Economía
Así no es el “Arroz”
RESUMEN
Pretendiendo ayudar al sector arrocero en Costa Rica, se presenta un proyecto en la Asamblea Legislativa para crear Fonarroz. A una letra inicial de diferencia, lo que se busca es rescatar a Conarroz, entidad que luego de veinte años, fue de poco provecho para el sector y los consumidores. En esta columna, los diputados Jorge Dengo y Daniela Rojas, nos detallan lo que el título ya anuncia: “así no es el arroz”.Hoy en “Ala Liberal“, tengo el placer de contar con la diputada Daniela Rojas Salas del Partido Unidad Social Cristiana como invitada. Daniela y yo hemos encontrado numerosos puntos en común y pocas diferencias en nuestras conversaciones, siempre marcadas por el respeto y el intercambio enriquecedor de ideas. Es con ella con quien suelo debatir primero los temas más desafiantes, abordándolos con la profundidad que requieren los asuntos de importancia nacional. En una de estas discusiones, descubrimos una coincidencia significativa: ambos nos oponemos rotundamente al proyecto de ley propuesto por más de treinta colegas para crear un fondo de competitividad y auxilio arrocero (Fonarroz). Así, lo que sigue refleja nuestra perspectiva compartida y escrita sobre este tema.
Es crucial señalar, una vez más, cómo ciertos proyectos de ley se presentan con títulos engañosos diseñados para influir psicológicamente en los legisladores. Un ejemplo es la “Ley contra la Usura”, que lejos de combatir la usura, ha excluido a innumerables costarricenses del sistema financiero, siendo las poblaciones vulnerables las más afectadas, bajo la falsa premisa de regular precios sin considerar las dinámicas de mercado. Por tanto, cuando un proyecto menciona “competitividad”, merece un escrutinio detallado. A primera vista, apoyar a los productores arroceros nacionales parece noble, pero es fundamental examinar quiénes son los verdaderos beneficiados y perjudicados por este proyecto. La realidad es que afecta a cada consumidor de arroz en el país.
Debemos ir más allá de la típica simpatía por el “pobrecito” o del proteccionismo sectorial desde la Asamblea Legislativa, que a menudo se disfraza de justicia social. Este proyecto, de ser aprobado, no solo podría violar acuerdos internacionales, sino que también encarecería el arroz en la mesa de todos los costarricenses.
De Fonarroz a Conarroz
Con la creación de Fonarroz y el proyecto que lo contiene, se intenta justificar la existencia de Conarroz, una entidad que ha hecho poco por defender los intereses de los productores y se ha convertido en un símbolo de protección de intereses políticos.
Nota de Jorge Dengo: “Presenté un proyecto hace meses para disolver Conarroz, firmado también por la diputada Rojas y otras diputaciones. Curiosamente, este hecho desató un interés periodístico inusual, probablemente en un intento por promover un debate infructuoso sobre una institución que ofrece poco valor,”.
Nuestra intención no es defender la “Ruta del Arroz” del Ejecutivo, sino mantener la objetividad técnica característica de esta columna en nuestro análisis. Según el proyecto, los problemas del sector arrocero derivan de los cambios en la política agrícola y comercial del país, especialmente tras la liberalización del mercado en 2022. Sin embargo, esta es una simplificación errónea.
Es un hecho que Conarroz reguló el mercado a su antojo hasta 2022, pero las protecciones existentes no lograron mejorar la productividad del sector. Entre 2010 y 2015, se observó una disminución tanto en el área cultivada como en la producción total, sin mejoras significativas en la productividad, a pesar de las políticas proteccionistas. Un estudio de la OCDE confirmó que los niveles de productividad han permanecido estancados desde los noventa. El anterior modelo, que algunos buscan revivir, nunca benefició ni a los productores ni a los consumidores.
La falta de competencia en el mercado arrocero ha tenido un impacto desproporcionado en los hogares de menores ingresos, que destinan un mayor porcentaje de sus recursos al arroz. Este proyecto perpetúa las fallas del pasado, pues detrás de su aparente nobleza, busca preservar a Conarroz.
La aprobación de este proyecto no solo afectaría los precios para el consumidor, violando potencialmente acuerdos internacionales, sino que también impondría un nuevo tributo a la producción nacional. La viabilidad financiera del fondo es cuestionable, y su administración aumentará la burocracia sin garantizar un apoyo efectivo a los productores.
Es hora de enfrentar la realidad y no dejar a nadie atrás.
Debemos fomentar iniciativas que promuevan una reconversión productiva efectiva, reducir los costos de producción y facilitar el acceso al crédito, en lugar de enredarnos en subsidios que se pierden en la burocracia sin generar un impacto real. Es esencial centrarnos en reformas que amplíen el acceso al crédito y eviten medidas de control excesivo que excluyan a numerosas personas.
Implementar políticas que verdaderamente dinamicen el sector arrocero es crucial. Es complicado enfrentarse a las verdades cuando predominan los discursos populistas, que suelen desvanecerse tan rápido como se apagan los reflectores. Lamentablemente, en esa oscuridad, sin apoyo ni soluciones concretas, los productores quedan nuevamente abandonados.
Este proyecto de ley, con sus múltiples incongruencias, no solo propone medidas que repercutirán negativamente en los precios al consumidor, sino que también compromete la sostenibilidad financiera a largo plazo y aumenta innecesariamente la burocracia. Más alarmante aún, podría perpetuar la desigualdad entre los productores, sin brindar el apoyo necesario a los más vulnerables, quienes a menudo son utilizados como imagen para ganar simpatía pública sin recibir beneficios tangibles. Los verdaderos ganadores de estas iniciativas suelen ser las instituciones arraigadas, como Conarroz, y los grandes industriales.
En definitiva, es imperativo que nuestro país no deje a nadie en el camino. Las reformas deben orientarse a lograr una efectiva reconversión productiva en aquellos sectores donde no poseemos la escala o ventajas competitivas necesarias. Si nos orientamos a promover subsidios atrapados en la maraña burocrática, lo cuales serán financiados por los consumidores con menos capacidad adquisitiva, daremos marcha atrás Solo a través de la reducción de costos de producción, un acceso amplio al crédito y apoyo para la reconversión productiva, podremos revitalizar un sector tan golpeado como el arrocero. Enfrentar estas verdades es difícil cuando prevalece un discurso populista, pero es crucial para avanzar hacia un futuro más justo y sostenible para todos los involucrados en la producción de arroz en Costa Rica.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.
Economía
Medicamentos: el camino correcto, con la receta equivocada
RESUMEN
Si el problema es la falta de competencia, la solución no puede ser sustituir el mercado por control permanente de precios. La prueba real no estará en el texto de la ley, sino en si logra facilitar la entrada de nuevos actores y reducir barreras. Porque abrir el mercado exige algo más difícil que regularlo: confiar en la competencia.
Costa Rica finalmente reconoció algo evidente: el mercado de medicamentos no está funcionando bien. Los precios son altos, la información es opaca y las barreras regulatorias dificultan que exista verdadera competencia.
El Expediente 23.234, aprobado en diciembre de 2025 y hoy convertido en la Ley de la República N.° 10.838, apunta en la dirección correcta. Busca fortalecer la competencia, mejorar la transparencia y ampliar el acceso. Permite la homologación de registros sanitarios extranjeros, habilita importaciones paralelas, incorpora mecanismos de información de precios y procura restringir prácticas que cierran el mercado.
Ese es el camino correcto.
Pero el problema nunca fue la falta de regulación.
El problema ha sido la rigidez del modelo regulatorio.
El diagnóstico es acertado
Durante años, el sistema ha operado bajo un esquema desproporcionadamente controlado, con procesos largos y costosos que elevan el precio final al consumidor.
Cuando registrar, importar o competir implica trámites complejos y validaciones redundantes, el resultado no es seguridad adicional: es menor competencia.
El proyecto reconoce esa realidad al abrir puertas a registros aprobados en otras jurisdicciones y al permitir importaciones paralelas. Esa señal es positiva: significa aceptar que Costa Rica no necesita reinventar la rueda cuando otras agencias regulatorias de alto estándar ya han hecho el trabajo técnico.
Eso es avanzar.
El problema no es la documentación
En materia de salud, exigir respaldo técnico no es un exceso: es responsabilidad. Para que un medicamento se comercialice en cualquier país serio, debe existir evidencia suficiente sobre calidad, seguridad y eficacia. Ese no es el corazón del debate.
El punto crítico no está en la documentación. Está en la arquitectura institucional que se creó para intervenir precios.
El verdadero riesgo: sustituir competencia por fijación
La Ley 10.838 busca promover competencia. Pero al mismo tiempo establece un mecanismo permanente para intervenir precios mediante una comisión especializada.
Y ahí surge la pregunta clave:
¿Puede un mercado volverse más competitivo si el precio pasa a depender de una instancia administrativa?
Más delicado aún: si quienes participan en esa instancia provienen del mismo sector regulado, el riesgo no es técnico, es estructural. La experiencia internacional demuestra que cuando el regulador y el regulado se mezclan, la competencia no se fortalece: se administra.
Costa Rica ya conoce este modelo. El funcionamiento del CTP ha mostrado cómo una estructura donde confluyen intereses del sector puede terminar afectando al usuario final, distorsionando incentivos y dificultando ajustes eficientes en precios y oferta.
Eso no necesariamente implica corrupción. Implica algo más sutil y más frecuente: captura regulatoria.
La señal que enviamos
Si el mensaje es que el mercado necesita abrirse, entonces el énfasis debería estar en eliminar barreras de entrada y simplificar reglas, no en consolidar un órgano permanente para decidir precios.
Porque cuando la competencia es real, los precios se corrigen por entrada de nuevos oferentes.
Cuando no lo es, terminamos dependiendo de una mesa técnica para “ajustarlos”.
El debate no es documentación sí o no.
El debate es si queremos más mercado o más administración del mercado.


Economía
EE.UU. sube el arancel… y nos baja a la realidad
RESUMEN
El arancel del 15 % dejó al descubierto lo que venimos postergando: una economía demasiado dependiente de un solo mercado y poco preparada para cambios externos. Más que un conflicto comercial, es una alerta sobre costos altos, trámites lentos y falta de estrategia. La respuesta pasa por bajar costos, modernizar la producción y diversificar alianzas para no quedar vulnerables cada vez que EE.UU. mueve una ficha.
El nuevo arancel del 15 % impuesto por Estados Unidos no es solo una fricción comercial: es un recordatorio incómodo de la fragilidad de nuestro modelo económico. Durante décadas apostamos a una relación preferencial con un único socio, convencidos de que esa cercanía bastaba para blindarnos. Hoy vemos el costo de esa excesiva dependencia: cuando Washington estornuda, Costa Rica tiembla.


El golpe no llega por sorpresa. Mientras otros países diversificaron mercados, modernizaron su logística y redujeron costos estructurales, Costa Rica avanzó poco o nada. Seguimos con una electricidad 75 % más cara que la estadounidense, trámites que restan competitividad, y cuellos de botella que vuelven más caro cada minuto que un producto tarda en salir del país.
No es extraño que, en un contexto geopolítico más duro, el desbalance comercial se convierta en un arma. Y esta vez nos tocó estar del lado débil.
Pero esta crisis arancelaria revela algo más profundo: un país con competitividad estancada, instituciones lentas para responder al entorno internacional y un modelo que ha dejado de ser resiliente ante choques externos.
El problema no está solo en Washington; está aquí mismo, en nuestra incapacidad de ajustar el rumbo a tiempo.

La salida requiere más que diplomacia. Implica abrir el mercado eléctrico, reducir costos que hoy asfixian la producción, y acelerar las mejoras en infraestructura, aduanas y rutas estratégicas. Implica también reconfigurar las cadenas de suministro para incorporar insumos provenientes de EE.UU., y fortalecer a los proveedores locales para que logren encadenarse a sectores de mayor valor.


Y, sobre todo, significa dejar atrás la complacencia. El comercio también se defiende con geopolítica: ampliando alianzas, diversificando inversión extranjera y actuando con visión estratégica en un mundo donde la economía y la política ya no están separadas.
Este arancel no es una catástrofe, pero sí una advertencia.
Podemos tratarlo como un incidente pasajero o reconocerlo por lo que realmente es: una señal de que Costa Rica necesita modernizar su estructura productiva si quiere seguir jugando en las grandes ligas. La decisión, como siempre, es nuestra.
Economía
Un país con 35+ instituciones sociales… y nadie al mando
RESUMEN
Costa Rica no sufre por falta de instituciones, sino por un modelo que reparte funciones sin repartir responsabilidades. La mezcla de entes sociales y rectores fuera de lugar creó un sistema donde nadie controla el rumbo y todos justifican su existencia. Mientras la pobreza apenas empieza a moverse, seguimos sin una estructura capaz de sostener avances ni de rendir cuentas. Lo urgente no es sumar más organismos, sino exigir dirección, orden y resultados reales para las personas, no para la burocracia.
Costa Rica lleva décadas construyendo una red interminable de instituciones para “atender lo social”. Hoy son 13 sectores y 35 entes públicos que supuestamente deberían combatir pobreza, proteger a la niñez, asegurar vivienda, velar por derechos humanos, impulsar empleo y más. La pregunta es inevitable: ¿y los resultados?

La imagen lo deja en evidencia: estamos ante un sistema fragmentado, duplicado y sin responsables claros. Un rompecabezas institucional donde cada pieza depende de otra, pero ninguna responde por el cuadro completo. Y esa ausencia de rectoría no es casual: es estructural.
Veamos el detalle por sector a atender:
- Adulto Mayor:
- Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (CONAPAM)
- Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS)
- Junta de Protección Social (JPS)
- Agro:
- Instituto de Desarrollo Rural (INDER)
- Asuntos Indígenas:
- Comisión Nacional de Asuntos Indígenas (CONAI)
- Derechos Humanos (DDHH):
- Defensoría de los Habitantes
- Mecanismo Nacional de Prevención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes
- Discapacidad/Salud
- Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA)
- Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS)
- Consejo Nacional de Personas con Discapacidad (CONAPDIS)
- Patronato Nacional de Ciegos (PANACI)
- Centro Nacional de Recursos para la Educación Inclusiva (CENAREC)
- Educación:
- Centro Nacional de Recursos para la Educación Inclusiva (CENAREC)
- Consejo Nacional de Clubes 4-S (CONAC 4S)
- Instituto Nacional de Aprendizaje (INA)
- Ministerio de Educación Pública (MEP)
- Comisión Nacional de Préstamos para Educación (CONAPE)
- Empleo:
- Agencia Nacional de Empleo
- Consejo Nacional de Salarios
- Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS)
- Financiamiento:
- Banco Hipotecario de la Vivienda (BANHVI)
- Comisión Nacional de Préstamos para Educación (CONAPE)
- Dirección Nacional de Desarrollo de la Comunidad (DINADECO)
- Fondo de Desarrollo de la provincia de Limón (FODELI)
- Junta de Protección Social (JPS)
- Junta de Desarrollo Regional de la Zona Sur (JUDESUR)
- Mujeres:
- Consejo Interinstitucional de Atención a la Madre Adolescente
- Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU)
- Comisión Nacional Interinstitucional para atender a las mujeres en condiciones de pobreza
- Niñez/Juventud:
- Consejo Nacional de Política Pública de la Persona Joven
- Patronato Nacional de la Infancia (PANI)
- Centros de Educación y Nutrición y de Centros de Nutrición y Atención Integral (CEN-CINAI)
- Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil (REDCUDI)
- Fondo de Desarrollo de la provincia de Limón (FODELI)
- Consejo Nacional de Clubes 4-S (CONAC 4S)
- Pobreza:
- Centros de Educación y Nutrición y de Centros de Nutrición y Atención Integral (CEN-CINAI)
- Comisión Nacional Interinstitucional para atender a las mujeres en condiciones de pobreza
- Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS)
- Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil (REDCUDI)
- Sistema Nacional de Información y Registro Único de Beneficiarios del Estado (SINIRUBE)
- Seguridad:
- Ministerio de Justicia y Paz
- Unidad Ejecutora del Programa de Seguridad Ciudadana y Prevención de la Violencia (UEP)
- Vivienda:
- Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU)
- Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (MIVAH)
- Banco Hipotecario de la Vivienda (BANHVI)
Y para terminar de completar el panorama además de esas 35 instituciones, hay que sumar a los rectores políticos y administrativos que —en teoría— deberían ordenar este desmadre: Casa Presidencial, Asamblea Legislativa, MAG, JAPDEVA, Ministerio de Salud y Ministerio de Cultura y Juventud. Y la pregunta obvia es qué hacen estos rectores metidos en este baile cuando sus funciones se enfocan en otro lado. Ahí es donde más fácil queda retratado que la política ha sido: ante un problema, inventemos una institución; si no funciona, inventemos otra. Y así llegamos a este punto.
Todos estos entes tienen poder de decisión, pero operan en una lógica donde la responsabilidad siempre se diluye.

Mientras tanto, la realidad es incómoda:
- La pobreza estuvo estancada por encima del 20% durante años.
- Ahora bajó, pero el Estado de la Nación advierte que no tenemos manera de saber si es sostenible.
- Y el sistema social sigue evaluándose por la cantidad de beneficios otorgados, no por cuántas personas dejan de necesitar los apoyos.
La consecuencia es obvia: El único problema económico que sí estamos resolviendo es el de los burócratas que operan estas instituciones, no el de las familias que quieren salir adelante.
Porque en un país tan pequeño, la fragmentación es más que un defecto de diseño: es una forma de evitar responsabilidades. Cada institución tiene objetivos, presupuestos y mandatos propios, pero nadie responde por los resultados finales. Nadie. Y sin responsables, no hay mejoras, no hay eficiencia y no hay justicia social verdadera.
Costa Rica necesita, con urgencia, una revisión profunda del sistema social.
No para crear más instituciones, sino para exigir:
- Rectoría real
- Coordinación efectiva
- Evaluación por resultados
- Responsables definidos
La pobreza no se combate con más logos. Se combate con decisiones claras, instituciones que funcionen y un Estado que rinda cuentas.
En Primera Línea seguiremos poniendo orden en el mapa.
Porque alguien tiene que hacerlo.
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