Historia
La Agregación del Partido de Nicoya
RESUMEN
La decisión del Partido de Nicoya de unirse a Costa Rica no fue un acto simbólico, sino un precedente de autodeterminación popular frente a intereses divididos, presiones externas y estructuras coloniales aún vigentes. Entender ese proceso permite cuestionar las versiones simplificadas de la historia y reconocer la vigencia del principio que lo motivó: la soberanía reside en los pueblos.
¿Por qué no decir “anexión”?
Para empezar, según lo indica el historiador y docente de la Universidad Técnica Nacional de Costa Rica, el historiador Marco Vinicio Arguedas Brenes, el término comúnmente utilizado —incluso en escuelas, colegios y de manera general desde hace muchos años— como “Anexión del Partido de Nicoya” está mal empleado. Dicho término no aparece en ningún lado del acta del 25 de julio de 1824.
El documento habla más bien de “Incorporación” o “Agregación”.
El término “anexión” implica el uso de la fuerza, cosa que no ocurrió al pasar el Partido de Nicoya a formar parte de Costa Rica. Así lo confirman estudios de los historiadores Luis Fernando Sibaja y Chester Zelaya realizados en 1974, y actualizados recientemente con nuevos aportes de interés.
Durante muchos años, los historiadores tanto de Costa Rica como de Nicaragua escribieron sobre el tema con tintes nacionalistas, según su país de origen. De ahí la importancia del trabajo de Sibaja y Zelaya, quienes con objetividad desmontan los mitos alrededor del proceso. El profesor Arguedas Brenes lo interpreta y desglosa con igual claridad.
Un territorio con historia milenaria
Hay que recordar que lo que hoy es la provincia de Guanacaste ha pasado por múltiples cambios territoriales incluso desde antes de la llegada de los españoles. Su historia es milenaria, y antes de 1492 formó parte del Complejo de La Gran Nicoya, una circunscripción que se extendía desde el Golfo de Fonseca hasta el Pacífico Norte costarricense, incluyendo islas y partes de Puntarenas.
El Partido de Nicoya, como entidad, fue una zona de paso e intercambio cultural, habitada primero por los corobicíes, desplazados más tarde por los chorotegas.
A principios del siglo XVI, los conquistadores Pedrarias Dávila, Gil González Dávila y Francisco Hernández exploraron la región y sometieron a los pueblos indígenas.
Vaivenes administrativos y vínculos culturales
Contrario a las corrientes nacionalistas del siglo XX, Luis Fernando Sibaja señala que entre 1527 y 1821, el Partido de Nicoya pasó por diferentes reorganizaciones territoriales: fue corregimiento, alcaldía y partido, y estuvo integrado a Nicaragua, a Costa Rica o se rigió de forma autónoma bajo la autoridad de Guatemala, según los intereses de la Corona Española.
Culturalmente, Nicoya estuvo integrada a Nicaragua, compartiendo con ella comidas, costumbres y tradiciones, lo que aún hoy genera tensiones, ya que sectores en Nicaragua siguen reclamando Guanacaste como suyo.
Con las Reformas Borbónicas de 1786, la hasta entonces Alcaldía de Nicoya pasó a llamarse Partido, y se integró a la Intendencia de León (Nicaragua) hasta 1824, salvo algunos períodos de autonomía.
Intereses divididos entre poblados
La situación se complicaba porque los tres principales poblados del Partido tenían intereses económicos distintos:
- Villa Guanacaste (Liberia), al norte, tenía fuertes lazos comerciales con Rivas, León y Granada (Nicaragua), con un enfoque en la ganadería.
- Santa Cruz y Nicoya, en cambio, comerciaban con Punta de Arenas y Cartago (Costa Rica). Se movían productos como palo de Brasil, tabaco, carne salada y aguardiente.
Esto desmiente el mito —según el profesor Arguedas— de que la incorporación fue un proceso simple y armónico. Por el contrario, fue largo y conflictivo, más allá de la firma del acta del 25 de julio de 1824.
Causas de la incorporación a Costa Rica
Según el historiador Arguedas, las razones que motivaron al Partido de Nicoya a integrarse a Costa Rica fueron:
- Relaciones comerciales con Puntarenas a finales del siglo XVIII, en contraste con la crisis del tinte de añil en Nicaragua.
- Unión provisional con Costa Rica para enviar un diputado a las Cortes de Cádiz (Florencio del Castillo) en la década de 1810.
- Estabilidad política costarricense, frente a los conflictos internos de Nicaragua.
- Elites ladinas de Nicoya y Santa Cruz, con intereses comerciales y familiares en Costa Rica, dominaban los cabildos y apostaban por la integración.
- Un proceso accidentado, donde Villa Guanacaste se oponía y Santa Cruz y Nicoya vacilaron, pero al final reafirmaron que la soberanía residía en los pueblos.
En el cabildo abierto del 25 de julio, se ratificó la decisión. Firmaron el documento Manuel Briceño, regidores, milicianos, jueces y vecinos notables (25 personas, muchos del linaje Briceño-Viales).
Este hecho también desmonta el mito de que Cupertino Briceño fue el gran impulsor: él no se encontraba en Nicoya durante el proceso.
Reconocimiento y expansión territorial
En 1826, el Congreso Federal de Centroamérica aceptó provisionalmente la incorporación. Luego, en la década de 1830, Costa Rica negoció con Villa Guanacaste para integrarla plenamente, dándole el rango de cabecera departamental y renombrando el poblado como Liberia.
También se integraron oficialmente las circunscripciones de Bagaces y Las Cañas, ampliando el territorio de lo que hoy se conoce como Guanacaste.
Tensiones con Nicaragua: una constante histórica
Desde el primer momento, Nicaragua nunca aceptó plenamente la unión. El Tratado Cañas-Jerez de 1858 formalizó la frontera, cediendo la franja sur del Istmo de Rivas a Nicaragua y reconociendo el río San Juan como soberanía nicaragüense.
Sin embargo, cada tanto resurgen tensiones. Gobiernos nicaragüenses han reclamado Guanacaste, y aunque el tema parece resuelto con los Laudos de Cleveland (1887) y Alexander (1896), y aún con los fallos por el conflicto de la Isla Calero, el reclamo sigue apareciendo, a veces como cortina de humo para desviar la atención de problemas internos.
Retos actuales a 201 años de la Agregación
- Persisten tensiones con Nicaragua, en parte por el viejo proyecto del canal interoceánico.
- La riqueza del país no llega a Guanacaste, que sigue presentando altos índices de pobreza.
- Las decisiones para la provincia se toman en San José, no en las comunidades locales.
- El turismo genera enormes ingresos, pero no beneficia a todos. Muy pocos guanacastecos hablan inglés o tienen formación en carreras STEM.
- El narcotráfico ha elevado los niveles de violencia a cifras alarmantes.
- Predominan políticas de parches, sin soluciones estructurales, y la visita de presidentes se limita al 25 de julio, llena de promesas incumplidas.
En síntesis: a 201 años del acto de incorporación, queda mucho por hacer para honrar esa decisión histórica.
Más allá del simbolismo, Guanacaste necesita atención real, políticas públicas descentralizadas y oportunidades sostenibles para su población.
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