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Innovación y Emprendimiento

Regulación de las tecnologías emergentes

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Regulaciones en tecnología
Tiempo de lectura: 4 min

 

RESUMEN

Las tecnologías disruptivas están transformando aceleradamente nuestras sociedades, pero una regulación mal diseñada puede frenar la innovación en lugar de guiarla. Regular por reacción o desde el desconocimiento técnico puede generar errores históricos, como lo demuestra el caso de los primeros automóviles. Costa Rica necesita una regulación inteligente y funcional que proteja derechos sin obstaculizar avances, evitando profundizar la brecha digital que ya excluye a miles de personas del desarrollo tecnológico.

Las tecnologías disruptivas representan un cambio profundo y acelerado en la historia de la vida en nuestro planeta, un cambio que será cada vez más rápido y profundo.

Algunos ejemplos de esto son las tecnologías que permiten que los consumidores interactúen de nuevas maneras, rompiendo los esquemas de negocio tradicionales, con sistemas que se autoenseñan a aprender y reaprender; automóviles autónomos que se comunican entre sí y con la infraestructura de transporte y dispositivos inteligentes que responden y se anticipan a las necesidades de los consumidores, de manera individualizada; todos generando miles de millones de datos de todo tipo.

Casos recientes de empresas de Inteligencia Artificial Generativa como OpenAI y su herramienta ChatGPT, son solo la punta del iceberg, con una puesta a disposición del público de manera abierta, global y gratuita que constituye todo un experimento social de largo alcance, del cual aún no conocemos sus implicaciones totales.

Las mismas empresas de tecnología están enfrascadas en una carrera donde el ritmo de las innovaciones es cada vez más rápido, con productos, servicios e industrias completas que pueden escalar y crecer a niveles globales en solo cuestión de meses. Esto representa el reto de garantizar que este crecimiento se haga siempre dentro de parámetros mínimos de protección al usuario y a sus derechos fundamentales, sin que representen riesgos que impacten negativamente a nuestra sociedad.

El querer regular las tecnologías emergentes es algo tentador para los entes reguladores, legisladores y políticos en el mundo. El querer hacerlo rápidamente es un riesgo mayor que, paradójicamente, puede verse como algo políticamente atractivo. Claramente, las decisiones sobre tecnologías disruptivas que pueden poner en riesgo el control de nuestra sociedad no deberían delegarse únicamente a líderes tecnológicos que no han sido elegidos por nosotros, y tienen un interés particular sesgado, pero tampoco deben ser tomadas a la ligera sin tener mayor conocimiento sobre la temática y su complejidad.

El reto del legislador, ante temas tan técnicos, complejos, multidimensionales y nuevos, es garantizar el que se mantenga un balance entre promover la innovación, proteger a los consumidores, evitar más burocracia y sus costos asociados y, sobre todo, lograr tener algo funcional que agregue valor (no regular por regular). Esto requiere de un enfoque integral, analítico y práctico, que mantenga ese balance mencionado anteriormente, donde las discusiones deben ser serias, profundas y realizadas desde múltiples puntos de vista, no solamente técnicos o legales.

Una lección de historia

La historia de la regulación del automóvil ofrece una importante lección sobre los peligros potenciales de la sobrerregulación de nuevas tecnologías e industrias. Al intentar desarrollar vehículos automóviles a finales de 1800, los innovadores británicos fueron fuertemente restringidos por el Parlamento que originalmente abordó “los peligros planteados por las máquinas de vapor”. En particular, la Ley de locomotoras de 1861 requería que las “locomotoras”, definidas como vehículos propulsados mecánicamente, debían ser tripuladas por al menos dos personas y no debían exceder las 10 mph en las carreteras de peaje o 2 mph cuando pasaban por las ciudades. En 1865, el Parlamento ajustó aún más las reglas con una enmienda conocida como el Acta “Bandera Roja”: “Esta ley requería que los vehículos automotores fueran tripulados por al menos tres tripulantes, con una persona caminando al menos 60 yardas por delante del vehículo, con una bandera roja para advertir a los peatones y otros vehículos, incluidos los carruajes tirados por caballos, de la locomotora que se aproximaba”. El Acta fue derogada finalmente en 1896, pero en ese momento sus disposiciones habían sofocado efectivamente el desarrollo del transporte por carretera en las islas británicas.

En los Estados Unidos, varios Estados aprobaron leyes similares de “Bandera Roja” a finales del siglo XIX para proporcionar medidas de seguridad para los primeros automóviles. Pennsylvania contempló una de las leyes más infames de la bandera roja en 1896, que habría requerido que todos los automovilistas, al encontrar ganado, detuvieran inmediatamente, “apagar el automóvil lo más rápidamente posible” y “ocultarse detrás de arbustos cercanos hasta que el ganado se encontrara lo suficientemente calmado”. El gobernador de la época vetó el Acta.

Esta lección de historia ilustra muy claramente que la regulación promulgada en esa época tendía a reflejar la comprensión de las tecnologías de ayer en lugar de lo que estaba emergiendo en ese momento. Como país, debemos evitar hacer lo mismo con las tecnologías actuales y futuras, entendiendo que estas deben conceptualizarse como una oportunidad de restructuración y avance social y como una herramienta que debe contribuir, de manera muy relevante, a la disminución de la desigualdad en el acceso a las oportunidades.

Los Estados deben velar porque no haya ganadores y perdedores predefinidos como producto de la digitalización; en ese sentido, la regulación que se desarrolle alrededor de la tecnología debe ser una “regulación inteligente”, que no mate la innovación, teniendo muy claro qué derechos debemos preservar, cómo lo vamos a supervisar y de qué forma práctica aplicaremos la norma. No debemos pretender “regular todo”, sino más bien los usos de riesgo, entendiendo que la tecnología no es buena ni mala, sino que depende para qué se use.

Finalmente, el enfoque es fundamental en un país como Costa Rica, con recursos limitados y necesidades gigantes y crecientes, con un Estado disfuncional. La regulación de tecnologías emergentes puede resultar algo atractivo políticamente, pero específicamente para nuestro país, es clave que nuestro gobierno y nuestros legisladores entiendan e interioricen que, al otro extremo de las tecnologías digitales más vanguardistas, se encuentran quienes no tienen siquiera una conexión básica a Internet; personas de carne y hueso que, por edad, género, ubicación geográfica, condición social y económica o discapacidad, no tienen acceso al progreso tecnológico y no cuentan con las habilidades digitales mínimas para sobrevivir en una sociedad cada vez más tecnológica, donde la brecha solo crece.

Empresario en el área de las tecnologías digitales, CEO y fundador de Next Curve y de Proximity LLC, además de ser inversionista ángel en empresas de tecnología en Costa Rica, Estados Unidos y Sur América. Adolfo cuenta con más de 20 años de experiencia como exportador de productos y servicios de tecnología, en áreas como el desarrollo de software empresarial, el IoT, Intelligent Process Automation (IPA), Inteligencia Artificial (iA) y Big Data entre otros. Además, actualmente es Presidente de la Junta Directiva de CAMTIC Su formación académica es de Ingeniero Industrial con una maestría en gestión de negocios con énfasis en finanzas y mercadeo.

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Innovación y Emprendimiento

Un país que premia al empleado y castiga al emprendedor

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Tiempo de lectura: 5 min

 

RESUMEN

Costa Rica sigue atrapada en una mentalidad que premia la dependencia y castiga la iniciativa. Mientras el Estado presume de institucionalidad, cierra puertas a quienes intentan crear empleo, innovar o trabajar por su cuenta. La burocracia, la desconfianza y las cargas excesivas no solo frenan proyectos: erosionan la confianza de los ciudadanos en su propio potencial. Urge cambiar la lógica del control por la de la confianza y entender que la libertad para emprender es tan vital para el desarrollo como cualquier política social.


Hace unos días, una amiga me contó una historia que, aunque sencilla, resume mucho de lo que está mal en Costa Rica. Había constituido una sociedad anónima para ofrecer servicios tecnológicos, todo listo para empezar: el modelo de negocio, los contratos, los clientes. Pero al intentar inscribir su planilla en la Caja Costarricense de Seguro Social, el sistema le rechazó el trámite. ¿La razón? No tenía instalaciones físicas.

Su empresa es digital, sin oficinas ni mostradores. Sus empleados trabajan en remoto, desde diferentes partes del país, como ocurre en cualquier empresa moderna. Pero para la Caja, eso no existe. Sin una dirección física, no hay empresa. Sin empresa, no hay planilla. Y sin planilla, no hay posibilidad de operar formalmente.

Lo paradójico es que este no es un caso aislado. Es un síntoma de algo más profundo: de un sistema que, consciente o no, prefiere ver a los costarricenses como empleados antes que como emprendedores. Un país donde abrir una empresa se siente más difícil que conseguir empleo en una ya existente.

La trampa institucional del “hágalo como siempre”

Costa Rica se enorgullece de su institucionalidad, y con razón. Pero hay momentos en que esa institucionalidad deja de proteger para empezar a inmovilizar. En materia de emprendimiento, eso es exactamente lo que ocurre.

De acuerdo con la OCDE, somos el país con más trabas burocráticas de toda la organización para abrir un negocio. En la práctica, iniciar operaciones implica visitar municipalidades, ministerios, bancos, la Caja, el INS y Hacienda, cada uno con formularios distintos, requisitos redundantes y plazos indefinidos. A veces los trámites se digitalizan, pero la lógica que los sustenta sigue siendo la misma de hace treinta años: verificar, certificar, archivar.

La digitalización no ha traído simplificación. Solo convirtió el papel en PDF.

Lo grave no es solo el tiempo perdido o el costo económico. Es el mensaje que se transmite: emprender en Costa Rica es un acto de resistencia

Cada institución parece decirle al ciudadano: “sí, puede hacerlo, pero bajo mis condiciones”. Si su negocio no encaja en el molde tradicional —un local, una planilla, un contador y un permiso de salud—, entonces no cabe.

Cargas sociales: la paradoja del castigo a quien se atreve

A esto se suma un problema aún más estructural: las cargas sociales. Un trabajador independiente en Costa Rica paga un 18,6% de sus ingresos a la Caja, casi el doble que un asalariado formal. Es decir, el que se atreve a emprender paga más por ser su propio jefe.

Esa desproporción ha tenido consecuencias claras: de cada 26 trabajadores independientes, solo 2 cotizan a la seguridad social. Los otros 24 operan al margen del sistema, no porque quieran evadir, sino porque ser formal es económicamente inviable.

El resultado es un círculo vicioso. La Caja necesita más cotizantes, pero las condiciones que impone empujan a los independientes hacia la informalidad. Y mientras tanto, las instituciones siguen diseñando políticas pensando en la gran empresa o el empleo asalariado, no en la realidad del pequeño emprendedor que intenta construir algo desde cero.

Costa Rica tiene una visión moralista del trabajo: el empleo asalariado es “bueno”, seguro y predecible; el emprendimiento, en cambio, se percibe como incierto, riesgoso, casi irresponsable. 

Pero esa mentalidad, que pudo tener sentido en un país agrícola o industrial del siglo XX, hoy es un ancla que nos impide adaptarnos a la economía del conocimiento y la innovación.

La cultura del permiso y la desconfianza

Detrás de toda esta maraña regulatoria hay una idea más profunda: la desconfianza. El Estado costarricense desconfía del ciudadano. Lo presupone culpable hasta que demuestre lo contrario.

Por eso cada trámite exige comprobantes, timbres, sellos y declaraciones juradas. Por eso la CCSS exige un recibo de electricidad para demostrar la existencia de una oficina. Por eso las municipalidades inspeccionan locales aunque sean negocios que operan virtualmente.

Es una cultura institucional del permiso previo: no puede actuar hasta que el Estado lo autorice. Pero el desarrollo económico moderno se mueve con otra lógica: la de la responsabilidad posterior. Es decir, actúe, innove, crezca, y si incumple, entonces el Estado interviene.

El modelo actual ahoga la creatividad con papeles. Y cuando se ahoga la creatividad, el país pierde su mejor fuente de crecimiento: las ideas nuevas.

Empleabilidad versus emprendimiento: una política sesgada

Durante décadas, Costa Rica apostó por atraer inversión extranjera directa, y fue una apuesta exitosa. Las zonas francas, las multinacionales y los centros de servicios compartidos generaron miles de empleos formales. Pero al mismo tiempo, esa estrategia creó una política pública sesgada hacia la empleabilidad y no hacia el emprendimiento local.

El resultado es un país donde formar parte de la planilla de una transnacional parece la única vía segura de prosperar. 

Las instituciones, en vez de acompañar al emprendedor, lo tratan como una excepción. Los incentivos, los programas de apoyo y hasta las leyes laborales están pensados para quien busca empleo, no para quien lo genera.

No se trata de oponer una cosa a la otra. Costa Rica necesita tanto empleo como emprendimiento. Pero hoy el desequilibrio es evidente: el Estado facilita la existencia del empleado, mientras castiga con impuestos, trámites y desconfianza a quien crea su propio camino.

El costo humano de las trabas

No todo se mide en cifras o rankings internacionales. El costo más alto es emocional. Cada vez que un joven emprendedor (o no tan joven) abandona su idea porque la burocracia lo agotó, el país pierde algo más que una oportunidad económica: pierde confianza en sí mismo.

El costarricense promedio no carece de creatividad ni de iniciativa. Lo que le falta es un Estado que lo acompañe en lugar de interrogarlo.

Cuando alguien se ve obligado a alquilar una oficina solo para cumplir con un requisito absurdo, está pagando por la ineficiencia ajena. Y lo hace con frustración, con tiempo y con dinero.

He escuchado muchas veces decir que los costarricenses son “poco emprendedores”. No es cierto. Lo que somos es pacientes. Tal vez demasiado.

El punto de inflexión

Costa Rica necesita redefinir su relación con el emprendedor. No se trata de más subsidios o programas públicos, sino de un cambio de mentalidad institucional. El Estado debe dejar de actuar como un filtro y empezar a actuar como un facilitador.

Eso implica modernizar los requisitos, digitalizar los procesos de verdad —no solo cosméticamente— y ajustar las cargas sociales para que ser independiente no sea un lujo. Implica también entender que una empresa sin oficina no es una empresa sin alma. Es, probablemente, una empresa de este siglo.

El país que no se adapta a los nuevos modelos productivos termina exportando talento e importando frustración. 

Si no queremos seguir viendo cómo nuestros jóvenes se van o se rinden, debemos construir un entorno donde emprender sea tan legítimo como emplearse, y donde la Caja, Hacienda o las municipalidades entiendan que su función no es obstaculizar, sino servir.

Conclusión: volver a confiar

El emprendedor no pide privilegios. Pide reglas claras, procesos razonables y respeto por su tiempo. Pide que las instituciones confíen en él tanto como él ha confiado en su país al decidir invertir aquí su energía y su dinero.

Si seguimos tratándolo como sospechoso, lo perderemos. Y con él, perderemos también la oportunidad de que Costa Rica vuelva a crecer desde la innovación, no solo desde la planilla.

El futuro no pertenece al que espera un puesto. Pertenece al que se atreve a crearlo.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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Innovación y Emprendimiento

¿Qué trámites, impuestos y requisitos se requieren para emprender en Costa Rica?

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Emprender en Costa Rica es un deporte extremo, aquí demostramos a lo que se enfrentan los emprendedores al intentar crear una empresa.

Recordemos que las MIPYMEs representan 97.4% de las empresas del país y casi la mitad del empleo.

Aquí listamos los requisitos, impuestos, trámites y demás requeridos para comprar un lote, construir, obtener permisos de operación, incorporarse y operar legalmente.

¿Nos interesa el progreso económico para financiar educación, seguridad, empleo y demás programas sociales? Este es contingente en que hayan empresas que nazcan y crezca en el país.

¿Qué trámites y requisitos legales debo cumplir para comprar un terreno comercial en Costa Rica?

Comprar un lote es el primer paso para quienes desean construir su propio local u oficina. Este proceso implica varios trámites legales y pagos obligatorios ante entidades como el Registro Nacional, municipalidades y otras instituciones públicas, por lo que es crucial verificar todos los requisitos antes de cerrar la compra.

  1. Comprar plano de catastro e informe de registro en el Registro Nacional
  2. Buscar y evaluar terreno (accesos, servicios, uso de suelo).
  3. Verificar disponibilidad de agua potable, alcantarillado, internet y electricidad.
  4. Obtener constancia de uso de suelo (municipalidad).
  5. Alineamientos según MOPT/INVU, si aplican.
  6. Viabilidad ambiental (SETENA). Dependiendo del  tamaño y la zona
  7. Pago de impuesto de traspaso del terreno — 1.5 %. Y un 0.9% de impuestos y timbres (registro, abogados, fiscales, municipales)
  8. Honorarios legales para compra — ~2 %.
  9. Verificar certificación de impuestos municipales al día.
  10. Compra ante notario y escritura pública.

¿Cómo tramito los permisos y requisitos para construir un local comercial u oficina?

Una vez adquirido el terreno, es necesario cumplir con una serie de pasos técnicos y legales para construir una estructura destinada a actividades económicas. Esto incluye desde la contratación de profesionales acreditados hasta la obtención de permisos de construcción y conexiones definitivas de servicios públicos.

  1. Contratar arquitecto, ingeniero eléctrico y demás profesionales colegiados.
  2. Elaboración de planos (arquitectónico, eléctrico, sanitario).
  3. Registro y timbres en CFIA — ~2 % del costo del proyecto.
  4. Solicitar constancia de uso de suelo actualizada.
  5. Permiso de construcción municipal
  6. Disponibilidad de agua
  7. Pagar impuesto municipal de construcción — hasta 1 % del valor de la obra.
  8. Tasa de recolección de residuos — si aplica.
  9. Construir el local.
  10. Verificar conexiones definitivas de los servicios públicos.

¿Cómo se constituye legalmente una empresa (SA o SRL) en Costa Rica?

Constituir una sociedad mercantil es un requisito indispensable para operar formalmente. Ya sea como Sociedad Anónima (SA) o Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL), el proceso implica escritura notarial, registro ante instituciones públicas y obtención de firma digital, entre otros trámites clave.

  1. Adquirir la firma digital
  2. Abogado para redactar escritura de constitución (SA o SRL).
  3. Pago de timbres de constitución y Registro Mercantil.
  4. Registro de la empresa en Hacienda (RUT).
  5. Registro de accionistas en el BCCR. Trámite anual.
  6. Pago del Impuesto a las Personas Jurídicas (anual).
  7. Abrir cuenta bancaria. Contratar un contador para que haga flujos de caja futuros, personería jurídica con participación accionaria.
  8. Tramitar un datáfono y pagar las comisiones bancarias correspondientes porque es obligatorio aceptar TC desde el 2019.

¿Qué registros, impuestos y cargas sociales debo cumplir para formalizar una empresa?

Formalizar una empresa va más allá del acto de constitución. Requiere registrarse ante la Dirección General de Tributación, cumplir con reportes contables periódicos, pagar impuestos obligatorios y asumir cargas sociales tanto como trabajador independiente como patrono, si se contrata personal.

  1. Contratar un contador para reportes a Hacienda y CCSS.
  2. Reporte y pago de:
  • Impuesto sobre la Renta (ISR) (Trimestral)
  • Impuesto al Valor Agregado (IVA) (Mensual)
  • Timbre de Educación y Cultura (Anual)
  1. Inscripción como trabajador independiente ante la  CCSS. Cargas sociales de hasta 18% dependiendo del humor del que lo atienda
  1. Inscripción de empleados en la CCSS. Cargas sociales patronales (26.33 %), calculadas sobre salario bruto:
  • CCSS salud/maternidad — 14.75 %
  • CCSS IVM (pensión) — 4.75 %
  • INA — 1.50 %
  • IMAS — 0.50 %
  • Banco Popular — 0.50 %
  • FODESAF — 5.00 %
  1. Pago de póliza de riesgos del trabajo (INS).
  2. Patente municipal — entre 0.15 % y 0.35 % de ventas brutas.

¿Qué licencias y permisos operativos se requieren para iniciar actividades comerciales?

Antes de abrir las puertas al público, toda empresa debe contar con licencias específicas según su giro de negocio. Esto puede incluir el Permiso Sanitario de Funcionamiento, licencias municipales, registros ante entidades sectoriales y cumplimiento de normativas de ambientación y música.

  1. Permiso Sanitario de Funcionamiento (Ministerio de Salud).
  2. Licencia de licores (si incluye bebidas alcohólicas).
  3. Registro ante el ICT (si apunta a turismo).
  4. Pago a ACAM por derechos de música (si hay ambientación musical).
  5. Registro ante la SUGEF si se dedica a contaduría, servicios legales o bienes raíces.

¿Qué obligaciones debo cumplir al adquirir un vehículo para uso empresarial?

Incorporar un vehículo como activo empresarial puede ser clave para transporte de productos, insumos o personas. Es necesario gestionar el registro a nombre de la empresa, cumplir con los seguros correspondientes, y garantizar que el uso esté alineado con el giro comercial para efectos fiscales.

  1. Adquisición del vehículo, pago de impuestos: IVA e impuestos de importación pueden sumar hasta 80 %.
  2. Gastos por adquisición de un vehículo:  3,4% de impuestos de traspaso y timbres (registro, Colegio de Abogados, archivo).
  3. Honorarios de abogados alrededor 2% del valor real de venta.
  4. Revisión vehicular. Anual
  5. Pago de marchamo. (Anual):
  • Impuesto a la Propiedad del Vehículo – 58% → Ministerio de Hacienda (infraestructura vial).
  • Seguro Obligatorio Automotor (SOA) – 25% → INS (cobertura por lesiones o muerte).
  • Consejo de Seguridad Vial (COSEVI) – 5.6% → COSEVI/MOPT (educación y seguridad vial).
  • IVA y timbres diversos – 5.18% → Hacienda + entidades estatales (fauna, scout).
  • CTP + ARESEP – 1.4–1.7% → Consejo de Transporte Público/ARESEP (transporte público).
  • Otros rubros (multas, parquímetros) – 1–3% → Municipios y entidades varias.

Esta es la travesía que un emprendedor debe vivir al tratar de seguir su sueño y crear empleo.

Después de tal calvario, deben pagar hasta el 58% de sus utilidades al Estado.

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Innovación y Emprendimiento

Costa Rica: De la Desigualdad a la Innovación Económica

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RESUMEN

Costa Rica enfrenta una realidad dual: una parte próspera en la Gran Área Metropolitana y otra desatendida en las provincias costeras. Ante esta situación, y buscando soluciones alternativas y exitosas, podríamos proponer un modelo de zonas económicas especiales, inspirado en la iniciativa PRÓSPERA de Honduras, para revitalizar las costas costarricenses. Este tipo de desarrollo genera beneficios en empleo, infraestructura y sostenibilidad. ¿Será mucho pedirle a nuestros líderes políticos?

El otro día, en el congreso realizado por la Cámara de la Industria Alimentaria (CACIA), escuchaba atentamente al exministro y profesor Alberto Trejos. Durante su acertada intervención sobre los retos que enfrenta el país, Alberto destacó una realidad evidente: la existencia de dos países en uno solo. Una “Costa” y una “Rica”. La “Rica” está representada por dos terceras partes del país, situadas en el Gran Área Metropolitana y zonas aledañas, que por sí sola sería una de las naciones más prósperas de Latinoamérica. Sin embargo, ésta debe arrastrar consigo a la abandonada “Costa”, que de Rica no tiene nada. 

Esta es la cruda realidad de las provincias de Limón, Puntarenas y gran parte de Guanacaste, donde los indicadores socioeconómicos son significativamente bajos. Los políticos, en su mayoría, solo se acuerdan de esta “Costa” durante las elecciones y poco hacen por los ciudadanos de estas zonas. Actualmente, la respuesta de la Asamblea Legislativa se refleja en la presentación de un proyecto de ley para declarar benemérito de la patria a don Ricardo Saprissa. Esto aporta poco a los cantones de Puntarenas, Garabito, Coto Brus, Pococí, Talamanca o Matina. Con iniciativas como esta, la brecha entre el área metropolitana y las costas seguirá ensanchándose rápidamente.

¿Cómo podemos pensar de manera innovadora para mejorar la situación de nuestras áreas costeras? Pues como si hubiera salido de las páginas de La Rebelión del Atlas de Ayn Rand, y su Atlantis, una alternativa interesante se implementó en Honduras con PRÓSPERA, en la isla de Roatán. La iniciativa única y ambiciosa busca crear una ciudad privada y una zona económica especial bajo las leyes hondureñas de Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), permitiendo un alto grado de autonomía en la gobernanza, políticas fiscales y marcos regulatorios. 

Inspirada en modelos exitosos como Hong Kong, Singapur y Dubái, PRÓSPERA tiene como objetivo fomentar el crecimiento económico y la innovación al ofrecer un entorno pro-empresarial con mínimas barreras regulatorias.

Administrada por Honduras PRÓSPERA Inc., trajo inversión significativa de figuras notables en el mundo del capital de riesgo, como Balaji Srinivasan y Peter Thiel. El proyecto apoya una amplia gama de actividades económicas, incluyendo salud, educación y tecnología, con un énfasis en la sostenibilidad y la planificación urbana avanzada.

El principal objetivo de PRÓSPERA es crear un entorno regulatorio y fiscal favorable que promueva la innovación y el desarrollo económico. Como dije, la ciudad opera bajo las leyes ZEDE, que permiten autonomía en la gestión de sus asuntos internos, aunque sigue sujeta a la Constitución de Honduras y su código penal. La estructura regulatoria independiente permite que la ciudad implemente reformas económicas y sociales difíciles de realizar bajo marcos gubernamentales tradicionales, convirtiéndola en una verdadera novedad en una zona deprimida.

PRÓSPERA estableció asociaciones con varias entidades de renombre. Se alió con la Universidad Técnica de Múnich para crear un centro educativo y anunció la construcción de un nuevo hospital en colaboración con Cemesa. Además, trabaja con una empresa líder en energía de América Latina para desarrollar instalaciones de energía renovable, reforzando su compromiso con la sostenibilidad. En términos de desarrollo urbano, incorpora diseños arquitectónicos avanzados, como los de la firma Zaha Hadid Architects, que utilizan técnicas de fabricación digital de madera y materiales locales sostenibles. 

Estos esfuerzos reflejan la visión de crear una ciudad innovadora en términos económicos, infraestructurales y ambientales. Una de las características clave de esta metrópoli del futuro es su programa de e-residencia, que permite a individuos y empresas de todo el mundo registrarse y beneficiarse del entorno regulatorio y fiscal favorable. La iniciativa permite usar Bitcoin como moneda de curso legal, reflejando su adopción de la innovación digital y la tecnología financiera.

Pese a que el gobierno hondureño, bajo la presidencia de Xiomara Castro, tomó medidas para derogar las leyes que permitieron las ZEDE, lo que ha llevado a una disputa legal y política significativa, PRÓSPERA sigue posicionándose como un centro para el emprendimiento global y la inversión, con planes para una mayor expansión y desarrollo en el continente cerca de La Ceiba. 

Aunque el futuro del proyecto es incierto debido a las batallas legales en curso y la resistencia local, representa un experimento audaz en el desarrollo urbano autónomo.

Este tipo de iniciativa podría aplicarse en Costa Rica para atraer inversión a nuestras costas. Nuestro país, con su reconocida estabilidad política y su reputación como un destino atractivo para la inversión, tiene el potencial de implementar un modelo similar en sus áreas costeras abatidas. 

La creación de zonas económicas especiales con un alto grado de autonomía podría transformar las provincias de Limón, Puntarenas y Guanacaste en polos de desarrollo económico y social. 

Al ofrecer un entorno regulatorio favorable y atractivo para la inversión extranjera, el territorio podría catalizar un cambio significativo en estas regiones, reduciendo la brecha socioeconómica entre la “Costa” y la “Rica”.

Las ventajas potenciales son enormes: generación de empleo, incremento en la infraestructura, mejora en la educación y la salud, un impulso a la economía local y disminución de la violencia. Este enfoque podría incluir también el desarrollo de energías renovables, aprovechando los recursos naturales del país y reafirmando su compromiso con la sostenibilidad. 

Con una planificación urbana avanzada y asociaciones estratégicas con entidades internacionales, nuestra nación podría crear un modelo de desarrollo inclusivo y sustentable que beneficie a todos sus ciudadanos.

¿Será que nuestros políticos de turno pueden pensar fuera de la caja?


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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