Empleo
El espejismo de la “independencia”: 43% de morosidad en la CCSS
RESUMEN
La morosidad del 43 % entre trabajadores independientes no es un problema de cobro, sino el síntoma de un modelo que desconfía de quienes más necesita y los empuja a la informalidad. Para una CCSS sostenible, hay que sustituir la lógica punitiva por reglas justas, reconocer la diversidad de ingresos y crear incentivos reales para formalizarse. Persistir en las condonaciones periódicas es aceptar un sistema que se hunde en su propio peso.
En Costa Rica se ha vuelto costumbre culpar al ciudadano antes que revisar las estructuras que lo oprimen. La noticia publicada ayer en Teletica.com no es un dato menor: del total de 287.565 trabajadores independientes registrados en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), 125.705 se encuentran en condición de morosidad, lo que equivale a un 43 %.
Dicho de otro modo, casi uno de cada dos independientes no logra estar al día con sus obligaciones.
Quien pretenda interpretar este fenómeno como simple irresponsabilidad individual no podría estar más equivocado. Lo que revela la cifra es un defecto estructural severo en el sistema de seguridad social costarricense, que desde hace años castiga la formalidad, desincentiva la cotización y ahoga con cargas desproporcionadas a quienes más difícil la tienen: los que no cuentan con un patrono. Un sistema expirado.
La “independencia” como ficción legal
El término “trabajador independiente” es, en sí mismo, engañoso. La realidad es que hablamos de personas que generan ingresos sin un patrono: pequeños emprendedores, profesionales que viven del día a día, conductores de plataformas, repartidores, artesanos, agricultores, vendedores ambulantes.
La ficción legal los convierte en “independientes” y, por ende, la Caja les exige cotizar sobre ingresos presumidos, calculados con base en tablas y estimaciones que no necesariamente reflejan la realidad.
Así, quien factura 500.000 colones mensuales puede ser obligado a cotizar como si ganara el doble o el triple, bajo la amenaza de sanciones, recargos e intereses.
El resultado es evidente: una morosidad estructural que no se corrige con leyes punitivas ni con persecución, sino con reformas de fondo.
La Ley 10.232: un primer paso necesario
Cuando tuve el honor de servir como diputado impulsé la Ley 10.232, que autorizó la condonación de multas, recargos e intereses para patronos y trabajadores independientes. El espíritu de esa norma era claro: dar una segunda oportunidad a quienes querían formalizarse pero habían sido asfixiados por deudas impagables.
Gracias a esa ley, miles de trabajadores lograron regularizarse y la Caja mejoró sus índices de recaudación. No obstante, la condonación fue un paliativo temporal, no una solución estructural. El hecho de que dos años después todavía el 43 % de los independientes siga en morosidad confirma que el problema es más profundo.
Montos que revelan la magnitud del fracaso
Los números son contundentes:
- A finales de 2024, la morosidad de trabajadores independientes ascendía a ¢515.099 millones de colones.
- De ese total, ¢379.203 millones correspondían a independientes activos y ¢135.897 millones a independientes inactivos.
- En mayo de 2025, ya se estimaba que 45 de cada 100 independientes estaban morosos; hoy la cifra exacta es del 43 %.
No hay país que pueda sostener un sistema de seguridad social sobre la base de que casi la mitad de quienes deberían aportar no lo hacen porque simplemente no pueden.
Las causas de fondo
- Cotización sobre ingresos presumidos: el sistema parte de la premisa de que el independiente miente o evade, por lo que presume ingresos mayores a los reales. Esa desconfianza estructural crea cargas imposibles.
- Ausencia de proporcionalidad: mientras un asalariado cotiza en proporción a su salario real, reportado por su patrono, el independiente debe pelear contra un aparato burocrático para que le reconozcan lo que efectivamente gana.
- Multas y recargos confiscatorios: una deuda pequeña se convierte en impagable al acumular intereses y sanciones. La condonación ha sido necesaria precisamente porque el sistema castiga en lugar de incentivar.
- Baja cultura de formalización: muchos independientes prefieren la informalidad antes que enfrentarse al laberinto normativo de la Caja.
Propuestas para salir del círculo vicioso
El país necesita reformas valientes y no meros parches. Algunas alternativas son:
- Cotización sobre ingresos efectivos: que los independientes coticen únicamente sobre lo que realmente generan, demostrado con facturación electrónica, declaraciones de renta o estados de cuenta.
- Escalonamiento progresivo: bajar las tasas a niveles atractivos para la formalidad y establecer un esquema de escalas que permita a los de menores ingresos cotizar menos, con aumentos graduales conforme crezcan sus ingresos.
- Régimenes especiales simplificados: crear un régimen único para microemprendedores y trabajadores de subsistencia, con una cotización simbólica pero acceso a salud y pensión.
- Incentivos a la formalidad: en lugar de persecución y sanciones, ofrecer beneficios como microcréditos, capacitación y facilidades para incorporarse a la economía digital.
El costo de no reformar
Seguir en la inercia es un lujo que Costa Rica no se puede permitir. Cada independiente en la informalidad es un asegurado menos, un aporte menos al sistema de salud, una pensión menos que se capitaliza.
La CCSS es un pilar del modelo social costarricense, pero su sostenibilidad depende de que logre adaptarse a las nuevas formas de trabajo. Hoy las plataformas digitales, el teletrabajo y el microemprendimiento redefinen lo que significa “ser contribuyente a la seguridad social”. El marco legal, sin embargo, sigue anclado en la lógica del siglo pasado.
Un llamado a la responsabilidad política
Las cifras son una alerta roja. Que casi la mitad de los independientes esté morosa no es un accidente: es un síntoma de un sistema quebrado. Ya dimos un paso con la Ley 10.232, pero es hora de ir más allá.
Se necesita liderazgo político para impulsar reformas integrales que modernicen la relación entre independientes y seguridad social. No se trata de debilitar a la Caja, sino de fortalecerla con reglas justas, realistas y sostenibles.
De lo contrario, seguiremos en el mismo círculo: condonaciones periódicas, morosidad creciente y un modelo cada vez más presionado por la informalidad.
Conclusión
El dato del 43 % debe sacudirnos. No es una anécdota estadística: es la prueba de que el modelo actual es inviable. Un país serio reconoce sus errores y los corrige.
Costa Rica tiene que escoger: ¿seguirá tratando a los independientes como sospechosos permanentes y condenándolos a la informalidad, o los integrará como aliados a un sistema renovado?
La respuesta marcará no solo el futuro de la CCSS, sino también la legitimidad de un Estado que dice proteger a todos, pero que en la práctica expulsa a los más vulnerables.
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