Urbanismo

Arreglar el caos vial exige más que parches

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RESUMEN

Resolver el caos vial exige cambiar la forma en que el país piensa la movilidad: de parches improvisados a una visión que conecte tren, buses, calles y ciudades. Cuando la planificación reemplaza la improvisación, la movilidad deja de ser un problema y se convierte en oportunidad.


El caos vial en Costa Rica no es una sorpresa: es la consecuencia directa de décadas de decisiones inconexas, visiones parciales y una cultura que ha normalizado depender del carro incluso para los trayectos más simples.

Resolverlo exige reconocer que el problema no es únicamente técnico; es también cultural, institucional y estratégico.

Durante años se ha apostado a grandes proyectos que nunca arrancan o a obras costosas sin impacto estructural, mientras se ignoran soluciones más inmediatas que podrían transformar la experiencia de movilidad de miles de personas. Mejorar el transporte público existente, intervenir puntos críticos y crear espacios caminables no requieren megaproyectos ni presupuestos imposibles: requieren voluntad, coordinación y prioridades claras.

Pero el corto plazo no basta. El país arrastra vestigios del pasado que siguen dictando cómo nos movemos: rutas obsoletas, desorden institucional y ausencia de planificación integral. Incorporar tecnología en los buses, ordenar las rutas según las necesidades reales del país y coordinar mejor con las municipalidades no es una opción; es una condición mínima para que la movilidad deje de ser un obstáculo para la productividad y la calidad de vida.

A largo plazo, la conversación debe cambiar por completo. No se trata solo de ampliar carreteras: se trata de planificar multimodalidad, de entender que trenes, buses rápidos, ciclovías y peatones no compiten entre sí, sino que se complementan. Eso implica reformar entes públicos, darle al MOPT una visión moderna de movilidad y abandonar la idea de que cada institución trabaja en su propio carril.

Costa Rica puede resolver su caos vial, pero no lo hará con soluciones aisladas ni con la promesa eterna de proyectos que nunca llegan.

Lo hará cuando adopte una visión integral: inversiones inteligentes en el corto plazo, correcciones estructurales en el mediano y planificación multimodal en el largo. Ese es el camino para recuperar movilidad, eficiencia y, sobre todo, sentido común.

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