Agricultura

Pongámonos Serios con Víctor Umaña: ¿Qué pasa con el agro?

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Tiempo de lectura: 2 min

 

RESUMEN

La agricultura es el espejo donde Costa Rica debe decidir si quiere seguir atrapada en la contradicción entre discurso verde y trabas burocráticas, o si se atreve a convertirse en un país que innova desde su mayor fortaleza. No se trata de romanticismo rural, sino de entender que la productividad agrícola puede ser la base de un nuevo pacto social: uno que devuelva esperanza al campo, genere empleos dignos y convierta a Costa Rica en un referente mundial de innovación tropical.


En Costa Rica, hablar de agricultura es hablar de paradojas, nos dice el economista Víctor Umaña. Somos líderes mundiales en piña y banano, exportamos cafés de altísimo valor y contamos con agricultores innovadores que ponen en práctica tecnologías de punta. Y, al mismo tiempo, mantenemos a miles de pequeños productores atrapados en la burocracia, en la falta de crédito y en un modelo regulatorio que más parece diseñado para frenar que para impulsar.

Durante quince años hemos negado el acceso a insumos que en Europa o Japón se utilizan con éxito y con regulaciones ambientales más estrictas que las nuestras. El resultado es un sector local condenado a la pobreza, mientras se multiplica la incoherencia de quienes hablan de proteger la naturaleza al tiempo que fuerzan a los agricultores a producir con menos herramientas y más riesgo.

El reto es profundo porque la agricultura no es solo la que pone comida en nuestras mesas. Es empleo, es arraigo, es territorio vivo. Su multidimensionalidad la hace clave para el futuro económico, social y ambiental del país. Y, sin embargo, hemos preferido ignorar su potencial transformador.

En Pongámonos Serios conversamos con el economista Víctor Umaña sobre cómo romper esa inercia. La primera conclusión es que la agricultura del futuro no está en disputa: ya existe. Es una agricultura de biotecnología, inteligencia artificial, ciencia de datos y regeneración de suelos.

Una agricultura que puede inspirar a los jóvenes, no como un destino de sacrificio y pobreza, sino como una oportunidad para trabajar en proyectos de impacto global. Costa Rica tiene el conocimiento científico, la diversidad de microclimas y la tradición de relacionarse con multinacionales que investigan en el país. Tenemos las condiciones para convertirnos en un centro de innovación tropical, el “Israel del trópico”, un laboratorio vivo de soluciones agrícolas para el mundo.

Pero para lograrlo hace falta decisión política. Se requieren programas de descubrimiento que permitan a los agricultores acceder a nuevas tecnologías sin cargar solos con los riesgos. Se necesita liberar al sector de trabas absurdas, facilitar crédito y diseñar políticas públicas que multipliquen la productividad como llave para la prosperidad.

El problema no es falta de capacidad: es falta de voluntad para atreverse a cambiar. Y mientras no lo hagamos, seguiremos condenando al agro a la desesperanza. Apostar por la agricultura moderna es mucho más que salvar un sector: es dignificar a quienes producen nuestra comida y asegurar que Costa Rica tenga un futuro con más oportunidades, más esperanza y más soberanía real: la de poder decidir su propio destino.

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