
    • Permanentes Ordinarias: 11 diputaciones en Asuntos Hacendarios y 9 en las demás.
    • Permanentes Especiales: entre 5 y 9 diputaciones, según la materia (por ejemplo, 5 en Honores y Redacción; 7 en Mujer y Nombramientos; 9 en Ambiente y Relaciones Internacionales).

    Procedimientos y seguimiento ciudadano

    Además de dictaminar leyes, las comisiones funcionan como un puente con la sociedad civil, mediante audiencias y consultas a expertos. Contrario a la creencia de que solo importa lo que ocurre en el Plenario, el trabajo en comisión es determinante.

    Las sesiones se transmiten por Internet (YouTube) y también son abiertas al público de forma presencial. Asimismo, toda la documentación generada es de acceso público a través del portal web de la Asamblea o del Departamento de Documentación.lea puede aceptar el veto o resellar el proyecto, lo cual requiere el voto favorable de dos tercios de las diputaciones (38 votos), permitiendo así su entrada en vigor como ley.


    Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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