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Economía

El consumidor debe ser siempre el primero 

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Tiempo de lectura: 4 min

RESUMEN

Sin duda, la suspensión judicial de la reducción de aranceles del arroz en el país genera preocupación. Dicha decisión, basada en suposiciones y sin considerar el impacto en los consumidores, refleja, indudablemente, tensiones entre los intereses de productores y los derechos de consumidores; por tanto, es necesario seguir insistiendo en la necesidad de crear políticas basadas en datos y análisis, que prioricen el bienestar general sobre intereses sectoriales.

A pesar de que pronto finalizará mi etapa como diputado en la Asamblea Legislativa por las razones que he indicado y anunciado, esto no implica que mi voz se silenciará en los debates de trascendencia nacional.

Continuaré contribuyendo con mis opiniones y recomendaciones a través de la columna “Ala Liberal” en Primera Línea CR, siempre y cuando el espacio lo permita. Esta continuidad en mi participación seguramente el día de hoy no será del agrado de ciertos sectores, especialmente los burócratas de CONARROZ, ya que hoy retomo un tema que ha generado amplio debate en el ámbito público en las últimas horas.

El Tribunal Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda del Segundo Circuito Judicial de San José admitió una medida cautelar solicitada por un grupo de productores arroceros. Dicha medida suspende el decreto que reducía los aranceles de importación del arroz, con la consecuencia directa de afectar al consumidor final. La decisión judicial, al admitir la medida cautelar, presupone hechos sin fundamentos o evidencias concretas para justificar la suspensión del decreto, una acción que considero extremadamente peligrosa y un precedente preocupante.

La resolución judicial parece invadir el ámbito de la política pública que corresponde al Poder Ejecutivo. La frase contenida en la resolución “por cuanto con el paso del tiempo ha sido público y notorio la afectación del sector nacional productor de arroz…” revela un evidente sesgo en la decisión judicial.

Esta afirmación ignora los datos oficiales que muestran que Costa Rica no cuenta con ventajas competitivas ni comparativas en la producción arrocera a nivel internacional. Los números han indicado consistentemente, incluso antes de la implementación de la llamada Ruta del Arroz, que el rendimiento por hectárea en Costa Rica ha estado en declive, lo que subraya la falta de eficiencia del sector a nivel local.

Además, la resolución judicial asume, sin sustento alguno, que la disminución de aranceles no ha resultado en una reducción significativa en el precio del arroz para el consumidor. Esta suposición omite los datos y el verdadero impacto que la rebaja arancelaria ha tenido en el precio final al consumidor, rebajas que, cabe destacar, son reales y han permitido a los comercios ofrecer promociones y competir más libremente, beneficiando así directamente al consumidor.

Es crucial analizar el concepto de medidas cautelares y los criterios como el peligro en la demora, la apariencia de buen derecho y el daño grave. Sorprende que, en la evaluación de estos criterios, la jueza no considerara el impacto significativo que su decisión tendría en millones de consumidores de arroz en Costa Rica.

Las estadísticas oficiales revelan que, con la reducción de los aranceles, el consumo de arroz ha aumentado y el ahorro en los precios ha beneficiado principalmente a los deciles más vulnerables de la población costarricense.

Este caso es un ejemplo de cómo, en el contexto político nacional, a menudo se relegan los datos y la evidencia empírica en favor de narrativas emocionales que buscan proteger a minorías en detrimento de la mayoría.

Creo firmemente que el enfoque debería centrarse en proteger los intereses del consumidor, especialmente aquellos para quienes una pequeña diferencia en el precio del arroz tiene un impacto considerable en su economía personal. En Costa Rica, lamentablemente, son muchos los que se encuentran en esta situación.

Por lo tanto, es imperativo evitar caer en discursos que privilegian a un sector sobre otro. Todos somos importantes y, en última instancia, todos somos consumidores. Deberíamos abogar por un mercado abierto y competitivo que, a pesar de las fluctuaciones en el mercado internacional, siga promoviendo la reducción de precios y beneficie a todos los costarricenses.

Analizando más a fondo, la situación del sector arrocero en Costa Rica es compleja. Históricamente, ha estado marcada por una regulación que ha beneficiado a un número limitado de actores dentro de la cadena de producción, en su mayoría grandes productores e intermediarios, en detrimento del consumidor final y de los productores más pequeños y menos eficientes.

La liberación del mercado del arroz, simbolizada por la disminución de los aranceles de importación, pretendía introducir un elemento de competencia que podría haber llevado a una mejora en los precios al consumidor y a un estímulo para que el sector se volviera más eficiente y competitivo a nivel global ofreciendo productos de valor agregado.

La decisión de suspender este decreto a través de una medida cautelar, basada en presuposiciones sin fundamento y sin considerar el impacto en el consumidor, es un claro retroceso en este esfuerzo por liberalizar y dinamizar el mercado. Además, pone de manifiesto la tensión entre los intereses de los productores y los derechos de los consumidores, una dinámica que a menudo se ve influenciada por consideraciones políticas y económicas que van más allá del bienestar de la población.

El papel de las instituciones como CONARROZ, que tradicionalmente han tenido una influencia significativa en la política arrocera del país, debe ser revisado críticamente. En mi criterio, la institución debe cerrarse, para lo cual presenté el proyecto de ley 23.951. Y si no fuera así, su capacidad para influir en las decisiones políticas y regulaciones que afectan al sector debe equilibrarse con la necesidad de promover un mercado más justo y competitivo que beneficie a todos los costarricenses, no solo a un grupo selecto.

En conclusión, la decisión judicial de suspender la reducción de los aranceles de importación del arroz en Costa Rica es un recordatorio de la complejidad de equilibrar los intereses de diversos grupos dentro de la economía. Mientras que la protección de los productores nacionales es importante, no debe hacerse a expensas del consumidor. La política arrocera, como cualquier política pública, debe basarse en datos y análisis rigurosos, y debe tener como objetivo final el bienestar de la mayoría de la población. En este caso, el consumidor no debe quedar en último lugar. 


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

Jorge Dengo Rosabal, Ex-Diputado. Abogado por la Universidad Escuela Libre de Derecho, MBA con énfasis en finanzas y mercadeo por la Universidad Latina, Máster en Derecho la Competencia por la Universidad de Melbourne, Australia; Experto en Derecho de Competencia por la Universidad Carlos III, España y especialista en análisis de políticas públicas por London School of Economics

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Economía

Fijación de Precios de Medicamentos:  ¿Solución o Riesgo?

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Tiempo de lectura: 3 min

RESUMEN

Los altos precios de los medicamentos en Costa Rica generan un impacto directo en el acceso a la salud, lo que ha llevado a implementar regulaciones como la fijación de márgenes máximos de comercialización. Aunque estas medidas buscan corregir anomalías en el mercado, también plantean riesgos que podrían limitar el acceso a los medicamentos, como ha ocurrido en otros países. Es fundamental analizar su aplicación con cuidado para garantizar un equilibrio entre precios justos y el dinamismo del mercado.


Superficialmente, el Decreto 44863-MEIC parece una buena iniciativa. Es un hecho que los precios de los medicamentos en Costa Rica son altísimos, y esta realidad afecta a todos y cada uno de los hogares costarricenses.

Sin embargo, este esfuerzo del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC), aunque fundamentado en principios válidos, plantea riesgos significativos que deben ser gestionados con precisión. La teoría del derecho de competencia enseña que la fijación de márgenes máximos de comercialización no es por sí misma contraria a la competencia. 

A fin de cuentas, los competidores pueden seguir compitiendo vigorosamente debajo de este techo que fija la norma, y los consumidores (que son los más importantes desde la perspectiva de este y todo derecho) no se ven perjudicados. Estas fijaciones pueden ser herramientas válidas y legítimas en situaciones excepcionales donde los mercados muestran fallas claras que afectan al consumidor. 

En este caso, el análisis comparativo realizado por el MEIC con 47 países demuestra que los márgenes en Costa Rica, tanto a nivel mayorista como minorista, son significativamente superiores a los estándares internacionales. 

Bajo este contexto, la intervención estatal encuentra sustento en los principios de proporcionalidad y razonabilidad, siempre que se garantice su carácter temporal y su correcta aplicación de acuerdo con los términos del artículo 5 de la ley 7472.

Lo que debe quedar claro es que esta regulación no busca castigar a las empresas, sino corregir una anomalía identificada en los márgenes de comercialización que, según el informe de la Dirección de Análisis Económico y Comercial (DAEC), merecen atención prioritaria. Sin embargo, este tipo de medidas también nos lleva a reflexionar sobre la responsabilidad compartida en la fijación de precios.

Un aspecto relevante del Decreto 44863-MEIC es el llamado implícito que hace a las casas farmacéuticas internacionales para que reconsideren sus políticas de precios en mercados como el costarricense. Este tipo de intervenciones no surge en el vacío: son una respuesta a dinámicas de mercado donde los consumidores enfrentan precios que dificultan su acceso a medicamentos esenciales

Es fundamental que estas empresas evalúen cómo sus márgenes y estrategias de comercialización pueden estar contribuyendo a la percepción de que su modelo prioriza rentabilidad sobre el acceso a la salud, especialmente en países donde el gasto en salud de bolsillo ya supera los umbrales recomendados por la Organización Mundial de la Salud, que se ubican en el 20%.

Ahora bien, aunque reconocemos los méritos del decreto, es crucial atender los riesgos que plantea.

Por ejemplo, la fijación de márgenes puede desincentivar la innovación y la introducción de medicamentos nuevos al mercado costarricense, un efecto colateral que debemos evitar a toda costa

Un limite impreciso al margen llevaría a que las empresas prefieran no importar ciertos medicamentos que necesiten los ciudadanos.

Asimismo, existe el riesgo de que actores pequeños o nuevos en el mercado, que dependen de márgenes mayores para sostener su operación, enfrenten dificultades para competir, lo que podría limitar la diversidad y dinamismo del sector. Es decir, facilitar que las grandes empresas se adueñen del mercado y no reciban competencia de pequeños y medianos.

Además, la naturaleza temporal de la medida debe ser estrictamente respetada. No podemos permitir que lo que empieza como una intervención excepcional se convierta en una política permanente, ya que esto podría generar distorsiones a largo plazo en la competencia y desincentivar la inversión en el mercado farmacéutico local.

El éxito del decreto dependerá en gran medida de su implementación. La colaboración interinstitucional entre el MEIC, el Ministerio de Hacienda y el Ministerio de Salud será clave para garantizar que esta medida logre el objetivo de corregir las fallas de mercado sin generar nuevos problemas. 

Igualmente, es indispensable establecer indicadores claros para medir su impacto y comunicar con transparencia los resultados a la ciudadanía y a los actores del sector.

En conclusión, este decreto es una medida que podría ayudar a enfrentar un problema real en el mercado costarricense de medicamentos. Sin embargo, como toda intervención estatal en los mercados, debe manejarse con cuidado, garantizando que no se convierta en un obstáculo para la competencia ni en un freno para la innovación. 

Este momento también debería ser un punto de inflexión para que las casas farmacéuticas reflexionen sobre sus políticas de precios y contribuyan activamente a construir un sistema más equilibrado y justo para todos.

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Economía

Los datos de la burocracia financiera: ¿Cómo se está utilizando tu dinero?

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RESUMEN

5 entes públicos. 439 empleados. ₡33 mil millones de presupuesto. Y siguen las entidades financieras quebrando de sorpresa. Cuestionemos y no seamos complacientes.

Costa Rica es un país pequeño, pero con una burocracia que nos drena los recursos. Los números recientes lo dejan claro: los gastos de la burocracia financiera no son menores, y no lo olvidés, esos gastos se cubren con los impuestos que te quitan del salario, y que pagás en la comida, la gasolina, y más.

¿Qué revelan los datos?

Según la Contraloría General de la República al cierre de 2023, estos son los datos clave de los entes públicos encargados de la regulación financiera en el país:

  • 5 entes públicos: CONASSIF, SUPEN, SUGEF, SUGESE, SUGEVAL.
  • 439 empleados públicos, financiados con recursos del Estado.
  • ₡33 mil millones de presupuesto anual, provenientes de los impuestos que pagamos todos los costarricenses.

Los salarios promedio mensuales son un punto de discusión importante:

  • CONASSIF: ₡15 millones
  • SUPEN: ₡3.5 millones
  • SUGEF: ₡3 millones
  • SUGESE: ₡3.5 millones
  • SUGEVAL: ₡3.5 millones

Estos números nos llevan a reflexionar: ¿Son sostenibles estos gastos para un país con las limitaciones fiscales que enfrentamos? ¿Se justifica el costo en relación con los resultados que deberían generar estos entes?

Las irregularidades que no se evitaron

A pesar de contar con estas estructuras y recursos, no se han podido evitar escándalos financieros como los de Coopeservidores y Desyfin. Esto nos lleva a preguntarnos si realmente estamos recibiendo el valor esperado por estos gastos, o si ha llegado el momento de cuestionar la eficiencia de estas instituciones.

¿Será que el exceso de burocracia busca, en realidad, impedir la entrada de nuevos participantes al mercado que podrían dinamizarlo, en lugar de proteger al consumidor?

Somos un país pequeño, pero con una burocracia que parece crecer más rápido que los beneficios que produce. Es hora de iniciar la discusión sobre cómo optimizar la regulación financiera para evitar que casos como los mencionados se repitan.

Abramos el debate

En la tabla adjunta desglosamos cómo se computaron estos datos y qué representan en términos del presupuesto nacional. Es momento de exigir transparencia, eficiencia y resultados tangibles. No seamos complacientes.

La regulación financiera debe protegernos, no ser una carga que drene nuestros recursos sin resultados concretos.

NombrePresupuesto 2023Cantidad de empleadosSalariosSalario promedio
Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (CONASSIF) (BCCR)₡1,581,101,525 8₡1,437,320,000₡14,972,083.33
Superintendencia de Pensiones (SUPEN) (al BCCR)₡5,724,888,152 75₡3,134,550,000₡3,482,833.33
Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) (al BCCR)₡14,994,130,515 230₡8,399,000,000₡3,043,115.94
Superintendencia General de Seguros (SUGESE) (BCCR)₡4,508,417,554 51₡2,116,380,000₡3,458,137.25
Superintendencia General de Valores (SUGEVAL) (BCCR)₡6,233,043,190 75₡3,228,280,000₡3,586,977.78

Fuentes:

  • Presupuesto 2023: https://sites.google.com/cgr.go.cr/icg/metodolog%C3%ADa?authuser=0
  • Cantidad de empleados: https://sites.google.com/cgr.go.cr/icg/metodolog%C3%ADa?authuser=0
  • Salarios: https://cgrweb.cgr.go.cr/apex/f?p=150220:2::::::
  • Salario promedio: “Salarios” dividido entre la “Cantidad de empleados”.
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Economía

Desafíos y oportunidades de la productividad en Costa Rica según la OCDE

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Tiempo de lectura: 5 min

RESUMEN

El informe de la OCDE sobre productividad en Costa Rica destaca desafíos como el bajo crecimiento y las largas jornadas laborales ineficaces. Para mejorar, el país debe invertir en tecnología, capacitar a su fuerza laboral, fomentar la eficiencia y reducir los costos de producción. La transición hacia un modelo económico basado en calidad y sostenibilidad no solo impulsará su competitividad, sino también un crecimiento inclusivo.


El Compendio de Indicadores de Productividad 2024 de la OCDE ofrece un análisis detallado de la productividad global, en el que Costa Rica destaca por sus retos y oportunidades particulares. Este informe revela un panorama diverso del desempeño económico del país, mostrando tanto preocupaciones como posibles caminos de mejora. En esta ocasión, quiero explorar las implicaciones de las tendencias de productividad en Costa Rica, examinando su relación con factores sociales y económicos, y proponiendo estrategias para mejorar su competitividad futura.

A simple vista, al analizar estas estadísticas, no estaría de acuerdo con el proyecto de jornadas excepcionales 4 x 3, ya que la productividad laboral en Costa Rica es baja, y extender la jornada de trabajo no parece ser la solución ideal. Sin embargo, si consideramos los altos costos de producción, como la energía eléctrica, insumos y cargas sociales, estas jornadas excepcionales son muy necesarias para mantener empleos en el país. Lamentablemente, los políticos a menudo desconocen lo que implica producir, y rechazar esta flexibilidad en un contexto de costos tan elevados es dejar de lado una solución que, aunque no es la mejor, es una alternativa.

El estado de la productividad laboral en Costa Rica

La productividad laboral, que mide la eficiencia de la fuerza laboral en términos de PIB por hora trabajada, es clave para evaluar el rendimiento económico. En 2022, Costa Rica estaba entre los países de la OCDE con menor crecimiento en productividad, junto a Chile y Estonia.

Este bajo desempeño refleja posibles problemas estructurales que afectan la capacidad del país para generar más valor por hora trabajada. El estancamiento o caída en la productividad tiene implicaciones serias, como un crecimiento económico más lento, menor competitividad y posibles dificultades sociales y económicas.

Factores detrás del bajo crecimiento de la productividad

Que Costa Rica se encuentre en la parte baja del espectro de productividad no es del todo sorprendente. Su modelo económico, basado históricamente en sectores como la agricultura y el turismo, se caracteriza por ser intensivo en mano de obra y de baja productividad. Aunque el país ha avanzado en educación y desarrollo de capital humano, existe una desconexión entre las habilidades disponibles en el mercado laboral y las que necesitan los sectores más avanzados.

El informe de la OCDE también señala que en 2022 muchos países experimentaron un crecimiento bajo o negativo en productividad debido a la recuperación pospandemia, tensiones geopolíticas y problemas en las cadenas de suministro. Para Costa Rica, estos factores globales agravan las dificultades locales, lo que hace crucial identificar y abordar los elementos específicos que afectan la productividad del país.

Largas jornadas laborales: un dato preocupante

En 2022, el promedio de horas trabajadas por empleado en Costa Rica superó las 2,000 horas al año, ubicándolo junto a países como Colombia, México y Polonia, conocidos por sus largas jornadas. Aunque parecería lógico que más horas trabajadas se tradujeran en mayor productividad, la realidad es diferente. Las largas jornadas pueden ser un síntoma de ineficiencia, mostrando una dependencia en el trabajo extensivo en lugar de prácticas orientadas a agregar valor.

En comparación, países con alta productividad como Alemania y Dinamarca tienen jornadas significativamente más cortas. Este contraste resalta la necesidad de que Costa Rica transite hacia una cultura laboral que valore la eficiencia y la innovación por encima de la cantidad de horas trabajadas. Para lograrlo, es necesario invertir en tecnología, aplicar mejores prácticas de gestión y fomentar una cultura que premie la calidad del trabajo.


La caída de la productividad dentro de las industrias

Otro punto que destaca el informe de la OCDE es la caída de la productividad en las propias industrias de Costa Rica. Esto indica que el problema no solo es entre diferentes sectores, sino que está presente en las industrias mismas. Sectores como la manufactura y la agricultura, que en el pasado fueron motores de productividad, parecen estar estancados por prácticas obsoletas y un uso limitado de tecnología.

Es fundamental que las políticas se adapten a las necesidades específicas de cada industria, promoviendo la innovación, la capacitación y la implementación de prácticas modernas. Además, es clave mejorar las alianzas entre el sector público y privado para introducir tecnologías avanzadas y sostenibles en sectores tradicionales.

Estrategias para mejorar la productividad

Para que Costa Rica aumente su productividad, es necesario un enfoque multifacético. Estas son algunas estrategias recomendadas:

  1. Invertir en tecnología e innovación. Costa Rica debe priorizar inversiones que impulsen la tecnología en todos los sectores. Aprovechar su reputación en energías renovables para fomentar mejoras tecnológicas y adoptar la automatización en la industria y la agricultura puede ser clave.
  1. Capacitar a la fuerza laboral. La educación y capacitación deben alinearse con las necesidades de sectores de alta productividad como la tecnología y la manufactura avanzada. Asociaciones con universidades y centros técnicos pueden ayudar a preparar a los trabajadores para estos roles.
  1. Fomentar prácticas laborales eficientes. Reducir las largas horas trabajadas y mejorar la eficiencia es esencial. Esto se puede lograr mediante arreglos laborales flexibles, incentivos por desempeño y capacitaciones sobre productividad. Mirar a países con menos horas trabajadas, pero mayor productividad, puede aportar ideas valiosas.
  1. Reformas específicas por industria. El sector agrícola puede beneficiarse de técnicas de agricultura de precisión y prácticas sostenibles. El turismo, por su parte, debe integrar herramientas digitales para optimizar sus servicios y operaciones.
  1. Reducir costos de producción. Disminuir los costos de energía y cargas sociales es fundamental para que las empresas sean competitivas. Costa Rica debería aprovechar aún más sus recursos renovables y buscar políticas que reduzcan tarifas energéticas. Además, se deben explorar reformas para hacer más eficiente y menos costosa la administración de la seguridad social. En un país donde el sistema de seguridad social depende de una población laboral numerosa y joven, las tasas de formalidad y natalidad deberían desvelar hasta a los más recalcitrantes defensores de la CCSS. Claramente el sistema no es sostenible.

De desafíos a oportunidades

Aunque los datos de la OCDE muestran que Costa Rica tiene una fuerza laboral trabajadora, aún no ha logrado convertir ese esfuerzo en un crecimiento significativo de la productividad. Cambiar este escenario requiere pasar de una estrategia enfocada en la cantidad de trabajo a una que valore la calidad, apoyada en la tecnología, el desarrollo de habilidades y mejoras por industria.

Costa Rica tiene fortalezas, como su compromiso con la sostenibilidad y su capital humano educado, que pueden ser la base para un cambio positivo. Con un enfoque estratégico en la productividad por hora y la innovación, el país puede avanzar hacia un crecimiento económico más inclusivo y sostenible. Aunque el camino es complejo, con un esfuerzo concertado, el país puede convertirse en un ejemplo de desarrollo económico de alto valor.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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