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Opinión

Un país estancado: el costo de los feudos sectoriales

Publicado

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Tiempo de lectura: 5 min

RESUMEN

El crecimiento del aparato estatal ha favorecido a ciertos grupos a costa del resto de la población, generando ineficiencia, privilegios y una carga tributaria insostenible. Para cambiar el rumbo, es necesario replantear el rol del Estado, garantizar igualdad de oportunidades y diseñar políticas que prioricen el bienestar general sobre los intereses sectoriales.


En Costa Rica, tenemos 70 años de un estatismo tan feroz como ineficiente. Ante ello, cabe cuestionarse cómo han sido capaces los políticos de turno de sostener un sistema que, no solo no satisface las necesidades de la población desde hace décadas, sino que además genera tanta confusión política, como para que una gran parte de la ciudadanía piense que por esa vía vamos a encontrar nuestras soluciones.

Es decir, han logrado invisibilizar el problema estructural de nuestra gobernanza de manera tal, que siguen vendiendo la idea de que cambiar personas o banderas es suficiente, cuando lo que se requiere es un cambio de modelo. Más aún, es claro que el problema ya no es coyuntural, y que el tiempo para los parches pasó hace varias décadas.

El modelo vigente

La receta aplicada por esa clase política ha funcionado hasta ahora porque mezcla varios elementos, entre ellos el de garantizar puestos para sus seguidores y allegados pues, ante cualquier situación por resolver, proponen siempre la creación de instituciones, regulaciones, trámites o impuestos… en fin, más burocracia.

Eso les ha permitido contar con una base electoral que defiende el sistema porque se benefician de él. Mientras tanto, los problemas nacionales se perpetúan, la burocracia se limita a administrarlos y la ciudadanía se siente cada vez más impotente.

Es así como llegamos al 2025 con un archipiélago institucional que corresponde a las necesidades del siglo XX, cuando aún se pensaba que las maquinarias burocráticas debían cumplir objetivos de beneficio para los ciudadanos. Pero en la práctica, en lo único que avanzamos fue en hacer esas instituciones cada vez más grandes, costosas e inoperantes.

Este camino ha provocado que la Costa Rica pionera del pasado, exitosa, llena de emprendedores y visionarios, sea ahora un país trabado, estancado y con una ciudadanía cada vez más frustrada, porque sus necesidades no son satisfechas por los gobernantes, a pesar de la alta carga tributaria que pagan para ello. Una ciudadanía, además, resignada a que nada se puede hacer ni cambiar, porque entre coyunturas electorales ni siquiera logra identificar la raíz estructural de sus problemas.

Mantener un engaño así por tantos años no es fácil, pero los políticos han sido tremendamente hábiles. Como sabían que el modelo no era sostenible en el tiempo, fueron invitando a ser parte de sus privilegiados a los grupos de presión que se iban dando cuenta de que pagar impuestos para mantener el estilo de vida de la aristocracia burocrática iba a ser muy caro y que, por ende, les impediría progresar.

Fue entonces que empezaron las exoneraciones y los tratos especiales de todo tipo para sectores específicos: azucareros, arroceros, cooperativas, autobuseros, taxistas, solidaristas, sindicalistas, exportadores, etc.

En paralelo, fueron creando toda una maraña institucional semipública: asociaciones, mutuales, colegios profesionales, entre otras, para tener así suficientes agencias de empleo para su gente y estar cada vez más protegidos ante el cambio. Todo eso sucedió, parece, mientras dormíamos.

Ahora que el sistema hace aguas por todas partes, a los que quedamos en el medio de todo lo descrito no nos queda más que trabajar -y mucho– para mantener ese Estado enorme, caro e inoperante, que no sólo no facilita la gestión de la riqueza, sino que entorpece su generación.

Un modelo de Estado que nos vendieron como solidario y justo y resultó todo lo contrario: uno que provoca pobreza, inequidad y desempleo.

Donde el sistema de pesos y contrapesos para defender al simple ciudadano de los atropellos estatales no funciona, porque las instituciones se volvieron fines en sí mismas y, por ende, parte del problema.

Propuesta de solución

Entonces ¿cómo hacemos para revertir esta situación y encontrar la ruta hacia el progreso y la prosperidad?

Si el camino que nos trajo hasta aquí fue el de la sectorización, y ahora cada uno de los grupos mencionados defiende sus “derechos adquiridos”, la lógica impone que pasemos a la exigencia de políticas públicas equitativas de largo plazo, para lograr el bienestar de la mayoría y el progreso del país.

Evidentemente, no será fácil hacerlo, porque se afectarán muchos intereses. Así las cosas, deberíamos abocarnos como sociedad a la discusión sobre la reforma del Estado, pero abandonando el enamoramiento institucional y la forma tradicional de hacer las cosas.

Sentémonos a analizar cuáles son las necesidades que debe satisfacer el Estado, por qué y para qué, y, basados en eso, veamos si lo que están proponiendo los políticos de turno es realmente una solución. Entonces sí, diseñemos el marco institucional requerido junto a ellos.

Concentrémonos en cómo garantizamos que los servicios lleguen a las mayorías, sin importar quién los provea, eso sí, velando porque todas las políticas públicas sean diseñadas con el ciudadano como eje.

Copiemos a los mejores, que los hay. Veamos a Singapur, Israel, Irlanda, Corea del Sur o Estonia; países que ya solucionaron los mismos problemas que nosotros enfrentamos. No hace falta inventar el agua tibia.

En vez de tratar de acomodar una necesidad, como el acceso a la vivienda, al archipiélago institucional existente (a saber: INVU, MIVAH, BANVHI y mutuales y al instrumento actual: bono de vivienda), analicemos la situación y veamos si realmente se ha cumplido con el objetivo, si algo del método aplicado hasta ahora es rescatable y si estamos fomentando el progreso personal o sólo el mero asistencialismo.

Eso habría que hacerlo con absolutamente todos los productos y servicios del Estado.

En ese proceso, tenemos que nivelar la cancha, y eso solo se logrará dejando de vivir de glorias pasadas, alejándonos del enamoramiento institucional y aprovechando los avances tecnológicos actuales.

Démosle prioridad a la educación de calidad, al acceso a la tecnología, a la conectividad, a los centros de cuido para adultos mayores y personas con enfermedades terminales, a las guarderías donde se fomente la educación temprana, al seguro de salud oportuno y al sistema de pensión sostenible.

Hablando claro, dejemos de aceptar los expolios legalizados que, disfrazados de conquistas sociales, protegen solo a ciertos sectores. Exijamos que nuestros impuestos sean utilizados de forma responsable, para garantizar el bienestar de todos, y no solo de unos cuantos costarricenses.

Tenemos todo para progresar, pero para hacerlo debemos cambiar el enfoque del bienestar sectorial por el del bienestar nacional, el asistencialismo por la igualdad de oportunidades y la obediencia al Estado por la convicción en sus leyes.

El poder está en nosotros, los ciudadanos; nada es políticamente tan complicado que no lo podamos cambiar.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

Ingeniera Civil, MBA. Directora de Inteligencia Corporativa, empresa de apoyo en manejo financiero y administrativo para PYMES y emprendedores. Cuenta con 25 años de experiencia en puestos gerenciales y coordinación de proyectos. Especialista en fortalecimiento de sistemas de trabajo, organización administrativa, análisis de inversiones y formación de equipos interdisciplinarios de excelencia.

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Opinión

Los Estudios Generales y la Rebelión de Atlas

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Tiempo de lectura: 5 min

RESUMEN

Los Estudios Generales en Costa Rica nacieron con la intención de formar profesionales con una visión crítica y humanista. A lo largo del tiempo, su desarrollo ha estado marcado por debates ideológicos y la influencia de distintas corrientes de pensamiento. Si bien han hecho aportes importantes a la formación profesional, es indiscutible que también enfrentan desafíos, especialmente por la falta de contrapesos adecuados.


Los estudios generales (en latín, studia generalia) son la institución de la que surgieron las primeras universidades en la cristiandad latina (un espacio a grandes rasgos coincidente con Europa occidental). Desde la Alta Edad Media, tras el breve período en que funcionó la escuela palatina carolingia, existían las escuelas monásticas y las escuelas catedralicias, que servían para la formación del clero. A falta de otras instituciones educativas, también acudían a ellas los seglares que deseaban instruirse.

En Costa Rica, Rodrigo Facio y su equipo de trabajo introdujeron, a mediados del siglo pasado, una reforma que incluía los Estudios Generales (humanidades) como parte del plan de estudios universitarios, constituyendo un conjunto de cursos basados en perspectivas humanistas y en el desarrollo del pensamiento crítico.

Cabe destacar que el humanismo es la reflexión sobre el ser humano y su condición en el mundo.

Todo ello —nos recuerdan sus documentos fundacionales— con el fin de buscar de manera permanente y libre la verdad, la justicia, la belleza, el respeto a las diferencias, la solidaridad, la eficacia y la eficiencia. 

En esta línea, la educación general y humanística buscaba contribuir a formar profesionales sensibles, no sólo bien preparados en un área específica del conocimiento, sino también capaces de contribuir, de manera reflexiva y crítica, a desarrollar un mundo más digno para los seres humanos. Por otra parte, en lo específico, su implementación buscaba solventar algunas carencias que, desde entonces, se percibían en la enseñanza secundaria.

Algunas reflexiones

Con toda sinceridad, considero que, después de más de medio siglo de existencia, los estudios generales han sido una herramienta útil para el cumplimiento de las expectativas académicas de sus ilustres fundadores. Su implementación coincidió con la llegada de célebres educadores extranjeros, entre los más connotados, los filósofos españoles Constantino Lascaris y Teodoro Olarte. Con el tiempo, grandes pensadores locales como Guillermo Malavassi, Francisco Antonio Pacheco, Roberto Murillo, Nini Chinchilla, Vladimir de la Cruz, Isaac Felipe Azofeifa y Luis Fernando Fauaz han dejado, a su vez, su propia impronta.

Su desarrollo, sin embargo, se ha visto envuelto en una lucha de contrastes. Siguiendo a Agustín Laje, la modernidad se caracteriza como un contexto sociohistórico cuyas notas distintivas, íntimamente interrelacionadas entre sí, están marcadas por un proceso de racionalización creciente que llevó al mercado, en la economía; al Estado Burocrático, en la política; y a la racionalización pluralista, en la cultura.

La cultura ha llegado a ser el botín principal del poder, lo que ha llevado a apoderarse de las cátedras universitarias con la intención de convertirlas en centros de adoctrinamiento marxista-leninista, a pesar de ser una ideología marcada por cien años de fracasos y cien millones de muertos.

Luego del estrepitoso descalabro del socialismo real en la URSS, Cuba, la RDA y algunos países africanos, los neomarxistas reinstalaron su narrativa, ahora a través del control de múltiples “istmos” como el ambientalismo, el feminismo, el indigenismo y la ideología de género, de la mano de pensadores como Antonio Gramsci, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y Michel Foucault.

Si bien los estudios generales procuran, en esencia, la universalidad del conocimiento humano, considero que, en la práctica, muchos alumnos fuimos inundados de teorías fracasadas y generadoras de pobreza, sin el necesario contrapeso.

De esta manera, autores como Louis Althusser, Marta Harnecker y Eduardo Galeano llenaron nuestras cabezas de narrativa corporativista y de sociedades centradas en el gasto y no en la productividad, sin que sus tesis fueran acompañadas de posiciones distintas como las de Karl Popper, Adam Smith, Frederick Hayek y, por qué no, la pensadora liberal más influyente de todos los tiempos, Ayn Rand.

Ayn Rand y “La rebelión de Atlas”.

Nacida rusa como Alisa Zinóvievna Rosenbaum (San Petersburgo, 1905-Nueva York, 1982), Ayn Rand fue historiadora, filósofa y escritora nacionalizada estadounidense, país al que emigró a los 21 años.

Rand defendía el egoísmo racional, el individualismo y el capitalismo laissez-faire, argumentando que este último es el único sistema económico que permite al ser humano vivir como tal, es decir, haciendo uso de su facultad de razonar. En consecuencia, rechazaba absolutamente el socialismo, el altruismo y la religión.

Desarrolló un sistema filosófico conocido como objetivismo, cuyos principios sostenían que el hombre debe elegir sus valores y acciones mediante la razón; que cada individuo tiene derecho a existir por sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificar a otros para sí; y que nadie tiene derecho a obtener valores de otros recurriendo a la fuerza física.

Finalmente, Ayn Rand es autora de novelas como “El manantial” y su obra más importante, “La rebelión de Atlas”(1957), por la que muchos individuos confiesan haber llegado a ser libertarios.

El libro narra la decadencia de los Estados Unidos como consecuencia del excesivo intervencionismo del gobierno. Esta obra divide la fibra social del país en dos clases: la de los “saqueadores” y la de los “no saqueadores”.

  • Los saqueadores están representados por la clase política (místicos del músculo) y los cultos religiosos(místicos del espíritu) que piensan que toda actividad económica debe estar regulada y sometida a una fuerte imposición fiscal.
  • Los no saqueadores son emprendedores, capitanes de empresa e intelectuales que consideran que la solución está justamente en todo lo contrario.

En el espíritu inclusivo de los Estudios Generales, cuyos documentos fundacionales aspiran a propiciar “de manera reflexiva y crítica, un mundo más digno para los seres humanos”, lamento no haber conocido esta obra en 1973, cuando inicié mis estudios en la UCR, o al menos haber leído el capítulo II, parte 2, “La aristocracia del pillaje”.

En él, la autora nos presenta la riqueza como la capacidad del hombre de pensar y el dinero como su instrumento. Pero también nos advierte con la siguiente reflexión:

“Cuando adviertes que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; (…) entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada”.

Admito que los cantos de sirena del marxismo populista embelesan a los jóvenes, y yo no fui la excepción. Beber de las revistas cubanas Bohemia y Verde Oliva, Le Monde Diplomatique y sin el debido contrapeso libertario fue difícil. Por suerte, pude beber posteriormente de otras fuentes, y hoy comparto lo que anota aquella famosa frase atribuida a Churchill:

“Quien no es de izquierda de joven no tiene corazón. Quien no es de derecha de adulto no tiene cerebro”.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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Opinión

¿Violencia de género o control político ciudadano?

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Tiempo de lectura: 4 min

RESUMEN

Es fundamental aplicar las leyes de protección contra la violencia de género con criterio y responsabilidad. Su mal uso no solo debilita su credibilidad, sino que también desvía la atención de los casos verdaderamente graves.


La reciente denuncia de la diputada Rosaura Méndez, quien ha sido objeto de ataques mediante la difusión de una fotografía en redes sociales donde aparece dormida en el Plenario, nos invita a reflexionar sobre el uso adecuado de las normativas que condenan la violencia política por razón de género. Es esencial abordar este tema con la seriedad que merece, diferenciando entre verdaderos actos de violencia de género y situaciones que, aunque reprochables, no encajan en esta categoría.

Violencia política de género

La violencia política contra las mujeres es una realidad que obstaculiza su participación plena en la vida pública. Esta forma de violencia se manifiesta en acciones que buscan menoscabar, anular o restringir los derechos políticos de las mujeres, basándose en estereotipos de género y prácticas discriminatorias. La Ley N.° 10235 de Costa Rica, titulada “Ley para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en la Política”, tiene como objetivo garantizar que las mujeres puedan ejercer sus derechos políticos en un entorno libre de violencia y discriminación.

Esta legislación es resultado de un esfuerzo significativo de la sociedad costarricense para promover la igualdad de género y asegurar que las mujeres puedan participar en la política sin temor a represalias o agresiones. La correcta aplicación de esta ley es esencial para proteger a las mujeres de actos de violencia política de género.

La denuncia de Rosaura Méndez: ¿Violencia de género o crítica política?

En este caso, la diputada Rosaura Méndez ha denunciado ser víctima de violencia política de género tras la difusión de la imagen mencionada. Ciertamente, cualquier ataque personal que busque menospreciar o dañar la dignidad de una persona es condenable. No obstante, es necesario analizar si este incidente se ajusta a lo que la ley define como violencia política de género.

La Ley N.° 10235 establece que esta forma de violencia incluye acciones destinadas a forzar la renuncia de una mujer a su cargo, afectar su integridad personal o perjudicar su reputación con el objetivo de impedir el libre ejercicio de sus derechos políticos. En este contexto, resulta pertinente evaluar si la difusión de la fotografía de la diputada Méndez tuvo como propósito socavar su participación política por su condición de mujer, o si se trató de una crítica política que, aunque cuestionable, no constituye violencia de género.

Personalmente, considero que independientemente del género, una imagen similar de un legislador varón habría provocado una reacción comparable en la opinión pública.

El riesgo de la banalización

Utilizar las normativas diseñadas para proteger a las mujeres como herramienta para justificar situaciones que no corresponden a la categoría de violencia de género puede tener consecuencias negativas. En primer lugar, se corre el riesgo de banalizar la gravedad de la violencia de género, restándole importancia a las situaciones que realmente ponen en peligro la integridad y vida de las mujeres.

En segundo lugar, este uso indebido puede generar la percepción de que las leyes de protección son empleadas de forma oportunista, lo que afectaría la credibilidad de futuras denuncias legítimas.

Por ello, es fundamental que las instituciones responsables de aplicar estas normativas realicen un análisis riguroso de cada caso. Esto asegura que la ley se utilice en situaciones reales de violencia de género, protegiendo así su integridad y garantizando que los recursos disponibles se destinen a quienes verdaderamente lo necesiten.

La importancia de un sistema judicial eficiente

El sistema judicial costarricense enfrenta diversos desafíos, como la sobrecarga de casos y la limitada disponibilidad de recursos. Presentar denuncias que no cumplen con los criterios para ser consideradas violencia de género puede contribuir a la saturación del sistema, dificultando la atención oportuna de casos verdaderamente críticos.

Es responsabilidad de los actores políticos y sociales utilizar las herramientas legales de manera responsable, evitando denuncias superfluas que desvíen la atención de situaciones urgentes. Un sistema judicial eficiente es aquel que responde de forma efectiva a las necesidades de la población, pero esto solo es posible si las normativas se aplican con rigurosidad y coherencia.

La delgada línea entre la crítica política y la violencia de género

En una sociedad democrática, la crítica política es un componente esencial del debate público. Los funcionarios públicos están sujetos a la evaluación ciudadana, lo que fortalece la democracia. Sin embargo, es vital distinguir entre una crítica legítima y una agresión basada en estereotipos de género.

La crítica debe enfocarse en las acciones, decisiones y posturas de los actores políticos, evitando los ataques personales que perpetúan la discriminación de género. Cuestionar la gestión de una diputada por su desempeño legislativo es válido; sin embargo, atacar su apariencia física o su vida personal con base en estereotipos es inaceptable.

Conclusión

La protección contra la violencia política de género es un logro significativo en la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres. Sin embargo, para preservar su efectividad, es imprescindible que estas normativas se aplique


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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El PLN: ¿Defensor del ICE o enemigo del progreso?

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RESUMEN

PLN frena la apertura del mercado eléctrico, defendiendo un modelo monopólico que encarece la energía. Mientras alega proteger al ICE, en realidad protege su influencia política. Modernizar el sector no significa su desaparición, sino su evolución hacia un sistema más eficiente y competitivo. ¿Seguiremos atrapados en el pasado o avanzamos hacia un futuro energético sostenible?


Esta semana, el presidente del Partido Liberación Nacional (PLN), Ricardo Sancho Chavarría, ordenó a su fracción legislativa frenar la discusión del proyecto de Ley de Armonización del Mercado Eléctrico Nacional (expediente 23.414). Este proyecto busca abrir el mercado eléctrico costarricense y reducir el control monopólico del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) sobre el Sistema Eléctrico Nacional (SEN), promoviendo una mayor eficiencia y competitividad en el sector energético del país.

Sancho advirtió a los diputados liberacionistas que no deben repetir “el error del año 2000 con el combo del ICE” y pidió una pausa en las enmiendas hasta lograr un consenso partidario y abrir consultas con sectores sociales. 

Es decir, el PLN prefiere meter el freno de mano antes de permitir que el país avance hacia un modelo energético más moderno y competitivo.

Pero, ¿es realmente una preocupación por los intereses nacionales lo que mueve al PLN? ¿O estamos ante un nuevo episodio de su ya tradicional defensa de un modelo obsoleto, con claros tintes electorales de clientelismo político? La historia demuestra que este partido ha hecho de la parálisis y la resistencia al cambio una doctrina de gobierno.

Hoy, al intentar bloquear la modernización del sector eléctrico, lo único que logra es condenar a Costa Rica al rezago y a los altos costos energéticos que afectan tanto a ciudadanos como a empresas.

El PLN y su visión retrógrada del sector eléctrico

La necesidad de modernizar el mercado eléctrico en Costa Rica no es un capricho ni una ocurrencia aislada. Se trata de un paso necesario para garantizar la competitividad del país y mejorar la calidad del servicio para los consumidores. Sin embargo, el PLN, como de costumbre, sigue viendo el desarrollo con nostalgia, como si fuera una amenaza en lugar de una oportunidad.

No es la primera vez que el PLN actúa como un dique de contención contra reformas estructurales necesarias. Lo hizo en el pasado con la apertura de las telecomunicaciones, cuando auguraban el colapso del ICE si se permitía la competencia. Hoy, el ICE sigue operando y ofreciendo servicios, pero con una mejora sustancial en calidad y precios gracias a la presión competitiva.

Lo mismo sucederá con la electricidad: un mercado más abierto no significará el fin del ICE, sino su evolución hacia un modelo más eficiente y orientado al usuario.

El argumento de que este proyecto podría “afectar al ICE” es falaz. Lo que realmente preocupa a ciertos sectores dentro del PLN es la pérdida del control político sobre una de las instituciones más grandes del país.

Un ICE fortalecido, pero en un entorno de competencia, ya no podría ser utilizado como plataforma de poder para colocar fichas partidarias ni mantener estructuras clientelistas con dinero público. Y ahí radica la verdadera resistencia del PLN.

Los beneficios de la modernización energética

La apertura del mercado eléctrico permitiría a Costa Rica avanzar hacia un modelo más eficiente, con precios más competitivos y un sistema más robusto y diversificado.

1. Reducción de costos para los consumidores

La competencia en el mercado eléctrico obligará a los proveedores a optimizar sus operaciones y reducir sus tarifas, beneficiando a hogares y empresas.

2. Mejor calidad del servicio

En un entorno competitivo, las empresas eléctricas deberán ofrecer un mejor servicio para retener a sus clientes, incentivando la inversión en infraestructura y tecnología.

3. Impulso a las energías renovables

Un mercado más dinámico facilitará la incorporación de nuevas fuentes de energía limpia, acelerando la transición hacia un sistema energético más sostenible.

4. Mayor innovación

La competencia impulsará la adopción de nuevas tecnologías, como redes inteligentes y almacenamiento de energía, mejorando la estabilidad y eficiencia del sistema eléctrico.

Estos beneficios no son una teoría ni una especulación; son realidades probadas en múltiples países que han decidido modernizar sus mercados eléctricos, logrando mayor eficiencia sin comprometer la seguridad energética.

¿Defender al ICE o al statu quo?

Es importante dejar algo claro: la modernización del sector eléctrico no significa la desaparición del ICE. Por el contrario, representa una oportunidad para que la institución evolucione y se fortalezca. Un ICE eficiente, competitivo e innovador puede ser un actor clave en el nuevo modelo energético del país, pero debe hacerlo sin depender de un monopolio artificial que solo encarece la energía y perjudica a los consumidores.

El PLN no está defendiendo al ICE. Está defendiendo su modelo de control, su influencia política y su resistencia al cambio

La pregunta que debemos hacernos es: ¿hasta cuándo permitiremos que los intereses de un partido frenen el desarrollo del país?

Conclusión: el PLN y su obsesión con el retrovisor

La posición del PLN es una prueba más de su desconexión con la realidad económica del país y con las necesidades de los costarricenses. En lugar de liderar una transformación que asegure un sector eléctrico más eficiente, confiable y sostenible, el PLN opta por mirar al pasado y aferrarse a un modelo que ya no responde a las exigencias del presente.

Costa Rica necesita avanzar, no seguir atrapada en la inercia de quienes temen al futuro. La apertura del mercado eléctrico no es una amenaza; es una oportunidad para construir un sistema más robusto, asequible y competitivo.

La pregunta es: ¿permitiremos que el PLN siga dictando las reglas del juego en beneficio de su maquinaria política, o daremos el paso necesario para liberar el potencial energético del país?


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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