Política

Promesas huecas: la CCSS no necesita más plata, necesita reformas

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RESUMEN

La CCSS hoy no tiene un superávit libre, sino reservas comprometidas y una deuda incierta. Usarlas en hospitales —como lo propone un candidato presidencial— sería insostenible y populista. La institución ya enfrenta altos costos laborales, informalidad y servicios deficientes, así que más dinero sin cambios estructurales solo agrava el verdadero problema: lo urgente es una reforma profunda para garantizar eficiencia y sostenibilidad.


Al leer que Álvaro Ramos anuncia que la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) tiene un “superávit de $3000 millones” que podrían usarse para construir hospitales y clínicas, uno tiene que reconocer y apuntar la intención electoral de semejante promesa. 

Pero la realidad es otra: no hay superávit libre en la CCSS, hay reservas comprometidas y una deuda impagada cuya magnitud exacta es incierta. 

Pretender lo contrario es, en el mejor de los casos, un espejismo; en el peor, una maniobra proselitista rumbo a febrero de 2026.

El espejismo del “superávit”

En 2023, la CCSS reportó excedentes de alrededor de ¢790 000 millones en el Seguro de Enfermedad y Maternidad (SEM) y ¢148 000 millones en el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM). Sumados, rondan los ¢938 000 millones. Una cifra significativa, sí, pero muy distante de los $3000 millones que Ramos señala. Para llegar a ese número, se estarían incluyendo reservas del IVM, fondos que pertenecen a los cotizantes y cuyo destino es pagar pensiones futuras, no financiar hospitales.

Aun si existiera un excedente “usable”, no es dinero sobrante. Se acumula como reserva técnica para estabilizar la liquidez y afrontar choques económicos. Convertirlo en cemento compromete la sostenibilidad de la institución y expone a la seguridad social a nuevas crisis. Lo que Ramos vende como holgura financiera es, en realidad, un colchón que garantiza la sobrevivencia de un sistema en crisis.

Una deuda que nadie quiere ver

Ramos insiste en que “la Caja no está quebrada, a la Caja le deben”. Señala una supuesta deuda estatal de 4 billones de colones. Esa es la cifra publicada en informes de la propia CCSS, pero como he escrito antes, es un monto que debe ponerse en duda.

El Ministerio de Hacienda no la reconoce en sus balances oficiales y ha cuestionado la metodología con que se calcula. Si se aceptara tal cual, la deuda pública del país saltaría en 8 puntos del PIB, algo que el Gobierno simplemente no puede asumir.

Lo que sí es indiscutible es que existe una deuda acumulada del Estado con la seguridad social: aportes no girados, subsidios impagos, transferencias que nunca llegaron. Pero su monto exacto es incierto y se ha convertido en un ciclo vicioso de cuentas por cobrar que difícilmente se harán efectivas. 

Repetir que la Caja “tiene plata por cobrar” es como jactarse de ser rico porque alguien nos firmó un pagaré que no piensa pagar. El activo existe en papel, pero no se traduce en liquidez real.

Ramos lo sabe, pero insiste en esta narrativa porque electoralmente es más cómodo presentar a la Caja como sana y culpar solo a la falta de voluntad política.

Más dinero en un saco roto

La CCSS ya absorbe enormes recursos: patronos costarricenses pagan un 26,6 % del salario en cargas sociales, el doble del promedio de la OCDE. Si sumamos lo que aportan los trabajadores, el costo laboral supera el 36 %. El resultado es predecible: casi el 40 % de la fuerza laboral se mueve en la informalidad. La Caja exprime cada vez más a los pocos formales que quedan, mientras pierde base contributiva.

Los servicios, en cambio, no mejoran. Las listas de espera se cuentan en años, los procesos administrativos siguen siendo anacrónicos y la cultura interna se aferra a privilegios intocables

Cada colón adicional que se inyecta termina diluyéndose en burocracia y no en soluciones reales para los asegurados. 

Construir hospitales nuevos sin reformar la institución es repetir el mismo error: edificios modernos con problemas viejos.

Estatismo disfrazado de populismo

La propuesta de Ramos refleja la receta clásica del estatismo costarricense: más recursos, más obras públicas, más cemento, menos eficiencia. En el contexto electoral, suena bien: hospitales nuevos, clínicas nuevas, promesas rápidas. Pero es puro populismo

Lo que Costa Rica necesita no es gastar reservas en ladrillos, sino cambiar la forma en que se financia, gestiona y moderniza la seguridad social.

Hablar de reforma profunda, sostenibilidad, eficiencia y diversificación de fuentes de ingreso no genera titulares ni aplausos en campaña. Pero es lo que el país necesita. La narrativa de Ramos, en cambio, es una jugada política de corto plazo que maquilla un problema estructural.

El verdadero debate pendiente

La discusión que debemos tener no es si alcanzan los excedentes para construir hospitales, sino cómo reformar la Caja para que cada colón rinda; cómo se disminuyen para TODOS las cargas sociales; cómo se hace sostenible en una economía informal, con una población que envejece y en un país con márgenes fiscales limitados. Lo fácil es decir que hay plata y voluntad. 

Lo difícil, pero indispensable, es reconocer que la CCSS no se arregla con más dinero, sino con reformas profundas. Lo demás, como en este caso, no pasa de ser promesas huecas con olor a cemento electoral.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Primera Línea. Nuestro medio se caracteriza por ser independiente y valorar las diversas perspectivas, fomentando la pluralidad de ideas entre nuestros lectores.

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