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Economía

Mientras el mundo acelera, Costa Rica pisa el freno digital

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Tiempo de lectura: 3 min

 

RESUMEN

En plena era de la inteligencia artificial, Costa Rica impone un gravamen que encarece entre 15% y 30% el acceso a servicios digitales clave. Esta política limita la adopción tecnológica y deja al país en desventaja frente a vecinos como Panamá y El Salvador, que ofrecen un entorno fiscal más competitivo.


En plena era de la inteligencia artificial (IA), cuando el mundo acelera hacia la transformación digital, Costa Rica aplica un impuesto sobre remesas al exterior que funciona como un freno de mano para la innovación.

Mientras países vecinos promueven la adopción tecnológica con políticas fiscales modernas y sin retenciones generalizadas en pagos por servicios digitales extranjeros, nuestro país se autoimpone una desventaja competitiva que desincentiva la inversión y rezaga a sus empresas frente a la economía global.

Esta medida no solo es obsoleta, sino perjudicial, y su eliminación es urgente si aspiramos a competir en el siglo XXI.

¿Cuál es el problema?

Entre los más de 200 tributos vigentes en Costa Rica, uno destaca por su anacronismo: las retenciones por remesas al exterior.

Aunque la ley supone que este impuesto lo paga el proveedor extranjero, en la práctica es la empresa costarricense la que retiene y asume el costo.

Así, al contratar servicios de IA, machine learning o almacenamiento en la nube (como OpenAI o AWS), las empresas locales enfrentan sobrecostos que pueden elevarse entre un 15% y un 30%, encareciendo operaciones y debilitando su competitividad.

El artículo 59 de la Ley del Impuesto sobre la Renta (N.º 7092 de 1988) establece retenciones de 15%, 25% y hasta 30% en distintas categorías, afectando servicios como asesoría técnica, patentes y regalías, muy comunes en contratos de IA. Aunque la Ley 10381 de 2024 reformó parcialmente este esquema, excluyendo algunos servicios prestados íntegramente en el exterior, muchos servicios digitales siguen gravados, incluyendo software, asesoría remota y componentes clave para implementar IA en empresas locales.

¿Cómo se compara Costa Rica con la región?

Mientras Costa Rica mantiene estas trabas, otros países han optado por abrirse a la economía digital:

  • Panamá: no impone retenciones generalizadas a servicios tecnológicos del exterior.
  • Guatemala: exime de impuestos transfronterizos los servicios prestados fuera del país.
  • El Salvador y Honduras: carecen de barreras fiscales altas para servicios digitales y priorizan la atracción de inversión tecnológica.

El resultado: mientras nuestros vecinos promueven la transformación digital, Costa Rica aleja a inversionistas y limita el crecimiento del sector tecnológico. Según estimaciones, esta desventaja podría representar un rezago de hasta 30% frente a estos países.

El impacto económico: alto costo, bajo beneficio

Este impuesto castiga especialmente a empresas fuera del régimen de zonas francas. Eleva los costos de tecnología, desalienta el uso de IA y limita el acceso a herramientas modernas y talento global. Según el BID (2024), la IA podría añadir hasta un 14% al PIB regional, pero Costa Rica se está autoexcluyendo de ese potencial.

Lo más grave es que la recaudación obtenida es mínima frente al daño causado.

En 2024, la retención por remesas generó apenas ¢241.015 millones (aprox. 0,5% del PIB), una cifra irrelevante frente a los ingresos fiscales totales del país. En otras palabras, el Estado está sacrificando competitividad, crecimiento e innovación a cambio de una fracción ínfima de ingresos.

Una propuesta urgente

Costa Rica debe eliminar la retención de remesas aplicable a servicios digitales e inteligencia artificial. Esta reforma debe ir acompañada de incentivos, como créditos fiscales para empresas que adopten tecnología, fomentando una economía más competitiva y moderna.

Persistir con esta política fiscal anacrónica solo condenará al país al rezago.

En un mundo donde la IA será eje del desarrollo, Costa Rica no puede seguir corriendo con el freno de mano puesto. Es hora de actuar, o quedaremos atrás para siempre.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

Asesor fiscal independiente, nacido en Venezuela y graduado en Economía por la Universidad de Costa Rica (UCR). Ha colaborado con estudios de consultoría en temas tributarios y actualmente ejerce de forma autónoma, brindando asesoría fiscal a empresas y particulares.

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Economía

Medicamentos: el camino correcto, con la receta equivocada

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RESUMEN

Si el problema es la falta de competencia, la solución no puede ser sustituir el mercado por control permanente de precios. La prueba real no estará en el texto de la ley, sino en si logra facilitar la entrada de nuevos actores y reducir barreras. Porque abrir el mercado exige algo más difícil que regularlo: confiar en la competencia.


Costa Rica finalmente reconoció algo evidente: el mercado de medicamentos no está funcionando bien. Los precios son altos, la información es opaca y las barreras regulatorias dificultan que exista verdadera competencia.

El Expediente 23.234, aprobado en diciembre de 2025 y hoy convertido en la Ley de la República N.° 10.838, apunta en la dirección correcta. Busca fortalecer la competencia, mejorar la transparencia y ampliar el acceso. Permite la homologación de registros sanitarios extranjeros, habilita importaciones paralelas, incorpora mecanismos de información de precios y procura restringir prácticas que cierran el mercado.

Ese es el camino correcto.

Pero el problema nunca fue la falta de regulación.

El problema ha sido la rigidez del modelo regulatorio.

El diagnóstico es acertado

Durante años, el sistema ha operado bajo un esquema desproporcionadamente controlado, con procesos largos y costosos que elevan el precio final al consumidor.

Cuando registrar, importar o competir implica trámites complejos y validaciones redundantes, el resultado no es seguridad adicional: es menor competencia.

El proyecto reconoce esa realidad al abrir puertas a registros aprobados en otras jurisdicciones y al permitir importaciones paralelas. Esa señal es positiva: significa aceptar que Costa Rica no necesita reinventar la rueda cuando otras agencias regulatorias de alto estándar ya han hecho el trabajo técnico.

Eso es avanzar.

El problema no es la documentación

En materia de salud, exigir respaldo técnico no es un exceso: es responsabilidad. Para que un medicamento se comercialice en cualquier país serio, debe existir evidencia suficiente sobre calidad, seguridad y eficacia. Ese no es el corazón del debate.

El punto crítico no está en la documentación. Está en la arquitectura institucional que se creó para intervenir precios.

El verdadero riesgo: sustituir competencia por fijación

La Ley 10.838 busca promover competencia. Pero al mismo tiempo establece un mecanismo permanente para intervenir precios mediante una comisión especializada.

Y ahí surge la pregunta clave:

¿Puede un mercado volverse más competitivo si el precio pasa a depender de una instancia administrativa?

Más delicado aún: si quienes participan en esa instancia provienen del mismo sector regulado, el riesgo no es técnico, es estructural. La experiencia internacional demuestra que cuando el regulador y el regulado se mezclan, la competencia no se fortalece: se administra.

Costa Rica ya conoce este modelo. El funcionamiento del CTP ha mostrado cómo una estructura donde confluyen intereses del sector puede terminar afectando al usuario final, distorsionando incentivos y dificultando ajustes eficientes en precios y oferta.

Eso no necesariamente implica corrupción. Implica algo más sutil y más frecuente: captura regulatoria.

La señal que enviamos

Si el mensaje es que el mercado necesita abrirse, entonces el énfasis debería estar en eliminar barreras de entrada y simplificar reglas, no en consolidar un órgano permanente para decidir precios.

Porque cuando la competencia es real, los precios se corrigen por entrada de nuevos oferentes.

Cuando no lo es, terminamos dependiendo de una mesa técnica para “ajustarlos”.

El debate no es documentación sí o no.

El debate es si queremos más mercado o más administración del mercado.

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Economía

EE.UU. sube el arancel… y nos baja a la realidad

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Tiempo de lectura: 3 min

 

RESUMEN

El arancel del 15 % dejó al descubierto lo que venimos postergando: una economía demasiado dependiente de un solo mercado y poco preparada para cambios externos. Más que un conflicto comercial, es una alerta sobre costos altos, trámites lentos y falta de estrategia. La respuesta pasa por bajar costos, modernizar la producción y diversificar alianzas para no quedar vulnerables cada vez que EE.UU. mueve una ficha.


El nuevo arancel del 15 % impuesto por Estados Unidos no es solo una fricción comercial: es un recordatorio incómodo de la fragilidad de nuestro modelo económico. Durante décadas apostamos a una relación preferencial con un único socio, convencidos de que esa cercanía bastaba para blindarnos. Hoy vemos el costo de esa excesiva dependencia: cuando Washington estornuda, Costa Rica tiembla.

El golpe no llega por sorpresa. Mientras otros países diversificaron mercados, modernizaron su logística y redujeron costos estructurales, Costa Rica avanzó poco o nada. Seguimos con una electricidad 75 % más cara que la estadounidense, trámites que restan competitividad, y cuellos de botella que vuelven más caro cada minuto que un producto tarda en salir del país.

No es extraño que, en un contexto geopolítico más duro, el desbalance comercial se convierta en un arma. Y esta vez nos tocó estar del lado débil.

Pero esta crisis arancelaria revela algo más profundo: un país con competitividad estancada, instituciones lentas para responder al entorno internacional y un modelo que ha dejado de ser resiliente ante choques externos.

El problema no está solo en Washington; está aquí mismo, en nuestra incapacidad de ajustar el rumbo a tiempo.

La salida requiere más que diplomacia. Implica abrir el mercado eléctrico, reducir costos que hoy asfixian la producción, y acelerar las mejoras en infraestructura, aduanas y rutas estratégicas. Implica también reconfigurar las cadenas de suministro para incorporar insumos provenientes de EE.UU., y fortalecer a los proveedores locales para que logren encadenarse a sectores de mayor valor.

Y, sobre todo, significa dejar atrás la complacencia. El comercio también se defiende con geopolítica: ampliando alianzas, diversificando inversión extranjera y actuando con visión estratégica en un mundo donde la economía y la política ya no están separadas.

Este arancel no es una catástrofe, pero sí una advertencia.

Podemos tratarlo como un incidente pasajero o reconocerlo por lo que realmente es: una señal de que Costa Rica necesita modernizar su estructura productiva si quiere seguir jugando en las grandes ligas. La decisión, como siempre, es nuestra.

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Economía

Un país con 35+ instituciones sociales… y nadie al mando

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RESUMEN

Costa Rica no sufre por falta de instituciones, sino por un modelo que reparte funciones sin repartir responsabilidades. La mezcla de entes sociales y rectores fuera de lugar creó un sistema donde nadie controla el rumbo y todos justifican su existencia. Mientras la pobreza apenas empieza a moverse, seguimos sin una estructura capaz de sostener avances ni de rendir cuentas. Lo urgente no es sumar más organismos, sino exigir dirección, orden y resultados reales para las personas, no para la burocracia.


Costa Rica lleva décadas construyendo una red interminable de instituciones para “atender lo social”. Hoy son 13 sectores y 35 entes públicos que supuestamente deberían combatir pobreza, proteger a la niñez, asegurar vivienda, velar por derechos humanos, impulsar empleo y más. La pregunta es inevitable: ¿y los resultados?

La imagen lo deja en evidencia: estamos ante un sistema fragmentado, duplicado y sin responsables claros. Un rompecabezas institucional donde cada pieza depende de otra, pero ninguna responde por el cuadro completo. Y esa ausencia de rectoría no es casual: es estructural.

Veamos el detalle por sector a atender:

  1. Adulto Mayor:
    • Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (CONAPAM)
    • Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS)
    • Junta de Protección Social (JPS)
  1. Agro:
    • Instituto de Desarrollo Rural (INDER)
  1. Asuntos Indígenas:
    • Comisión Nacional de Asuntos Indígenas (CONAI)
  1. Derechos Humanos (DDHH):
    • Defensoría de los Habitantes
    • Mecanismo Nacional de Prevención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes
  1. Discapacidad/Salud
    • Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA)
    • Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS)
    • Consejo Nacional de Personas con Discapacidad (CONAPDIS)
    • Patronato Nacional de Ciegos (PANACI)
    • Centro Nacional de Recursos para la Educación Inclusiva (CENAREC)
  1. Educación:
    • Centro Nacional de Recursos para la Educación Inclusiva (CENAREC)
    • Consejo Nacional de Clubes 4-S (CONAC 4S)
    • Instituto Nacional de Aprendizaje (INA)
    • Ministerio de Educación Pública (MEP)
    • Comisión Nacional de Préstamos para Educación (CONAPE)
  1. Empleo:
    • Agencia Nacional de Empleo
    • Consejo Nacional de Salarios
    • Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS)
  1. Financiamiento:
    • Banco Hipotecario de la Vivienda (BANHVI)
    • Comisión Nacional de Préstamos para Educación (CONAPE)
    • Dirección Nacional de Desarrollo de la Comunidad (DINADECO)
    • Fondo de Desarrollo de la provincia de Limón (FODELI)
    • Junta de Protección Social (JPS)
    • Junta de Desarrollo Regional de la Zona Sur (JUDESUR)
  1. Mujeres:
    • Consejo Interinstitucional de Atención a la Madre Adolescente
    • Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU)
    • Comisión Nacional Interinstitucional para atender a las mujeres en condiciones de pobreza
  1. Niñez/Juventud:
    • Consejo Nacional de Política Pública de la Persona Joven
    • Patronato Nacional de la Infancia (PANI)
    • Centros de Educación y Nutrición y de Centros de Nutrición y Atención Integral (CEN-CINAI)
    • Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil (REDCUDI)
    • Fondo de Desarrollo de la provincia de Limón (FODELI)
    • Consejo Nacional de Clubes 4-S (CONAC 4S)
  1. Pobreza:
    • Centros de Educación y Nutrición y de Centros de Nutrición y Atención Integral (CEN-CINAI)
    • Comisión Nacional Interinstitucional para atender a las mujeres en condiciones de pobreza
    • Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS)
    • Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil (REDCUDI)
    • Sistema Nacional de Información y Registro Único de Beneficiarios del Estado (SINIRUBE)
  1. Seguridad:
    • Ministerio de Justicia y Paz
    • Unidad Ejecutora del Programa de Seguridad Ciudadana y Prevención de la Violencia (UEP)
  1. Vivienda:
    • Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU)
    • Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (MIVAH)
    • Banco Hipotecario de la Vivienda (BANHVI)

Y para terminar de completar el panorama además de esas 35 instituciones, hay que sumar a los rectores políticos y administrativos que —en teoría— deberían ordenar este desmadre: Casa Presidencial, Asamblea Legislativa, MAG, JAPDEVA, Ministerio de Salud y Ministerio de Cultura y Juventud. Y la pregunta obvia es qué hacen estos rectores metidos en este baile cuando sus funciones se enfocan en otro lado. Ahí es donde más fácil queda retratado que la política ha sido: ante un problema, inventemos una institución; si no funciona, inventemos otra. Y así llegamos a este punto.

Todos estos entes tienen poder de decisión, pero operan en una lógica donde la responsabilidad siempre se diluye.

Mientras tanto, la realidad es incómoda:

  • La pobreza estuvo estancada por encima del 20% durante años.
  • Ahora bajó, pero el Estado de la Nación advierte que no tenemos manera de saber si es sostenible.
  • Y el sistema social sigue evaluándose por la cantidad de beneficios otorgados, no por cuántas personas dejan de necesitar los apoyos.

La consecuencia es obvia: El único problema económico que sí estamos resolviendo es el de los burócratas que operan estas instituciones, no el de las familias que quieren salir adelante.

Porque en un país tan pequeño, la fragmentación es más que un defecto de diseño: es una forma de evitar responsabilidades. Cada institución tiene objetivos, presupuestos y mandatos propios, pero nadie responde por los resultados finales. Nadie. Y sin responsables, no hay mejoras, no hay eficiencia y no hay justicia social verdadera.

Costa Rica necesita, con urgencia, una revisión profunda del sistema social.

No para crear más instituciones, sino para exigir:

  • Rectoría real
  • Coordinación efectiva
  • Evaluación por resultados
  • Responsables definidos

La pobreza no se combate con más logos. Se combate con decisiones claras, instituciones que funcionen y un Estado que rinda cuentas.

En Primera Línea seguiremos poniendo orden en el mapa.

Porque alguien tiene que hacerlo.

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